Lectores gritan: “que viva Carlos Fuentes”

Lectores gritan: “que viva Carlos Fuentes”
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Desde la ciudad de México, “la región más transparente”, el mundo despidió ayer a Carlos Fuentes. Dos mil lectores se congregaron al exterior del Palacio de Bellas Artes en espera de ingresar al recinto. El acceso fue hasta que terminó la ceremonia encabezada por Calderón.

A las 12:56 horas, los admiradores de Fuentes estaban a punto de entrar; sin embargo, rechiflas, empujones e intento de portazo antecedieron el ingreso de las dos mil personas que acaloradas hicieron fila hasta tres horas.

“Es el pueblo el que viene a rendirle homenaje a uno de los más grandes escritores que ha dado México”, aseguró Liliana Espinoza, una estudiante de medicina que se dio tiempo para dar el último adiós a su escritor favorito.

Una a una, las personas recorrían 60 metros hasta llegar al féretro de madera color caoba, donde yacían los restos del premio Xavier Villaurrutia de 1976.

Parecía mucha gente, pero una mujer puso el tema en su verdadera dimensión “Cuando murió Cantinflas, la fila daba vueltas y vueltas y ahora decimos dónde está la gente, dónde está el pensamiento bueno de los mexicanos”, reflexionó Erika Chong, maestra de secundaria.

Entre la solemnidad y el relativo silencio que caracterizaron la tarde, hubo momentos emotivos. Se escucharon aplausos, goyas e, incluso improvisados recitales de la obra de Fuentes.

Un joven se caracterizó de Artemio Cruz. “Fui creado en el contexto de la Revolución, fui soldado raso y la tentación del poder me corrompió. Estoy aquí no para renegar de mi pasado, sino para rendir tributo a uno de los más prolíficos creadores de la literatura mexicana”, decía.

Más aplausos, más Goyas, más admiración… A las 14:50 horas se suspendió la pasarela. Minutos después reinició el desfile. Ahora, sin embargo, se permitió hacer guardias de honor. No hubo distinción. Personalidades como Guadalupe Loaeza, se mezclaban con amas de casa, estudiantes, obreros, burócratas…

En el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes se entonó el himno nacional, hubo un minuto de aplausos y luego vino el clamor del pueblo: “¡Viva Carlos Fuentes! ¡Viva Carlos Fuentes! ¡Viva Carlos Fuentes! ¡Viva México!”, gritaron cientos de personas mientras los restos salían de la catedral de la cultura. Una lluvia de claveles blancos lo acompañó hasta la carroza. Así acabó el homenaje a Carlos Fuentes.