Miércoles 30.09.2020 - 15:46

Las grandezas de Bud Powell

Las grandezas de Bud Powell
Por:

Carlos Olivares Baró/carlos.olivares.baro@hotmail.com

“Si yo tuviese que escoger a un solo músico por su integridad artística, por la incomparable originalidad de sus creaciones y también por la grandiosidad de su obra, éste sería Bud Powell. Nadie puede llegarle a la suela del zapato”: Magister Bill Evans, dixit. Ese “swing más allá del swing” que se escucha en el autor de “Waltz for Debby” tiene sus raíces en el estilo del pianista por antonomasia del bebop, Earl Rudolph Powell (New York, 1924 – New York, 1966).

Educado en una familia de clara vocación musical —abuelo, guitarrista de flamenco; padre, pianista de estilo stride; hermano mayor, violinista y trompeta—, bajo los influjos del padre estudia piano y desde niño ejecuta con técnica precisa, piezas de Bach, Mozart, Chopin, Beethoven, Liszt y Debussy amén de ser devoto de los jazzistas Fats Waller y Art Tatum. Cuando Thelonious Monk lo introduce al Minton’s Playhouse y escucha el matorral de notas que brotan del saxofón alto Charlie Parker, decide trasladar toda esa astucia sonora a las teclas: pronto se convierte en el más importante e influyente pianista del bebop (años cuarenta).

El ímpetu del protegido de Monk emula la pirotecnia de Bird, pero nunca la reproduce: siempre escucharemos a un Powell agudo y absolutamente espléndido derramando fogosidad. Sus solos, caligrafías apegadas al aliento parkeriano: piano que se excede en imperioso viaje por la perfección siempre en los bordes de una originalidad presidida por argumentaciones melódicas /armónicas que todavía sorprenden y cortan el aliento. Inflexiones únicas en la historia del bop, nunca calcando las trazas del autor de “Blues for Alice” sino en contrapunto de influencias mutuas: el habla bop se enriquece. Si el sax de Kansas City transita por la embriaguez, Powell pisa los terrenos de la sajadura a galopes, prisa de un discurso que estalla con obsesivas y apremiantes pronunciaciones de un genio musical irrefrenable.

Jazz Giant (Essential & Jazz & Classics, 2008), compilación del trabajo de Powell que recoge grabaciones en el formato trío y en solitario del periodo 1950 - 1954, con músicos primordiales dentro de la crónica del jazz: los contrabajistas Ray Brown( integrante del trío del canadiense Oscar Peterson) , Curly Russell( colaborador de Art Blakey) y Percy Heath (fundador del Modern Jazz Quartet); y los bateristas Max Roach( colaborador de Parker, Mingus, Rollins, Brown, Cecil Taylor…) Buddy Rich( participante en jam session con Art Tatum) y Art Taylor (miembro de los grupos de Coleman Hawkins,

Miles Davis, Coltrane…). Veinticinco composiciones clásicas: “Celia”, “So Sorry Please”, “The Fruit”, “Oblivion” (Powell); “Sweet Georgia Brown” (Ben Bernie), “Body and Soul” (Green/Heyman) o “My Funny Valentine” (Richard Rogers), entre otras, que permiten apreciar los patrimonios interpretativos admirables del pianista de Nueva York. En solitario destacan “I’ll Keep Loving You”, “Hallucinations” y “Parisian Thoroughfare” (Powell); “Yesterday” (Jerome Kern) y “Just One of Those” (Porter): la digitación se exalta en fraseos de grata inspiración que equilibran los argumentos melódicos con un derroche técnico de pujante emotividad.

En 1945 es golpeado brutalmente en el cráneo por un policía de Filadelfia —dicen testigos que por defender a Monk— y comienza a presentar terribles dolores de cabeza, depresiones y comportamiento errático en algunas presentaciones. Ingresado durante largas temporadas en clínicas siquiátricas recibe tratamiento de electroshock y disminuyen sus facultades como ejecutante virtuoso.

Jazz Giant —considerado como uno de los 100 mejores álbumes de jazz de todos los tiempos —, recapitulación sumaria de setenta y seis minutos con cuatro segundos de perpetua resonancia del idiolecto bop.

Andy Durán/Latin Jazz & More

Andy Durán soñó de muchacho ser beisbolista: Tito Rodríguez (Return to The Palladium) se le atravesó en el camino y, para suerte de todos, decidió estudiar los secretos de los ritmos afro caribeños bajo los influjos de otro Tito que le emocionó al escuchar el repique de sus timbales. Hoy, es uno de los más sagaces directores de Big Band Latin Jazz. Venezolano —Caraqueño de San Bernandino— ha sabido explotar con imaginación los resortes armónicos del mambo afrocubano. Más de quince álbumes confirman sus virtudes al frente de Andy Duran’s and His Latin Jazz Big Band. Latin Jazz & More (Independent Records, 2002) llega a nuestro país, después de siete años de haberse grabado, con total frescura y médula rítmica/armónica en las gamas de O’Farril, Valdés, Bauzá/Machito o Cachao. Once composiciones (Bebo Valdés, Mancini, Deodato, Fischer, Durán, Jarreau…) que descargan sandunga por los cuatro costados. Grato el arreglo a “Rareza del siglo” (Valdés), una de las primeras “descarga/mambo” de los años 50.

Alfredo Kraus/The Unique Voice

Alfredo José Kraus Trujillo

(1927 – 1999), por antonomasia nuestro tenor: voz universal que a través del personaje Werther de la ópera homónima de Jules Massenet, puso en alto el bel canto hispano. Con perfecto manejo de la respiración, coloratura y trino admirable, el registro vocal del canario es mítico en las apreciaciones de los amantes de la ópera y la zarzuela. The Unique Voice (EMI Classics, 2008), álbum doble (CD/1: óperas; CD/2: zarzuelas) que subraya las perfecciones técnicas y limpia dicción del intérprete de la zarzuela La Isla de las perlas. Compilación de treinta arias cantábile (dieciséis de óperas; catorce de zarzuelas): “Lunge da lei”

(La Traviata), “Chercherò lontana terra”(Don Pasquale), “Che gélida manina” (La Bohème), “La donna e’ mobile” (Rigoletto), “Tú que sabes del cariño”(Entre Sevilla y Triana), “Bella enamorada”( El último Romántico), “No puede ser”(La Tabernera del puerto) o “Soledad mía”(Curro Vargas) en las tonalidades únicas de un tenor inolvidable.

Jay Jay Johnson/Trombonista de varas norteamericano

Jay Jay Johnson (1924 – 2001), pilar substancial del bebop con Powell, Parker, Gillespie y Monk. Maestro del staccato y enemigo del glissando, su concepción tímbrica (corneta-trombón) se impuso en el idiolecto bop. Pianista y sax barítono en su juventud, al escuchar a Fats Navarro su visión musical da un giro de 360 grados. Miembro de las Big Bands de Carter, Basie, Herman y Gillespie. Grabó con Parker, Stitt y Powell. Mancuerna histórica con Winding. Breve colaboración con Davis (1961-62). Hollywood lo encandiló: el jazz pierde a un trombonista estupendo.

fdm