Miércoles 8.07.2020 - 16:16

Lorca y Bunuel, los complices universitarios

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Tres de los principales representantes del arte español del siglo XX formaron parte del centro de intercambio científico y artístico en la Europa de entreguerras: la Residencia de estudiantes de Madrid. Esos tres personajes son Federico García Lorca, Salvador Dalí y Luis Buñuel, quienes, desde que se conocieron en 1922, se convirtieron en cómplices, amigos y futuros genios.

El primero en llegar fue Luis Buñuel. Tenía 17 años y encontró alojamiento en el centro que pretendía unir a los estudiantes con intelectuales de la época. Al año, un Federico García Lorca de 21 años, con el objetivo de escribir poesía, arribó a la residencia. Dos años después ingresó un tímido pero extravagante Salvador Dalí, de 18 años.

Los entonces estudiantes se nutrieron del trabajo y la experiencia de genios artísticos y científicos de la época: Rafael Alberti, Jorge Guillén, Severo Ochoa, Manuel de Falla, Albert Einstein, Marie Curie y José Ortega y Gasset. Y fue en este sitio en el que los genios encontraron la forma en la que se expresarían: Lorca en la poesía y la dramaturgia; Buñuel recreando escenas teatrales que se convertirían en películas, y Dalí experimentando en obras cubistas, impresionistas y futuristas.

Además de motivarse, colaboraron para recrear historias. Una adaptación surrealista de Don Juan Tenorio consiguió Buñuel gracias a la ayuda del poeta y del pintor. Para manifestar su admiración, Dalí creó un retrato del cineasta, a quien pidió que agregara nubes, una de ellas fue colocada cerca del ojo derecho, como una navaja amenazante, una imagen que podría ser un antecedente de Un perro andaluz, película que después llegaría al cine.

Al salir de la residencia, la amistad de los creadores continuó en largas misivas. En 1925 Lorca escribió su máximo reconocimiento a su amigo el alquimista, lo hizo a través de “Oda a Salvador Dalí”. Se lo presentó en partes, por medio de correspondencia; un intercambio de cartas que además incluían dibujos y vivencias. El artista tuvo que esperar un año para leerlo completo en la Revista de Occidente.

Buñuel decía que Federico no dejaba a Dalí irse a Francia para crecer, pues en ese lugar se encontraba la cuna de las vanguardias... y del surrealismo; acusaba al poeta de absorber el tiempo del pintor, como si fuera su pareja, incluso, su relación fue tachada de homosexual, por las fotografías, las cartas que se enviaban y su constante acercamiento. Después se alejaron, primero el cineasta del poeta, y después del pintor. En 1929 el genio viaja a París donde conoce a André Breton, a los surrealistas y a Gala, el amor de su vida.

Aunque los amigos se alejaron por diferencias políticas y personales (a Dalí se le acusaba de tener afinidad con el régimen franquista), Dalí los recordó hasta su fallecimiento. ¡Muere fusilado en Granada, el poeta de la mala muerte, Federico García Lorca!, ¡Olé!”, ese fue el comentario que hizo Dalí cuando se enteró de la pérdida de su amigo, pero aclaró que la expresión la efectuó porque su destino terminaba de forma trágica y típicamente española.

Pese a que los compañeros de la Residencia de Estudiantes son los más conocidos por ser el periodo de gestación de grandes genios, existen otros colaboradores del también escultor que se convirtieron en figuras importantes para su vida y su obra. Uno es Walt Disney. En 1946 lo conoció, y comenzaron una película de animación, con un ambiente surrealista: Destino. El proyecto quedó en una secuencia de 15 segundos pues, tras ocho meses de trabajo fue abandonado por problemas financieros. De esos viajes a Hollywood también llegó otra amistad: con Alfred Hitchcock, con quien trabajó en Spellbound. Otros, los ex jugadores del Barcelona, Emilio Sagi Liñán y Josep Samitier, acompañaron al pintor durante su infancia. Pero la amistad que no se concretó, pese al gran deseo de Dalí, fue con Sigmund Freud. Lo conoció en Londres, pero como admirador sólo consiguió llevar las teorías de aquel hombre a sus obras.