Rebeldes, abnegadas, crueles... las madres en la Literatura

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Ya sea en su papel de frívola, abnegada, autoritaria, luchadora de los derechos sociales, rebelde, frustrada, codiciosa o protectora, la figura materna ha estado presente en la Literatura desde las tragedias griegas hasta la actualidad.

“El tema de la madre ha sido muy recurrido en todo tipo de manifestaciones artísticas, en los libros es desde luego uno de los grandes temas: hay madres que luchan por sus hijos, que trabajan hombro a hombro con sus parejas,

madres amorosas”.

“Pero también, hay historias que no presentan a las madres abnegadas y ejemplares. Afortunadamente hay historias que exploran la figura materna con las contradicciones propias del ser humano de modo que se exhiben los temores, la hipocresía, el egoísmo, características en las cuales cualquiera podría verse reflejado”, señala el escritor Rafael Pérez Gay, en un video difundido en YouTube llamado Las madres en la literatura.

Como lo refiere el autor de El cerebro de mi hermano, en obras en las que está presente la figura de la madre se puede advertir un ser humano que se equivoca. Además, diversos escritores a través de ellas hacen una crítica a la sociedad de su época, tal es el caso de Hester Prynne, personaje del libro La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne, quien es acusada de adulterio y condenada a llevar en su pecho una letra “A”, para exhibir su

supuesta falta.

Otro caso es el de Pelagia, personaje de La madre, de Máximo Gorki, que de ser una madre abnegada a quien su esposo golpeaba, al quedar viuda, su vida da un giro al luchar por los derechos de los trabajadores cuando comienza a involucrarse en las reuniones de su hijo con sus compañeros de partido, repartiendo periódicos en zonas rurales o llevando pasquines.

Pero también están aquellas que llevan hasta el extremo sus creencias religiosas y tradiciones culturales de la época, como Bernarda, personaje de La casa de Bernarda de Alba, de Federico García Lorca, cuyo contexto es la España del principios del siglo XX, donde la mujer juega un papel secundario. Ella decide vivir ocho años en el más riguroso luto tras enviudar, una situación que termina por afectar a sus cinco hijas.

Muestra de ello, también es Doña Perfecta, de Benito Pérez Gladós. En esta historia la madre se refleja como una mujer generosa, bondadosa, piadosa, a quien nadie puede contradecir.

En este recuento de la presencia de las madres en la Literatura también están aquellas que son crueles o que su locura las lleva a cometer los más terribles actos, como en el caso de Medea, de Eurípides, quien para vengar la traición de su esposo asesina a sus hijos.

Otro ejemplo de ello es Ana Karenina, de Tolstoi, una mujer que hace todo lo posible para estar con su verdadero amor. Una relación con Vronski que termina por enloquecerla, pues cada día pierde más el juicio por sus celos y el pánico que le da ante la posibilidad de que él la abandone.

Por otra parte, también están aquellos autores que han dedicado sus obras a sus madres, en éstas rememoran la relación que tuvieron con ellas. Tal es el caso de Roland Barthes, en Diario de duelo, que reúne las fichas que redactó el estudioso tras la muerte de su madre, durante dos años; o el de Jean Cocteau, Cartas a mi madre, en el que rememora aventuras, diálogos, bromas y hasta consejos.

En México, dos libros figuran en este ámbito, Todo sobre su madre y Madres e hijas. En el primero, se recogen anécdotas y relaciones de escritores con sus madres como Héctor de Mauleón, Álvaro Uribe, Xavier Velasco y Vicente Leñero. El segundo, 14 autoras escriben un relato en el que revelan la relación que

tuvieron con su progenitora. Es así como desde las cartas, el cuento y la novela, escritores han dedicado parte de su obra a la figura materna.

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