Las Claves

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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La escritura fragmentaria: murmullo de rumores acopiados. Insinuaciones: presagios. Prosodia rumiante: presumes (predices) torcidos. Aquello que acomodamos paradigmáticamente nunca irá a morar los recodos de un pergamino. Escribir: trance: expulsión: habla edificada sobre retumbos. Soflama. No hay tal correspondencia entre significante y significado (hemos leído mal a Saussure). Valéry lo delimitó muy bien cuando nos dijo que la sintaxis en el poema debe ser precisa; pero, “el sentido debe permanecer impreciso”.

La conjetura aletea: las contracciones de un contrabajo fijan coordenadas sobre un mapa discontinuo: “el pensamiento late, como el cerebro y el corazón”, apunta Claudel. Quizás el jazz transcribe, mejor que cualquier otra manifestación artística, las tonalidades palpitantes de la escritura truncada. (Beckett lo sabía demasiado bien.) Rimbaud se refugia en arrojes, pero por momentos sus gestos quedan en los anillos de la jactancia casta. Proust se vale de esos estremecimientos que sólo la memoria es capaz de regalarnos: sin embargo, sus disquisiciones encuentran mástil en embarcadero seguro. El documento fragmentario es un tejido cuyos nudos se conectan con otros nudos: encaje de ataduras. Disidencia. Escisión. El relator de trechos (a trancos) se asoma por el resquicio para ver esos espacios rutinarios —de carencia— de los de afuera, los otros.

La ruta natural (Vaso Roto, 2015), de Ernesto Hernández Busto (La Habana, 1968), conforma una suerte de insinuaciones que transitan por la transcripción, la crónica, el ensayo, el amago de relato, la viñeta, el diario, el apunte, la poesía, el aforismo...: encuentro con un relator singular que lo mismo glosa la ensoñación presente en Gaspar de la noche, de Aloysius Bertrand, que al lector voyeur que abre las páginas de un diario (“El diario es el lugar de una escritura del desánimo”). El deslumbramiento (quietismo): continuum extendido sobre un lienzo de incertidumbres, de atajos íntimos, de azoramientos y vuelcos. Libro construido sobre restos, sobre vestigios: una resaca a ritmo de mambo lo alimenta: prosodia de síncopas robada a John Surman y a Wynton Kelly la cual humedece todos los presupuestos.

La escritura fragmentaria como necesidad de contemplarse desde afuera. Narrador que describe un mundo simbólico en que su cuerpo y su alma están implicados: “lo sagrado fundido con lo humano". Un boscaje inunda las planas de La ruta natural: Hernández Busto marcha con total lealtad por trochas en que los presocráticos, los trágicos griegos, Virginia Woolf, Leopardi, Lezama Lima, Juarroz, Porchia, Tanizaki, Robert Walser, Simic, Mario Parajón (el desdeñado de Orígenes)…, cifraron un códice de sosiego desmembrado.