Las Claves

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¿El poema qué es antes de ser palabras retumbantes: voz en ristre: punza anulando lo incierto? ¿Qué merodeo configura el poeta en la siesta, en la tarde despojada de sombras, en el preámbulo del sueño? ¿El vocablo espera su turno o se abalanza sobre el pliego oliente de laca atribulada? ¿Y la sustancia se refugia en la ronda? ¿Y el sonido dibuja el acento? ¿Y las cerdas hirsutas de los caballos de guerra espolean la desmemoria del soldado? ¿Qué persigue la obstinada cadencia? ¿Qué dibuja la muchacha en el burbujeo del baño? ¿Y este deseo que cada mañana inunda las pupilas del mundo: de dónde proviene, de dónde su pujante procacidad? Allá, la tortuga ecuestre de César Moro busca un equilibrio en la basa del sol. Lo más terrible es saber que “la solitaria lámpara encendida sin suficiente fuerza para mantener las sombras a raya” (Simic) se desmorona como un candil con ausencia de cocuyos. ¿El poema qué es?: ¿la pesadilla del amor?: ¿el incendio de un cuerpo de mujer entintando la noche?

De la materia en forma de sonido, de óscar de Pablo (Cuernavaca, 1979): explora el sospechoso inquiere del sentido lírico. El árbol se reconfigura: la madera arde en la hoguera. La presunción se viste de liviandad. El puntal ya no sostiene al próximo ahorcado. El trombón dibuja una espiral en la fuga. Abundancia: sonoridad y también silencio.

De Pablo se emparenta con algunos ecos del venezolano Luis Alberto Crespo, del cubano Lezama Lima y de la canadiense Anne Carson. “Esa fuerza, madre: desenterrada. Martillada, encadenada, / oscura, agrietada, sollozante”, clama la autora de Decreación. “Hoy una flecha sale / de lo oscuro del bosque, donde ayer hubo trigo amontonado y / aldeanas regordetas y hortalizas / y hoy sólo hay grandes árboles y ciervos”, comenta el poeta de El baile de las condiciones. Lo cierto es que la lluvia deconstruye toda liturgia: cuando llueve son gaviotas milenarias de agua amniótica lo que cae del cielo, diría Gonzalo Rojas.

Rehacer la materia y trasladarla a los preámbulos del tiempo escoltado por un lenguaje tan viejo como la consciencia: consciencia práctica, consciencia real. Frunzas gongorinas se columpian por De la materia en forma de sonido: comezones en sílabas humedecidas por sudores de espejos habitados por melaza metálica. Palabra: querencia. Fronda. “Antes de ser poema, este poema / era un ovillo de asco en pleno arrojo”. Sintaxis giratoria: espiral suculenta, insultante, melódica. Voz: ladrido de un ángel. La lengua: flujo de honduras cosidas a una rabia sin ahogos: habla mutante en los colindes. “Antes de ser poema, la palabra poema era retumbo”.

Carlos Olivares Baró

Carlos Olivares Baró

Carlos Olivares Baró es columnista fundador de La Razón. Ha publicado la novela La Orfandad del Esplendor y el libro de textos periodísticos Un Sintagma por Aquí, un Estribillo por Allá. Profesor universitario y conferencista de música y literatura en varias instituciones culturales de México. Sus textos han aparecido en publicaciones de España, Cuba, Puerto Rico y México. Publica en este diario semanalmente las columnas de reseñas y comentarios de discos y libros, El Convite y Las Claves.
Carlos Olivares Baró