Las Claves

Las Claves
Por:

El agua discurre por las grietas del deseo: humedece todo a su paso. Sombra es la transparencia del agua. Verdad que el pozo aflora desde adentro. El agua irrumpe, cala, llega a la cima y se adueña de los latidos del tiempo. Las aldabas se enmohecen en los preludios del agua. Las puertas no permiten bisagras porque el agua ha hecho morada en los tabiques. Cuesta arriba en los dispendios de la bruma: el agua disuelve la ceniza. El monte le debe su verdor al agua. Zambullirse en las consagraciones del agua para descifrar el augurio del palomo sediento cegado por la grana del mediodía: vidrio que es agua lavando la densidad de los cuerpos erotizados en trémula iniciación.

Las maneras del agua, de la profesora e investigadora Minerva Margarita Villarreal (Nuevo León, 1957), resultó ganador del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2016. El jurado —Francisco

Hernández, Cristian Peña y Armando González Torres— la consideró una “obra con unidad de tono e intensidad sostenida que, a través de la figura de Teresa de Ávila, hace una amplia y original exploración poética”. Empalme y cruzamiento de

voces cifradas en tapias de zaguanes

de limos aburados por las ascuas. El lector tiene en sus manos un laudatorio de abstraída consumación que hace referencia al adagio de la Séptima Sinfonía de Anton Bruckner.

Lo eterno escoltado por la sangre de Dios. Conjuro que brota: arrojo: lava bautizada por la concordia de la devoción. Versículos de espirituales revelaciones sostenidos en ferviente cántico. “Más que asombro / mantequilla líquida penetrando / por no sé qué resumidero / el cuerpo: / Seré una alcantarilla en manos de Teresa / una fiebre de oro de las llagas de Cristo”: la autora de Herida luminosa conforma resquicios de cuencas abatidas por sangre fluyente: delirio cabalgante: ofrecimiento en las aligeras de la avidez. Ciertos reflujos de Ida Vitale se empalman con acentuaciones místicas: la seductora dicción de Villarreal presenta transparentes bordones y cadencias: adagios y scherzos para ser voceados en coro. “Todo se apaga / ladran perros y siguen / el zumbido veloz / y más dentro las cortinas / el flujo repentino del viento / el latido del sagrario”.

Santa Teresa de Jesús en el centro de una espiral parpadeante de sol. Vestirse para desnudarse en los atajos. El silencio del mundo permite que resuenen los Laudes: la muchacha en su celda se adueña del vacío y acepta los dictados del sueño asentidos por Cristo: “Cristo por mi cuerpo / Dentro de mi cuerpo / Cristo por mi sangre / dentro de mis labios: sed saciada porque / Mientras me como esta manzana / Dios viene a bendecirme”. Liturgia de unas horas heridas por lagos de albor que desafían las estaciones y los resguardos. Cuaderno de tersura y también de sombríos designios cercados por una extraña vendimia: cicatrices: abismos en los azares de la palabra. Villarreal ha edificado un almanaque de tinieblas yuxtapuestas, interceptadas por húmedos murmullos.