Recrea en poemas el vaivén citadino

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Por Adriana Bernal

Luigi Amara (México, 1970) ha publicado recientemente en editorial Almadía A pie (febrero, 2010) un poemario citadino, de recorridos, donde el cuestionarse la acción propia del caminar en una ciudad como la nuestra da horizonte poético: “Un poco el objetivo del libro es romper con los circuitos acostumbrados y habituales. Lanzarse y ultimar ese recorrido mil veces hecho y dar la vuelta a ver a dónde lleva la calle. Caminar, caminando, es una experiencia al mismo tiempo perceptiva y contemplativa. Uno al caminar entra en cierto ritmo, uno es un solitario que va en sus pensamientos y está en medio de la urbe, de las avenidas, del escándalo, del tráfico. Es un vaivén entre ensimismamiento y apertura”.

Últimamente los libros de poesía son conjunto de poesías breves que son más piezas instantáneas, intuiciones, más que recorridos: “A pie de principio a fin, buscaba ser un recorrido y lo primero que había que definir era el ritmo. Llevar al lector a la calle sin que el lenguaje o la retórica interfirieran demasiado en ese como llevar al lector de la mano”.

Sin embargo, la ciudad no es un personaje ajeno a la literatura, por el contrario es continuamente abordado más no desde su cotidianidad “Si bien la ciudad es uno de los temas tradicionales, creo que debería estar más presente. He querido, desde distintos ángulos, escribir desde lo cotidiano. Desde la vida diaria, hasta todo aquello que alcanzan los sentidos, porque creo que, de no hacerlo la literatura se vuelve gaseosa, inasible y evita el contacto con el lector. El lugar común entre lector y escritor, creo, es lo cotidiano”.

Caminar por las calles de la Ciudad de México tiene múltiples lecturas y descubrirse en ella es una especie de trashumancia que Amara analiza desde el lenguaje y desde las sensaciones “lo interesante de esta ciudad es que es inabarcable a la vez que estamos dentro de ella. Esa conciencia, muchas veces, es una abstracción para los propios habitantes de la ciudad. La ciudad es la que tú haces al recorrerla: tus barrios, la de tus bares, tus restaurantes, probablemente hay muchas zonas de la ciudad en la que uno nunca pone un pie y eso cambia la perspectiva de qué es la ciudad. El pensarme caminante es un vicio mío. Supone preguntarme por el caminar aun cuando la ciudad no lo imponga. La desaparición de espacios públicos, la sensación de que no puede caminarse de noche libremente dada la inseguridad, la misma ciudad, si estás caminando te impone preguntas. En general, la ciudad de México es una ciudad lisiada para el paseo, es una sociedad proclive al motor. Prefiere el desplazamiento en ruedas. Lo cual tiene que ver con la jerarquía de valores en la que estamos”.

El ritmo del narrador es un espacio habitable que A pie, transforma en una ciudad propia, la que el lector quiera ir recorriendo, a su tiempo, a su ritmo, recreado constantemente en el vaivén de lectura del propio lector. Aun si éste es monótono. O caótica. O estruendosa. La caminata es al ritmo vital de quien lee. Sin grandes espavientos estructurales, a pesar de, paradójicamente, la lucha constante de ritmos. El ritmo, más distendido, sin embargo, es la lentitud, esa sensación de “no pasa nada” que entra en conflicto al provocar un determinado ritmo, arrítmico o no, con quien escribe y con quien escucha: “De algún modo siento que, el ritmo habla de la situación actual del hombre. El ritmo de los deberes no es el de los placeres. El mayor riesgo que he corrido es dejar que el lenguaje esté al servicio de la caminata más que de la literatura, es arriesgado porque en última instancia es un artefacto, la fidelidad puede ser problemática.”

Más que una crítica del uso del automóvil, lo que “intento hacer en el libro es rescatar varios espacios de libertad; cuando uno pasea está en contra del reloj. No se tiene la obligación de nada y abandonarme al flujo de las calles. Es una cuestión de resistencia. Al caminar sin propósito se le da la espalda a la velocidad, a la desaparición, a las obligaciones; de algún modo es crear un espacio mental para estar en mi ciudad, en mis calles y conmigo mismo”.

La frase

Lo interesante de esta ciudad es que es inabarcable a la vez que estamos dentro de ella. Esa conciencia, muchas veces, es una abstracción para los propios habitantes de la ciudad”