Que es la poesia

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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Hace poco me puse a revisar todas las definiciones de poesía que pude encontrar. Macaulay, Dr. Johnson,

Coleridge, Shelley, Platón, Watts-Dunton y Poe, aparte de muchos más, ensayaron definiciones de lo que es la poesía. Unos reemplazan el efecto poético por la cosa que lo produce; unos toman los indicios como la cosa en sí. Unos llaman invención a la poesía, pero es claro que descubrimiento connota mejor el acto creativo que saca a la luz emociones y pensamientos ocultos.

Sea que llamemos invención o descubrimiento al acto creativo, la definición de la poesía en esos términos no comprende todas las cualidades, y todas las causas y los efectos, de una producción poética. La poesía no es tampoco lenguaje rimado o rítmico, como creen algunos de estos pensadores. Tampoco es la creación rítmica de la belleza, como afirma Poe.

La danza acaso sea la creación rítmica de la belleza; lo cual también es cierto de la música. No se ha dado una definición de la poesía que no excluya poemas de reconocida grandeza; y muchas de las definiciones incluyen composiciones que no cumplen con la atracción poética. No obstante esta contrariedad en el análisis de la sustancia de la poesía, el juicio de generaciones de poetas y de otros informados en el tema, coincide en ciertas obras.

No sólo es cierto, sino que además la opinión promedio está de acuerdo en este juicio: Hamlet y Otelo cautivarán a una multitud. Los Psalmos, Eclesiastés, Isaías, los Proverbios, Evangelios, Revelaciones y muchos otros libros de la Biblia tienen casi una aceptación universal. Y son poesía. Las canciones de Burns interesan e inspiran al hombre común. No hace falta ampliar el catálogo para demostrarlo. Acaso haga falta un gusto cultivado para disfrutar los coros de Esquilo, o las obras dramáticas de Browning, o la exuberante imaginería y la música de Swinburne; pero la poesía sigue siendo un asunto de sustancia; y un asunto de forma tan sólo en la medida en que la forma es indispensable para transmitir la idea a cabalidad.

El asunto de la sustancia en relación con la poesía es lo que los reaccionarios de este tiempo son incapaces de apreciar. Puede haber revolucionarios en favor de una completa reorganización de nuestras ideas sobre la forma: futuristas que anhelen abarcar ideas que hasta hoy eludieron la materia de las palabras: vorticistas cuyas emociones se arremolinan sin reacción y sin caer ni ascender. Pero a mi juicio el artista completo debe aceptar las formas que sean necesarias para lograr el efecto poético. No veo una razón para hacer menos al soneto, o las antiguas formas francesas, o el verso rimado, si esas formas expresan mejor la emoción y la idea. Y, por el mismo motivo, cuando la idea y las emociones deban mutilarse por el uso de cualquiera de estas formas, estoy en favor de un manejo libre, del verso libre.

A fin de cuentas, quienes apoyan exclusivamente las formas regulares se engañan al creer que la poesía es el soneto, o el verso blanco, o alguna de las métricas habituales. No advierten que la poesía es la orientación del alma hacia manifestaciones de la vida y que como las grandes aguas puede murmurar u ondear o rugir. Si ondea, úsese una villanelle; si ruge, ofrézcanse palabras tan usadas que el rugido no se pierda. Además de lo anterior, los rigoristas de las formas antiguas olvidan que esas formas, en su momento, fueron innovadoras. ¿Qué había antes de los hexámetros dactílicos de Homero? ¿Y antes del verso blanco de Surrey? ¿Y cómo es que el verso libre de

Teócrito se justifica ante Homero; o cómo se justifica la combinación de prosa y verso en las obras de Shakespeare ante el verso clásico del teatro francés?

El poema surge de las vibraciones del alma, de la vibración rítmica del alma.

En tanto que toda vibración es rítmica. Y esta es la vibración que por su dinámica surge en las palabras y realiza una cadencia sutil e intrínseca, aun donde no se busca un ritmo preciso. A partir de esta declaración, acaso alguien pueda formar una definición de la poesía: una definición que incluya toda la poesía que valga la pena incluir y que excluya el resto de la escritura que no es más que verso.

Poetry, septiembre de 1915.

Traducción de Antonio Saborit.