Magda Goebbels, la madre modelo del régimen nazi, era judía

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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En junio de 1934 Joseph Goe-bbels escribía en su diario: “Descubrí algo terrible del pasado de Magda”. Pero ahí quedó el asunto. A pesar de que el hallazgo, según reconociera unas líneas más adelante, les “separara internamente”... ¿Qué iba a ser eso tan horrible para escandalizar al mismísimo ministro de Propaganda nazi? Nada importante. Ni sospechoso. Total, eran la familia ideal. No existía nada capaz de alterar la paz en un matrimonio al que todo ario debía aspirar.

Él, Joseph Goebbels, “un hombre educado, de exquisitos modales e impecables vestidos”, reconocía la secretaria de Hitler, Brunhilde Pomsel. Lo hacía en Una vida alemana, documental en el que narraba la relación con su jefe.

Ella, Magda Goebbels y ·”la madre modelo del Tercer Reich”, como se la bautizó. Aparentemente perfecta: “La atmósfera y el olor del perfume que desprendía permanecía en la habitación mucho después de haber salido. Me caía bien”. Es la confesión de Käthe Hübner en Los hijos del ministro del Reich (2005), de Petra Fohrmann. Sesenta años después de servirlos, entre 1943 y 1945. Una mujer digna de todos los focos y sólo a la altura de dos “grandes” como Margaret Himmler —esposa de Heinrich Himmler— y Eva Braun —pareja del líder supremo—.

Dos seres envidiables a vista de la propaganda nazi. Arios puros. Sin ningún tipo de mancha en su historial y con impolutos hijos. A medida que se ahonda en la vida de la pareja, la perfección va perdiendo “pureza”. Y así lo certifica el hallazgo del historiador Oliver Hilmes en los archivos de Berlín, donde se comprueba que el padre biológico de “la madre ideal”, Richard Friedländer, era judío. Convirtiendo automáticamente la sangre de la buena Magda en impura.

Johanna Maria Magdalena Behrend nació el 11 de noviembre de 1901. Con el apellido de su madre soltera e inscrita como católica. Nada de que sospechar.

Aun así, pronto su madre le encontraría un padre político: Oskar Ritschel, que se negó a adoptarla. Igual de normal. Pero el amor de la pareja Behrend-Ritschel no iba a ser eterno, y, apenas cuatro años después, se separaron. Y aquí es cuando vuelve a escena Richard Friedländer, el judío. El hombre que hubiera ridiculizado el sistema nazi. Este comerciante volvió en 1908 al camino comenzado nueve años antes al traer al mundo una criatura fuera del matrimonio.

Magda se hizo mayor y empezó a salir con chicos —incluido un judío— hasta que con 19 años se casó con el multimillonario Quandt. Sólo sería el primero, porque su pasión por Hitler le iba a hacer dar un paso al frente para estar cerca de él: primero, afiliarse al Partido Nazi y, después, casarse con Goebbels . “Amo a mi marido, pero mi amor por Hitler es más fuerte. Por él estaría dispuesta a dar mi vida. Cuando tuve claro que Hitler no podía amar a ninguna mujer, sino sólo a Alemania, acepté el matrimonio con Goebbels”, reconoció.

Tan fría como para matar. Parece que la obsesión por el Führer traspasaba el ansia aniquiladora. No le temblaría la mano a la hora de acabar con la vida de sus seis hijos, antes de hacer lo propio con la suya, como su esposo. Lo hizo porque, como ella misma dijo en la carta de despedida a Harald, no merecía “la pena vivir el mundo que viene detrás del Führer. Por eso también he tomado a los niños, porque sería dolorosa la vida que llevarían después de nosotros. Un dios misericordioso me comprenderá cuando yo misma les dé la salvación”.

Magda vino al mundo el 11 de noviembre de 1901 y durante ocho años de su infancia fue internada en un convento de ursulinas. Durante aquel tiempo se acercó a la filosofía budista y defendió una cultura de la no violencia. Cuando se casó con Joseph Goebbels se trasladaron a vivir a una lujosa residencia en la Reichskanzlerplatz que se convertiría en centro de reuniones de la alta burguesía y cuartel general privado de Hitler.

Muerte documentada. El padre de Magda Goebbels acabó sus días internado en un campo de concentración, como prueba su partida de defunción. Era un comerciante judío. Fue arrestado en Bruselas y enviado a Buchenwald en 1938, donde falleció un año después. Quizá su hija, la esposa del todopoderoso Joseph Goebbels, podría haber librado a su progenitor de morir.

Sin embargo, no lo hizo, no movió un solo dedo para que lo liberaran, pues habría significado poner al descubierto un secreto de familia que se fue con ella a la tumba.

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