Viernes 10.07.2020 - 20:29

Malditas series de television

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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En un texto Rodrigo Fresán confiesa que uno de sus placeres culposos es ver malas series de televisión. Porque, afirma,

“admitámoslo, en realidad el formato es, en esencia, malo, tóxico, nocivo, mediocre”. Soy de los que opinan que ya no existen series que ver. A menos de que ocurra un milagro, que no lo creo, y arribemos a una cuarta era dorada de la tv, el género atraviesa por un bache. Me he negado a Games of Thrones, la sensación, porque me rehuso a consumir una historia dizque para adultos pero en la que aparecen dragones. Pero la tercera era dorada nos malacostumbró. Por partida doble. A aficionarnos a productos narrativos de calidad. Y a esclavizarnos a la serialidad.

Por la incidencia que caracteriza a todo adicto, al leer las palabras de Fresán, y después de entablar una relación de amor-odio con la primera temporada de True Detective, decidí darme una oportunidad con alguna otra serie. Tres eran las candidatas: Weeds, Sons of Anarchy y

The Bridge. Me decidí por la última. La trama arranca con el cuerpo de una mujer que yace en el puente que une a Ciudad Juárez con El Paso. Más adelante se descubrirá que de la cintura para arriba pertenece a una juez gringa (antiinmigrante) y de la cintura para abajo a una muchacha mexicana.

A partir de este punto, todo lo que sucede es confuso hasta lo indecible. Los encargados de resolver el caso son los detectives Sonya Cross (gringa) y el juarense Marco Ruiz.

The Bridge es un remake de una coproducción sueco-danesa, trasladada a la frontera México-Estados Unidos, con la fenomenología alrededor de Las Muertas de Juárez como agregado a la trama. En la indagación del caso se descubre que no se trata de un crimen aislado, sino que obedece a los motivos de un asesino serial. Un psicópata al parecer preocupado por la indiferencia de las leyes ante la muerte de mexicanos. Por tal razón el descuartizamiento de una funcionaria estadunidense, para atraer la atención. Hasta aquí el relato establece unas leyes que se apresura a traicionar. Al espectador, como al lector, no puedes apuñalarlo. Si le planteas un conflicto, debes resolvérselo. O se defraudará.

Existe un periodista involucrado, quien es el vínculo entre el asesino y la policía. Una mala serie se caracteriza por el tiempo que tardas en verla. The Bridge resulta dilatadísima. Y la identificación con los personajes principales, interpretados por Demián Bichir y la alemana Diane Kruger (quien es la representación misma de lo que significa sobreactuar y de la impostación) es sumamente difícil. Tras cuatro o cinco capítulos, en los que aparecen subtramas sosas, se presentan elaboradísimas muertes a inmigrantes, una contradicción, pues el asesino recalca que a nadie le importan, y por lo tanto es gratuito para la serie aniquilarlos. El asesinato de un psiquiatra y el arresto de Jack Childress, un señuelo que utiliza el verdadero asesino para despistar a la policía, se revelan como los auténticos motivos de tanta carnicería.

Inverosímil hasta la médula, los hechos se presentan porque David Tate, agente del fbi que fingió su suicidio, vuelve para tomar venganza contra Marco Ruiz, su presunto amigo y además el amante de su mujer. Ésta muere en un accidente de tráfico junto con el hijo de Tate mientras se dirigía a Ciudad Juárez a encontrarse con Marco. Tate, para hacer pagar a Marco, secuestra a su mujer, Alma, y a sus dos hijas y las encierra en una casa en medio del desierto. Deposita una granada en la mano de Alma a la que casi al instante le quita el presillo. Y tras mucho quebradero de cabeza Marco descubre el sitio y llega a tiempo para salvarlas. ¿De verdad ésta es la ficción contemporánea que plantea la televisión? ¿Todo este enmarañado para acometer una venganza que se podría solucionar narrativamente por muchas otras vías?

En el capítulo 11, Tate mata a Gus, el hijo de Marco, para que sienta el mismo dolor que él experimentó. E intenta matar al periodista, quien está involucrado en la muerte de su mujer, porque no declaró que conocía al conductor del auto que había acabado con su familia. En un desenlace dramático, con una bomba en el chaleco, Tate le confiesa a Marco en medio del puente que mató a su hijo para que Marco le dispare. Pero Sonya lo impide. Y aquí termina, o debiera terminar la primera temporada.

Una mala serie se caracteriza porque no resuelve todas sus subtramas al mismo tiempo. En eso se parece al cuento. Cuando se ha atrapado al asesino y va a prisión, todavía se presentan dos capítulos más, en los que Marco y Sonya rescatan a una joven mexicana de la policía juarense.

Estructuralmente el relato es fallido.

Al final de la primera temporada queda una incógnita: el crimen dual de la juez y la mexicana. Nunca supimos si fue Tate el responsable.

Ver The Bridge quizá no sea un desperdicio después de todo. Es una guía para aprender lo que no se debe hacer en una narración.