Paquito D’Rivera, exquisitez pura en Bellas Artes

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Foto Cortesía INBA

Viernes 29 de mayo, 20:00 horas. Sala Principal del Palacio de Bellas Artes desbordada de un público entusiasta y conocedor. Tercera llamada. El director Carlos Miguel Prieto entra al tablado seguido del joven percusionista mexicano José Eduardo Chávez Quintero. Comienza el agasajo: Concierto para marimba y orquesta de cuerda, de Emmanuel Séjourné. La melodía conversa con los tabaleos. Un vals preside la concordia. El joven despliega técnica y carisma. Ovación total.

Toca el turno al clarinetista Paquito D’Rivera, quien entra escoltado por el conductor, Carlos Miguel Prieto. “Yo soy el invitado, pero este muchacho mexicano de la marimba se robó la noche, me robó el show, a ver qué puedo hacer después de todo esto”, exclama el Doctor Honoris Causa de Berklee. Inicia con su tributo a Benny Goodman: Cape Cod Files, en cuatro movimientos en que el clarinete dialoga con las cuerdas y el piano se hace cómplice de las improvisaciones.

El jazz se encuentra con lo clásico: el Adagio de Mozart es un blues. Arreglo de D’Rivera del “Adagio”, del Concierto para clarinete, de Mozart: introito de piano y contrapunto de clarinete y trompeta en la melodía. Remembranzas del más importante ensamble de jazz en la historia de la música cubana: Irakere. El público se balancea sobre el swing. Verdad que esto nada tiene de austriaco. “Estoy convencido que Mozart nació a orillas del Misisipi”, concluye el compositor cubano, residente en Nueva York.

Toots Thielemans valsea sobre sonoridad de New Orleans. Paquito D’Rivera (sax alto clarinete), Diego Urcola (trompeta &trombón de válvula), Alex Brown (piano), Oscar Stagnaro (bajo eléctrico) y Mark Walker (batería).

Ejecución de temas de Lecuona, Ray Tico y Astor Piazzolla. “No veo diferencias, ejecuto un bolero o un son cubano con la misma rigurosidad con que enfrento una composición de Lecuona o un pasaje de Mozart o Stravinski”, proclama el 13 veces ganador del premio Grammy.

La noche se columpia sobre los aires españoles y criollos de “El Escorial” y “Andalucía”, de Lecuona. El clarinete de Paquito D’Rivera improvisa sobre los pasajes melódicos, por momentos Carlos Miguel Prieto deja sólo al concertino y observa los gestos del quinteto de jazz en comunión con la orquesta sinfónica.

“Contradanza” y “Vals Venezolano”. Ray Tico con “La Habana”. Astor Piazzolla y “Revirado/Oblivion”. Lo culto y lo popular en riguroso y lúdico parlamento musical, bajo batuta del gran Paquito D’Rivera, quien es, indiscutiblemente, uno de los músicos latinoamericanos más imaginativos y trascendentes de la segunda mitad del siglo XX a nuestros días. Nuevo y acertado concilio de un músico que se ha planteado integrar el jazz a los amarraderos de la música clásica: en este concierto ayer lo consiguió con certero swing. El milagro se repite mañana domingo a las 12 horas con el mismo programa. Con el mismo carisma de Paquito D’Rivera.