Las Claves

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Releo papeles de los años 70 y 80 del siglo pasado: apuntes (“Observo en Visconti una enunciación reiterativa al final de sus películas…”), diarios (“Estuve sentado en el malecón, conocí a Delfina, nos besamos al poco rato de conversar en arrullo de una canción de Silvio…”), postales (Mi hermana Chela, estudiante de Ingeniería en Moscú: ella con abrigo, cuatro rusos, el Kremlin…), estrofas de poemas juveniles (“Haz que te siga queriendo / por el amor / no escudriñe en los armarios / palabras…”: para Livia), largas cartas llegadas de Nueva York de Reinaldo Arenas…

Me detengo en los pliegos del autor de El mundo alucinante: 1985, vivo en el DF. “Busca el último libro de Borges, La memoria de Shakespeare. Son cuatro relatos perfectos; escúchalo bien: ¡perfectos! Hasta que no los leas no me escribas ni me llames por teléfono; ya debe estar en librerías mexicanas, es de 1983”. Conociendo los ultimátums de Reinaldo, salí a buscarlo. Indagué en bibliotecas. Pregunté a lectores obsesivos del autor de Ficciones. Nada. Muchos tenían noticias del cuadernillo, esperaban que llegara a México.

Julio de 1986: visita en casa de la profesora Hortensia Irecencia. La espero en la antesala, veo en una mesa la delgada edición. Me pongo nervioso. Me abalanzo sobre el ejemplar.Llega la maestra. “Sí, el último libro de Borges. No me gustó: repite la temática de El libro de arena. Pero, lo noto a usted perturbado. ¿Quiere leerlo? Lléveselo”, dice mi anfitriona. Lo leí de un tirón aquella vez. Ahora, en medio de este frio de enero, lo vuelvo a leer con ensimismada pasión. “Veinticinco de agosto, 1983”, “Tigres azules”, “La rosa de Paracelso”, “La memoria de Shakespeare”. Quizás, el primer relato recuerda a “El otro” de El libro de Arena (1975): el asunto del doble. Los tres restantes abordan obsesiones metafísicas que abruman al narrador argentino: piedras que no satisfacen los caprichos de la algorítmica, una rosa oscilante entre el resurgir o no de las ruinas, la memoria de un creador que puede ser trasplantada a través de generaciones (a este hombre le ofrecen, no la gloria del autor: sino la memoria de la aurora cuando escribió el segundo acto de
Hamlet). Estilo de perfecta conjugación cercano a  Kipling  y Kafka.
Laberínticos espacios alegóricos. “Tengo, aún, dos memorias. La mía personal y la de aquel Shakespeare que parcialmente soy. Mejor dicho, dos memorias me tienen”: expresa Daniel Thorpe, protagonista de “La memoria de Shakespeare”.

Faulkner: “Una novela es la vida secreta de un escritor, el oscuro hermano gemelo de un hombre”. Borges sabía que el cuento es el retrato del instante: ese pasmo irrepetible.

Carlos Olivares Baró

Carlos Olivares Baró

Carlos Olivares Baró es columnista fundador de La Razón. Ha publicado la novela La Orfandad del Esplendor y el libro de textos periodísticos Un Sintagma por Aquí, un Estribillo por Allá. Profesor universitario y conferencista de música y literatura en varias instituciones culturales de México. Sus textos han aparecido en publicaciones de España, Cuba, Puerto Rico y México. Publica en este diario semanalmente las columnas de reseñas y comentarios de discos y libros, El Convite y Las Claves.
Carlos Olivares Baró