LeónBloy, el desesperado

Afirman que Mando Único debe centrarse en respetar DH
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Por Gerardo de la Concha

Hace años buscaba incansablemente los textos de León Bloy (Dordoña, 1846–Bourg la Reine, 1917) en librerías de viejo. Hoy se encuentran rutilantes y nuevas ediciones de sus libros, incluyendo la selección de sus diarios (El Acantilado, 2008) que en la edición francesa consta de siete voluminosos tomos.

¿Leer a Bloy, una moda contemporánea? No me atrevería a afirmarlo; pero, indudablemente el gran imprecador, hoy es más leído en nuestra lengua que antes. Él supo amalgamar como nadie la furia y la piedad y eso, sin duda, lo hace cercano a nosotros.

En tiempos de arrogación de la ausencia de Dios, el destierro de la piedad religiosa se presenta con frecuencia. No es raro el renacimiento del interés por Bloy, cuya obra representa una premonición de la crisis actual —no sólo económica sino también ética, y asimismo presente en las creencias, ideales, proyectos personales y colectivos—. Cuando el autor de Exégesis de los lugares comunes confronta —con una convicción espiritual apasionada, colérica e intransigente— a la Edad Moderna adquiere gran atractivo para los lectores contemporáneos.

Franz Kafka lo compara con los profetas bíblicos gracias a que, según la visión del checo, Bloy se nutría del “gran estercolero de nuestro tiempo”. A lo mejor ironizaba o era la suya una definición justa. Un verdadero profeta denuncia las miserias del hombre y de la época, si no: ¿para qué sirve?

Claro que otorgarle esta calidad profética a la escritura de León Bloy y a su propia persona le habría parecido un exceso a quien se reivindicaba sólo como un “mendigo ingrato”. Sin embargo su certero anuncio a principios del siglo XX —véase La salvación por los judíos—, sobre el gran pogrom que se preparaba en Europa, lo confirma como un visionario de los desastres que se prefiguraban ya en las corrientes subterráneas espirituales y seculares de su tiempo.

Su literatura iracunda injuria al burgués —“ese ser que no hace ningún uso de su facultad de pensar”—, a las vacas sagradas del establishment literario que lo ninguneó y a todos los cretinos imaginables. Pero centrada en los pobres, en los miserables como lo fue él mismo, hay en su obra también una exposición sentida de las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad).

Uno de sus biógrafos, Hubert Colleye (El alma de León Bloy), recuenta la sucesión de sus fracasos, esperanzas vanas, traiciones de amigos, engaños y humillaciones; a pesar de todo ello su literatura se volcó siempre al “escándalo del cristianismo”. Lo hizo con clamor, en convulsión, poseso de Dios, ocupado de aquello que despreciaba, reivindicando al mismo tiempo, el grito, la desesperación.

Bloy escribió El desesperado —seguido por La mujer pobre— y creó con Caín Marchenoir un personaje —su alter ego— “nacido desesperado” quien en nombre de la humanidad del pobre rechaza —“como si fuera un dinamitero”— el humanismo fatuo burgués y clerical. Esta novela incandescente tiene gran utilidad en nuestros días frente a tanto conformismo disfrazado de catolicismo.

Este hombre lleno de ira y, en forma simultánea, piadoso era asimismo capaz de escribir cuentos de humor negro y, como si fuera un cristiano medieval o de los arrabales, sentir una enorme ternura frente a la Virgen. Literato necesario en estos tiempos desconcertantes: quizás al leerlo nos arriesguemos a comprenderlo.

  “León Bloy consideró el universo como una suerte de criptografía divina, en el que cada hombre es una palabra, una letra, o acaso un mero signo de puntuación. Negó el espacio cósmico; afirmó que sus abismos y sus luminarias no son más que una proyección de la conciencia humana”, dijo sobre el escritorJorge Luis Borges.

Obras

• El desesperado (1889)

• La salvación por los judíos (1892)

• Cuentos descorteses (1895)

• La mujer pobre (1897)

• La que llora (1907)

• La sangre del pobre (1909)

• El alma de Napoleón (1912)

• Exégesis de lugares comunes (1913)

• Meditaciones de un solitario (1917)

Extractos de su diario

• El mendigo ingrato (1892-1896)

• Mi diario (1896-1900)

• Cuatro años de cautiverio (1900-1904)

• El invendible (1904-1907)

• El viejo de la montaña (1907-1910)

• El peregrino del absoluto (1910-1912)

• En el umbral del Apocalipsis (1912-1915)

• El portal de los humildes, póstumo (1915-1917).

Sus inicios en las letras

La carrera de Bloy se inició en el periodismo, cuando debutó en el diario Le Figaro en el que estuvo un corto tiempo. Luego pasó al Gil Blas, en el cual publicó, en 1884, “Palabras de un empresario de demoliciones”.

•También fundó el panfleto semanal Le Pal (La Estaca).

•Su entrada al mundo de la literatura fue en 1889, con la publicación de su libro El desesperado.

agp