Martes 14.07.2020 - 02:25

Presentan El silencio Luminoso

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Foto Especial

Lo primero que se ve es la espalda con sus juntes óseos serpenteando la plaza, las hebras castañas transfieren una alabanza al arco preludiado que oculta las extremidades y configura el redondel del apetito carnal. Después se ve la sombra de la vagina, mejor: se ve el resplandor de la vulva en el crepúsculo de la bragadura. El pájaro se aloja en el vientre. El pájaro consume la hondonada del ombligo. Sabanillas: rompientes: espumas. El charco del camastro entretejido por armónicos afilados.

Por la ventana, el bosque presagia la tentativa de la luz. Un par de zapatillas escolta el llavero: cifra en la oscura sospecha del anagrama. Hojas almagres, barro pantanoso: la jarcia conjetura el anuncio de la tribulación.

“Varias experiencias del erotismo y la muerte, muy personales, me han llevado a elaborar este ensayo fotográfico. Experiencias vividas por mí y por otras mujeres.”, comenta Yamina del Real.

El cuerpo femenino como una alegoría representativa del sentido (todo lo contario a las “fotos-impactos” cuestionadas por Roland Barthes): saga suscrita en la elipsis. Los signos de los retratos de Yamina reverberan en la provocadora dicotomía saussureana de significante/significado: no hay un esquema biunívoco, todo lo contrario: los significantes edifican significados polivalentes, múltiples, desde una prosodia de infinitas codificaciones.

Almanaque visual: el plano de la expresión se revela en forma ambigua: hojarasca que explora y escarba en la semántica del mito. “Un nido de ágata protege el ensalmo: / así se repite el ritual / que junta las manos en oración / y llena tus ojos de mareas azules”, apunta la poeta Sandra Lorenzano. No olvidar que el mar es azogue: cristal desolado en medio de una llovizna solitaria desmoronándose. Hay que celebrar estas aventuradas imágenes de Yamina del Real: cartografía mítica en una suerte de ubicuidad espacial perturbadora y radiante.