Rodrigo de la Sierra, el artista de las sutilezas

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La impaciencia y ansiedad que se vive una sala de espera, la soledad, el deseo humano de volar y superarse a sí mismo, la melancolía, el amor e incluso el absurdo al más puro estilo de Albert Camus son las emociones y dilemas filosóficos que retrata Timo, por lo que cada uno de nosotros se puede identificar con el personaje en algún momento, afirmó el escultor y arquitecto Rodrigo de la Sierra, creador de la obra.

En entrevista con La Razón, el artista relató cuál es su proceso creativo, de dónde obtiene inspiración, y cómo es que surge ese personaje que está por cumplir la mayoría de edad y cuya última gran exhibición fue en el Senado.

Rodrigo de la Sierra, quien desde hace poco más de 10 años se dedica profesionalmente a la escultura señaló que pasa la mayor parte del tiempo observando personas, momentos, actitudes y situaciones que lo hacen reflexionar sobre sí mismo y sobre la condición del humano.

Por tal motivo, en 2005, , mientras realizaba estudios sobre el cuerpo y la figura humanas, creó un boceto de lo que más tarde se convertiría en su personaje icónico. Sin embargo, para plasmar sus inquietudes recurrió a un humanoide que vive las crestas y valles de la vida como cualquier otro ser.

“Mi búsqueda en el aspecto de la obra es darse cuenta de sutilezas y actitudes del ser humano. Hay que ser observador, no dejar pasar las oportunidades, en cualquier aspecto, de alegría, de tristeza, de enojo, de frustración. Si te permites observar te puedes dar cuenta de muchas cosas.

“Yo lo hago muy evidente, lo hago estático. Plasmo un segundo, lo vuelvo estático y la magia de algo que era muy sutil ya la estoy volviendo inmóvil”, señaló el artista.

Cada una de sus piezas es única e irrepetible, dijo, pues tienen detalles particulares, además de que las más de 290 esculturas que ha creado tienen un discurso muy claro y definido, lo que permite que el espectador se apropie de ellas.

Elaboradas en un principio como un boceto o una miniatura en plastilina, decenas de Timoteos de distintos tamaños y con distintas actitudes se abarrotan en el estudio del escultor, y todos tienen algo que decir, afirma.

Esta parte del proceso creativo es la que más le importa al artista, pues, afirmó que la parte medular de sus creaciones son sus discursos.

“Cuando tú trabajas una pieza estás manejando ciertos elementos de manera sutil que no la percibes hasta que está ahí. Cierta ironía o irreverencia para ver las situaciones cotidianas de la vida. Tiene el discurso como una claridad, reírse de muchas situaciones o absurdos en los que caemos en el día a día de nuestra vida”

“Buscar este detalle irónico, este detalle con un aspecto mordaz del día a día que se vive, situaciones muy sutiles que se pierden o que son desapercibidas hasta que reflexionas y te das cuenta que caes en unas cuestiones que te tienes que reír de ti mismo”, apuntó.

La inspiración, dijo, puede llegar en cualquier momento, con una conversación, con un guiño, con una tragedia, pero el artista reconoció que cada una de las ideas que trabaja tiene todo un proceso antes de materializarse.

“Me gusta reflexionar una idea, pensarla, manosearla, manejarla hasta que creo que voy a poder tener el argumento necesario para transmitir algo que no sea vacío. Todas las piezas tienen una razón muy clara de por qué están: me hace ruido una idea, la estoy pensando, la estoy desmenuzando y tengo que transformarla, materializarla”, dijo.

Actualmente las esculturas de Timoteo se cotizan desde los 14 mil y hasta los 2 millones de pesos, y dependiendo del tamaño tardan por lo menos 2 meses en elaborarse en materiales como resinas, bronce o madera.

Y aunque De la Sierra trabaja varios proyectos a la vez insiste en que su prioridad es que todas las piezas de Timoteo tengan un discurso y no sean vacías.

En cuanto a los temas que aborda, el escultor afirma que se trata de cuestiones universales, lo que permite al espectador verse reflejado en su obra y darle un significado.

“La obra se vuelve una historia independiente para cada espectador. Esa es la magia del arte, lo haces propio, y ya no es mi obra, es la de tal pueblo mágico, de tal coleccionista. La obra se adopta y se adapta al lugar, por la gente, porque el arte es hecho para la gente”, subrayó
“El arte es una búsqueda constante, es un juego. Una misma obra muchas veces necesitas desarrollarla en otra escala, en otro material. Tal vez cuando terminas una pieza dices ‘debí haber hecho este pequeño detalle’, pero no se vale transformar lo que ya hiciste. Lo que ya hiciste tuvo su tiempo, tuvo su periodo, tuvo su oportunidad”.

De la Sierra ha expuesto en Japón, Estados Unidos, Italia, Corea del Sur y México.

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