Los papeles falsos de Luiselli

Los papeles falsos  de Luiselli
Por:
  • larazon

Carlos Olivares Baró

carlos.olivares.baro@hotmail.com

Las palabras van y vienen con sus trenzas, con sus pañolones en el cuello como niñas que salen del colegio. Las palabras vienen en volanta: dos corceles arrastran el aspaviento. Palabras que resbalan. Palabras que incurren. Palabras que aguijonean. Palabras enemigas de la incuria. Palabras que muerden con suavidad delirante. Palabras que humedecen el pergamino de las ansias. “Hay palabras que contienen y palabras que desbordan”, dice Luiselli. Palabras encrespadas: palabras hirsutas. Entran las palabras por las rendijas. Están las palabras en el matojal entre las espinas. Están las palabras en la cosecha embrolladas entre las cunetas.

Las palabras en la cabuya que envuelve al trompo que el niño lanza a la redondez del plano. Las palabras en los silencios de la música callada. Las palabras en el desamparado espacio de la soledad sonora. Las palabras íncubo ablanda su fonología frente a la palabra aguacero, gallarda en su ráfaga de agua. La palabra mariposa se enamora de abril. Las palabras untan los pergaminos: “…pesan los años y el polvo sobre el papel”, comenta Luiselli.

Una niña hace un agujero para encontrarse. México, palabra que termina siendo un país. ¿Qué buscaba la niña? Mataron a alguien afuera de la casa, un solo plomazo, cae el cráneo que estalla y no se rompe. Los ojos de la niña en la remembranza se preguntan por una raya de tiza, cabeza ahora serpenteada por un trazo: dibujo que delimita. “Al día siguiente, apareció su silueta trazada con gis blanco sobre el asfalto. ¿Tembló la mano del que bordeó la orilla del cuerpo?”, se pregunta Luiselli. La niña aprendiendo el mundo que es agarrar el habla. La niña trémula y silenciosa frente a la avalancha que se le viene encima: palabras que entran por cualquier resquicio. Hambrientas palabras que buscan pronunciación. “Aprender a hablar es darse cuenta, poco a poco, de que no podemos decir nada sobre nada”, concluye Luiselli.

¡Ay!, la tristeza, la melancolía, la morriña, el dolor… ¡Ay!, del gorrión de las islas mordidas por las voracidades salinas. Saudade y la arrogancia lusitana de una semántica particular. ¿Tiricia? ¿Síndrome de Ulises? “La saudade es presencia de una ausencia: una punzada en un miembro fantasma”, define Luiselli. Saudade, un es encabalgado de abandonos. El exilio es una patología de desconciertos. La saudade es saudade es saudade es saudade: Luiselli parafrasea a Gertrude Stein (“rose is a rose is a rose is a rose”).

Papeles Falsos (Editorial Sexto Piso, 2010), primer libro de Valeria Luiselli (Ciudad de México, 1983), ¡y vaya entrada airosa a la literatura mexicana! Ensayos narrativos que toman como pretexto diversos temas (el lenguaje, la infancia, la saudade, la excursión en bicicleta, la “planicie defeña”, el tiempo, Brodsky, los libros, los mapas, Venecia, las tumbas, el paseo, los ríos…) para bosquejar la vida cotidiana y en esos pliegues, desafiar al lector a través de una cabalgata de imaginativa especulación.

Consonancia y enaltecimiento en cada página de estos papeles falsos desbordados de certezas. Luiselli sabe que un escritor “es un destructor que aumenta la existencia, que la enriquece minándola” al decir de Cioran. Estas elegantes, acuciosas y perplejas evocaciones brotan entintadas de una sabiduría humedecida por la llovizna de los espejismos.

Gozo provocativo. Esta novel autora sabe multiplicar, desde la pausa y los silencios, las posibilidades inusitadas de la palabra. No perdamos de vista a esta muchacha de ojos grandes, asustados y festivos que anuncia gratas sorpresas para las letras mexicanas desde los portes de su voz y sus azoros.

Felisberto Hernández Pianista y escritor uruguayo

Uno de los más importantes exponentes de la literatura fantástica de la lengua española. Por momentos, realista; otras veces, fantástico. Explotó un “hiper-realismo” de plasticidad descriptiva difícil de catalogar. En Julio Cortázar, Ítalo Calvino, Virgilio Piñera, José Lezama Lima o García Márquez pueden palparse sus reflujos estilísticos. Felisberto Hernández (1902–1964) escribió piezas espléndidas de una rara belleza. Música que se mezcla con evocaciones: palabras que sonorizan sentidos. El caballo perdido (1943), Nadie encendías las lámparas (1947), Las hortensias (1950) o Explicación falsa de mis cuentos (1955), verdaderas pequeñas obras maestras.

Jacques Bonnet/Bibliotecas llenas de fantasmas

Duermo rodeado de mis libros. Me acompañan criaturas apresadas en palabras, páginas agarradas por un lomo aglutinado y una pasta que protege y aísla. Los enemigos exteriores insisten y penetran: amarillean los bordes, humedecen los periplos. Gracias a mi biblioteca paso de un tiempo a otro, de un habla a otra. Sé que Bukowski y Borges no se soportarían: están distantes, apenas se miran en los maderos de mis libreros. Advierto que la arrogancia de Lope no se aviene con los sarcasmos de Quevedo, procuro tenerlos lejos a pesar del siglo de oro que comparten. Mis espectros y yo. Soy lo que he leído. Glotón de las gamas, algunos saben cómo se me ponen los ojos frente a una nueva edición. Alicia, mi niña; yo, su espejo. Palabras que me marean blandamente. Biblioteca llenas de fantasmas (Anagrama, 2010) de Jacques Bonnet rinde tributo a los libros. Gozoso manual que nos ayuda a convivir con los hijos de Gutenberg. ¿Promesa de felicidad? La biblioteca, laberinto de placeres insospechados. Hermoso vademécum que Anagrama pone en nuestras manos para seguir amando la tinta, las páginas.

Federico Reyes Heroles/Alterados. Preguntas para el Siglo XXI

Federico Reyes Heroles (Ciudad de México, 1955) ha escrito un libro incitador. Alterados (Taurus, 2010) nació de la pregunta que hiciera un estudiante: “¿Cuál es la corriente filosófica predominante?” Provocación. Inicio de un debate interno en el profesor que desembocó en un texto con influjos de Ítalo Calvino. SI el italiano configura seis propuestas para el próximo milenio abordando levedad, rapidez, exactitud, multiplicidad, visibilidad y consistencia; Heroles construye un manual de preguntas que bosqueja en espirales, ramajes que entroncan en muchas líneas del pensamiento contemporáneo. Frenesí, perturbación, vacío, búsqueda, ausencias, fugacidad y despedida. Mirada metafísica. Montaigne y Kundera se asoman en una prosa de instigadora cabalgata. “Metaficción”, intertextualidad y arresto teórico: texto que se lee con afanosa curiosidad. El presente y su poderosa voluntad de anular la memoria. El consumo, la soledad, la tiranía iconográfica, el rating… El autor de Antes los ojos de Desirée nos deja —con la lectura de estos ensayos—, dulcemente perplejos y alterados.

fdm