Martes 24.11.2020 - 06:02

Lugares Comunes

Lugares Comunes
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Sin darme cuenta empiezo a tararear la canción que suena en la radio, es una que conozco muy bien... Es su canción. Maldita sea, es tan cliché "su canción sonaba en la radio y no obstante, estaba tan ocupado pensando en ella, que canté inconscientemente mientras las luces de los vehículos delante de mí, se transformaban en reflejos de su cabello bajo la luz de la luna". Cliché, cliché, lugares comunes que aparecen en todos lados, en todo momento.

Pero aquí estoy, pensando en el sedoso caer de su cabello azabache, cubriendo medio rostro contrastando con su tez de marfil, en la dulzura de sus labios, en el calor de sus manos y el suspiro olor a yerbabuena que me hacía soñar de día y desvelarme por las noches. ¡Diablos! Caigo de nuevo en esos lugares comunes, rebosantes de miel... ¡Ya basta!

Aparco en el primer lugar que encuentro, llevaba manejando horas tratando de aclarar mi mente infructuosamente. El aire acondicionado lucha contra el húmedo calor del exterior, la radio continúa en complicidad con mis recuerdos y mis angustias tocando canciones que refrescan momentos, emociones y anhelos. La luminaria pública de led bajo la que estoy, titila rápidamente creando la sensación de lentitud propia de la luz estroboscópica y mientras afuera todo parece moverse pausado mis pensamientos siguen el frenético ritmo del parpadeo luminoso.

Tomo el teléfono y le escribo un mensaje, lo leo, lo borro, lo escribo una vez más. No, mejor escribiré una críptica indirecta en redes, si la lee bien, si no, nadie pondrá en duda mi capacidad de sobrellevar el dolor... No, mejor no... Estoy perdido, ni siquiera puedo decidir si le escribo o no.

Bajo la ventanilla mientras prendo un cigarro, el calor entra cual bocanada infernal... ¿Qué hago? Bajaba la ventanilla y apagaba el aire para que no se impregnara del olor a tabaco pues a ella le molestaba... Ella no está, da igual, prendo el aire y dejo sólo una rendija para que el humo escape... Las volutas se prenden y apagan con el efecto Tyndall, por un instante me distraigo haciendo donas de humo que perforo con otro soplido de humo, como corazones atravesados por flechas... Ella odiaba esos corazones, decía que en todo caso, podrían hacerlos realistas o para ser más exactos poner una oreja si fuera mujer y un ojo si fuera hombre. Recuerdo su diatriba sobre la mentira de la pareja, ellas se mentían con palabras, ellos con la vista... Ese día le susurré que era lo más hermoso que mis pobres y cansados ojos habían visto... Su respuesta me sacó una carcajada "`por eso me maquillo".

Ah, como quisiera tener un whisky en las rocas para ahogar mis penas, o un mezcal para todo mal y para todo bien, también. Lo que fuera con tal de ahogar la pena de su ausencia y olvidar esos momentos que ya no serán, que se perderán entre mis recuerdos para sacarlos y soñarlos una y otra y otra vez.

Cierro apresuradamente la ventana cuando la lluvia, violenta en su caída, enturbia mi visión pero, no es la lluvia, son mis lágrimas que son las únicas gotas de sal que se únenos desdichado llanto de las nubes.

Debo olvidarla pero ¿cómo hacerlo? Si aparece sin estar, se escucha sin hablar, se siente como si aún estuviera pegada a mí. Debo olvidarla por salud mental, porque no puedo funcionar, porque me detengo bajo las estrellas para pedirles deseos, deseos que no serán concedidos porque las estrellas son indiferentes a los deseos insignificantes de seres insignificantes y aparte, crédulos sin remedio.

Un día simplemente se fue y me dejó pegada en el refrigerador una escueta nota escrita aprisa, sin ningún consuelo ni explicación, fue un "adiós, me voy, no me busques" en seis palabras desechó cientos de horas de pláticas, de intercambios de detalles de amor, me dejó pero no se fue, ese es el problema, queda aún su presencia, el capítulo sin cerrar, el libro abierto con el final arrancado, me dejó inconcluso en un mundo que perdió sus colores y ella sigue aquí, ahí, allá pero... Yo no. Ella se fue pero, el que desapareció fui yo. Su vida sigue igual o mejor si quiero enterrar las uñas en la herida y embadurnarlas de sal, ella se mueve como siempre lo hizo, como pez en el agua y yo, atrapado en una misma inmóvil y putrefacta solo puedo esperar... Y esperar... Y esperar... Y quizá, con el tiempo... Podría olvidar.

Me fui, tenía que hacerlo, como podría explicarle que no tenía caso continuar, que mi mayor prueba de amor era irme, no tenía caso decirle que no era él que era yo, que no podía seguir en su vida porque le haría un daño terrible, no serviría de nada que fuera gradual. Me fui porque lo amaba tanto como para no poner en sus hombros mi carga, sí, mía y de nadie más, no debía sufrir por mí, no debía soportar verme en declive hasta dejar de ser. Mientras escribía la nota del refrigerador estuve tentada de dejarle los análisis clínicos para que entendiera pero, al final no pude, sabía que sentiría que su amor bastaría para sostenernos y lo peor es que quizá tuviera razón. No, era preferible que me viera viajar, que me creyera feliz para que sintiera que lo había traicionado, para que ese dolor se transformara en odio y ese odio se convertiría en su protección.

Garabatee rápidamente "adiós, me voy, no me busques" y con lágrimas en los ojos estrujé mi diagnóstico de cáncer terminal y mandando un beso a mis recuerdos, dejé mis lágrimas al viento.