“Mis personajes transitan escoltados por lo aberrante”

“Mis personajes transitan  escoltados por lo aberrante”
Por:

Fuera de lugar (Anagrama, 2016), de Martín Kohan (Buenos Aires, 1967), es una fábula sobre la pedofilia, pero también un ejercicio cismático de riesgos y provocaciones narrativas. El Premio Herralde de Novela 2007 por Ciencias morales decide erigir mudas espaciales-temporales desde un entramado policial de supuestos: seguimiento de pistas y sus derivaciones en vaivenes sigilosos.

Seis apartados (“Precordillera”, “Litoral”, “Conurbado”, “Litoral”, “La frontera”, “Litoral, conurbado”), personajes delineados en conmiseradas proporciones (Murano, Marisa, Nitti, Magallán, Santiago Correa, Guido, Elena, Alfredo...) y meridianos diversos (países del Este, litoral, periferia, cordillera...): marchas extraviadas, perversas iconografías de infantes. El desvío como punto central de la trama. La extrañeza: atajo que circunscribe la verdad.

“Aclaro, no es una historia sobre el abuso sexual a menores, de violaciones: los involucrados no tocan a los muchachitos. Parecería que no se abruman por la culpa. Escribí Fuera de lugar desde un sentido de suspensiones sombrías de estos personajes, quienes creen no estar haciendo nada perjudicial a los infantes. Escribí todo esto quizás para ‘descolocar’ a los lectores, para provocarlos y llevarlos, en complicidad con el narrador, por una indagación sobre cómo ciertos códigos del mal funcionan y están vigentes en nuestro contexto”, comentó Martín Kohan en entrevista con La Razón.

¿El desplazamiento y el desdoblamiento desde la perspectiva fotográfica? Sí, pensé la novela, su desarrollo, desde esa mirada, lo cavilé todo desde la fotografía. Creo que escribir supone siempre, al menos para mí, lo que el lenguaje y la narración me sugieren, me dejo guiar por esos parajes, por esas franjas en que yo mismo, desde mi subjetividad, no consentiría por las perturbaciones y ambigüedades de su sentido, porque poco tienen que ver con mi manera de concebir el mundo. Pero, la escritura tiene la capacidad de transformarnos en otro: apropiarse del punto de vista del otro. Conjeturo aquí y, asimismo, apelo a un tipo de mirada, una inquietante relación con la realidad. Me sirvieron los atisbos, el voyeurismo de la cámara fotográfica.

Edifica usted una resuelta tensión narrativa que apela al ensayo, la poesía, la crónica y a lo policiaco con ciertos reflujos de Juan José Saer y Piglia... Soy admirador incondicional de Saer, su Nadie nada nunca es una obra maestra, quizás injustamente olvidada. Qué decir de Piglia: maestro de todos nosotros. Tiene usted razón: el primer capítulo coquetea con el ensayo, mientras que en “Litoral” la poesía reposa sobre el paisaje. Toda la novela está construida desde los trazos de una crónica policial lóbrega y de acechos.