Parmenides, pionero del periodismo musical

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Quiero agradecer la disposición de Alejandro Lora de hablar de Parménides minutos antes de su prueba de sonido en Puebla y de platicar desde el corazón. Una plática muy emotiva.

Uno de los pilares de la Literatura de la Onda es sin duda Parménides García Saldaña, el amigo y gran influencia de Alex Lora. El cantante del Tri nos platicó sobre Parme, como él lo llama; contó algunas anécdotas, que lo hicieron recordar viejos tiempos.

Lo primero que Alex dijo fue que le compuso el tema “El maldito ritmo”, del disco Otra tocada más (1988), “La compuse un par de años después de que falleció”, comparte.

Aunque está cansado porque ha tenido presentaciones y conciertos en diferentes estados del país, Lora comienza a platicar: “Inventé la rola de abuso de autoridad cuando él llegó a mi casa con el disco que grabó Alfredo Díaz Ordaz con músicos de casi todas las bandas de esa época.

—”’Mira, ya viste esta pendejada’, me dijo. ‘Si yo fuera rocanrolero haría una canción de esto’. Y fue cuando compuse la canción ‘y las tocadas de rock, ya nos las quieren quitar, ya sólo va a poder tocar, el hijo de Díaz Ordaz’”.

Se hicieron amigos en las tocadas de los frontones, casi todas en las colonias Narvarte y Del Valle. “Él vivía en la Narvarte. “Alguna vez, cuando él escribía para la revista Pop, me entrevistó y ahí fue donde nos conocimos. Nos hicimos cuates y nos veíamos en las tocadas”.

Algo bien sabido de Parménides, es que bautizó a los hoyos fonkis. Después de Avándaro las tocadas se hacían en las orillas de la ciudad porque no había permiso para que se hicieran en el DF. “Eran en balnearios, cines, estacionamientos, en lugares que ya no se usaban. El Bangladesh, el Maya, el Herradero. él iba a todas las tocadas.

En esa amistad cada quién era auténtico, pero se apoyaban en sus creaciones: “Él me motivó a hacer mis rolas en español. Yo las hacía en inglés y me decía que en español sería más fácil y más padre para la banda, ya que entenderían y hasta cantarían conmigo.

“En aquella época, como mi mamá se acababa de casar y yo vivía sólo en el departamento en el que vivía con mi mamá, él sabía que podía llegar a las dos tres de la mañana y amanecernos escuchando discos y tomando chelas.

Poniendo rolas, cotorreando sobre el rock and roll. Él siempre fue muy rocanrolero, llegaba a mi casa con discos y me decía, ‘No oigas a este pendejo, escucha a los negros’. Para mí fue una influencia muy gruesa, en primera era más grande que yo, y además era bien clavado en el rock. Era mucho más aferrado: rompía discos y se apasionaba”.

A Alejandro se le quiebra la voz. Guarda silencio. Y continúa: “Él hablaba de los grupos de esa época, decía: ‘a estos güeyes les da lo mismo bailar con Sophia Loren que con la bruja maldita. En cambio los de Three Souls sí son rocanroleros leales a su valemadrismo’. Siempre dijo que sólo Three Souls eran los únicos netos”.

Se emociona y cuenta una anécdota: “una vez fuimos a una conferencia donde estaban José Agustín, Monsivaís y él. Iban a hablar de pornografía y nosotros a tocar. Había alguien más, y para la época, era muy grueso hablar de pornografía, pero se puso sería la cosa. Cuando le tocó el turno a Parme, dijo que la pornografía era esto: y que empieza a sacar calzones y brasieres, y luego los aventó, la banda se prendió. Monsivaís ya no pudo hacer su ponencia”.

Sobre lo que publicó Parménides ni siquiera hay que preguntarle al cantante, sabe el nombre y de qué tratan los libros, pero Lora acota algo muy importante. “Ellos (Parménides y José Agustín) son pioneros en el periodismo musical. En ese tiempo nadie escribía de rock, ni de ninguna música. Los que escribían lo hacían pero de los artistas, más no de la música. Ellos hablaron de la gente que con la música se prendía y que hacía su vida con música. No había crítica musical antes de ellos”.

De nuevo Alejandro Lora hace una pausa. Con la voz entrecortada continúa: “Bailaba, era Parme. Estaba loco. Lo recuerdo con cariño, la pasábamos poca madre. Era de estar oye, y oye los discos. Él hacía su propio video en una época en la que no existían. Yo lo veía cómo hacía que tocaba, bailaba, hacía movimientos de acuerdo a lo que oyéramos. Me decía: ‘fíjate que dice, escucha cómo toca’. Era una forma analítica muy cabrona. Era un gran melómano”.

Lora asegura que era toda una aventura estar con él. “Iba con nosotros a las tocadas y era toda una aventura ir con Parne, con las caguamas y con el miedo de que no nos fuera a apañar la tira... Era como nuestro secre y al mismo tiempo nuestro gurü. Era nuestro mero valedor”

Antes de despedirse, Alejandro dice, “Hay algo muy importante que quiero decir, él nos decía sobre los otros grupos —todos estos güeyes quieren ser como otros güeyes , pero ustedes son sólo ustedes. No van a ser como otros. Se clavaba mucho en eso de la identidad”.

Son casi las 22:30 y Alejandro se tiene que ir a la prueba de sonido con la Sinfónica de Puebla, en donde se presenta éste sábado. Su ciudad natal lo llena de homenajes y reconocimientos y parece no querer dejarlo ir.

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