“Seguimos viviendo el tiempo de los asesinos”

Entrevista con José Vicente Anaya*

Vicente Anaya
Vicente Anaya
Por:
  • Miguel Ángel Muñoz

La poesía de José Vicente Anaya ( (Villa, Coronado, Chihuahua, 1947-Ciudad de México, 2020) se centra - desde su primer libro Morgue, hasta su clásico Hikuri- en una preocupación por rescatar el haiku en México. Sus textos desprenden una íntima percepción entre lo real y fantástico, con lo cual el lector penetra directamente al universo del poeta; en donde los objetos están latentes, presentes en todo instante de su vida, la cual transcurre con el tiempo en cada uno de sus poemas. Siempre ofreciendo una sinceridad de las cosas para tejer un texto dentro de lo que Octavio Paz llamaba: “La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo; la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es método de liberación interior…”. Y por esa palabra revolucionaria, Vicente Anaya es indudablemente uno de los poetas importantes de la literatura mexicana. Entre sus traducciones y antologías están: Breve destello intenso (El Haikou clásico del Japón), Largueza del cuento corto chino y Reflexiones sobre la muerte de Misia (de Henry Miller). Uno de sus trabajos más importantes fue la investigación sobre la poesía completa de Concha Urquiza, en el libro El corazón preso. Aquí se descubre otro lado importante de su poesía: el perfil místico, el cual también lo marcó en varios tempos de su larga carrera.

José eres un escritor interesado en el mundo de Oriente, ya que incluso tienes una antología del haiku clásico del Japón en donde están poetas como Sogi, Hasbin, Bashos, entre otros, ¿qué tanto ha influido la poesía oriental en tu trabajo poético y principalmente en tu libro Hikuri?

-Mi interés en el Oriente fue orgánico, fue un elemento armonizado con otras muchas cosas. Fundamentalmente fue buscar toda una serie de explicaciones de la vida y su filosofía. Me inicié en los temas del Oriente con el budismo Chan (de China), que es el que 700 años más tarde llega al Japón y en ese país lo pronuncian Zen. Después de muchas lecturas, de casi haber agotado todas las que en su momento hubo en español, tuve la necesidad de saber más y , me dediqué a buscar obras en inglés ( aprovechando que mi infancia es originalmente bilingüe, por haber vivido en la frontera con Estados Unidos). Hice muchos viajes a los Estados Unidos, y viví allá por largos periodos. Durante esa estancia estudié la cultura China y la del Japón en la obra de los mejores escritores, como Bynner, Witter, Daniel Buchanan, Robert Kotewall, Earl Miner, etcétera. También tuve la oportunidad de leer obras importantes que aún no se traducen al español, como el Tian Wen de China, o el Manyyosky de Japón. Pero más importante que todo el estudio libresco fue el haber asistido a una escuela de Wu shy (mal conocido como Kung fu) en Los Ángeles, con el anciano maestro Wy Lao; y más tarde estudiar en un monasterio chan, en San Francisco. Estas dos enseñanzas fueron muy importantes, porque en ellas aprendí lo que no se puede captar por medio del pensamiento racional. A lo largo de todas estas experiencias nació en mí la necesidad de dar a conocer en español. Toda una serie de textos breves luminosos, y así fue que comencé a trabajar el volumen- que ya lleva cuatro ediciones- Largueza del cuento chino.

Vicente Anaya
Vicente Anaya

Cómo poeta, traductor y ensayista, tomando el concepto de Georges Perros, que dice sobre la poesía que: “es un acto religioso fuera de toda religión”, ¿qué se espera de la poesía de este fin de siglo después de tantas visiones aterradoras?

-Se espera ese profundo compromiso interior del poeta con su tiempo, con su ´´época. Seguimos viviendo el tiempo de los asesinos, como dijo Rimbaud, por eso el poeta requiere de un profundo compromiso interior el cual no está en la profusa “poesía” insustancial que hoy día está en boga.

Has trabajado mucho la traducción, entre tus trabajos están: Reflexiones sobre la muerte de Mishima de Henry Miller. ¿Cómo se incorpora la traducción dentro de tu trabajo?

-Estoy convencido de que la traducción es un trabajo de creación; sobre todo si se trata de traducción literaria, y más todavía si es de poesía. El buen traductor de poesía debe de ser una especie de médium de un poeta de otra cultura. El traductor tiene que darle expresión a ese objeto que es el poema, que debe de ser llevado de un idioma a otro. Benedotto Croce dice que un poema es un ser que existe en un idioma y que al pasarse a otro, puede ser original; el traductor entonces vive un gran reto de cómo ese ser transformado, que es el poema traducido, puede seguir teniendo sustancia.

Vicente Anaya
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¿Qué tanto ha influido el haiku en tu obra personal?

-Influye muchísimo. La posibilidad de penetrar a otros idiomas es algo que enriquece mucho al poeta, es una manera secreta de entrar – en el caso de la poesía- al origen, a la estructura y a toda una serie de juegos literarios que a veces es imposible de trasladar a otros idiomas. Uso el término trasladar en sentido literal, porque ya no es traducir, sino pasar palabras de un idioma a otro.

¿Cuál es la importancia del haiku en la literatura contemporánea y cuál su influencia?

-La importancia del haiku está implícita en él mismo, en su capacidad de gran síntesis poética; lo cual hoy en día –estando atosigados por todo tipo de verbalismo demagógico- es muy sano, pues nos enseña que con pocas palabras es posible decir más que con muchas, y sobre todo de una manera intensa, luminosa. Esta característica del haiku viene de ser cosmogonía China antigua; sobre todo, de las enseñanzas del taoísmo y del budismo, las que entre sus muchas características se distinguen por evitar verborrea. Por ejemplo, el filósofo y poeta taoísta Chuang Chau escribió: “Quisiera encontrar a un hombre que se haya olvidado de todas las palabras y con él conversar”. Esto indica la importancia que estos sabios le dieron al silencio y no sólo a la brevedad.

Vicente Anaya
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¿Cómo se desarrolló tu proceso de creación tanto de poeta, traductor y ensayista?

-Escribir poesía para mí ha sido un asunto de vocación, que se manifestó claramente desde la infancia. Yo siento que fue la poesía quien me eligió a mí, no yo a ella. A los once años escribí mi primer poema, y fue una experiencia muy peculiar, me sentí jalado, tomado literalmente por el impulso de escribir, fue como si en ese momento yo hubiera sido otro. Al terminar de escribir “aquello”, no salía de mi asombro. Era un texto rimado con versos de diez o doce sílabas, y que más tarde pude ubicar como de corte modernista, y es que a estos poetas eran los que yo leía en mi infancia, poetas como Amado Nervo, José Manuel Othón… De tal modo que ya en la adolescencia descubrí a muchos más: José Martí, Quevedo, Villaurrutia, Allan Poe. Mis lecturas de madurez empezaron después de los 18 años. A los 20 traduje el poema “El Cuervo” de Poe. Poco después cayó en mis manos mucha literatura brasileña; en aquel entonces traduje poemas de Manuel Bandería. Mis primeros ejercicios de traducción fueron para descubrir ciertas fases de la poesía, y esto me fascinaba, era como aprender secretos íntimos del poema y del lenguaje. Al pasar de los años, sigo escribiendo poesía y traduciendo con las mismas sensaciones originales. Eso no ha cambiado, lo único diferente es que ahora tengo más disciplina y más experiencia.

Tienes un libro sobre Concha Urquiza, El corazón preso, en el cual salvas la mayoría de sus poemas, ¿qué hay detrás de su poesía’

-En la poesía de Concha Urquiza lo que más me fascina es su manejo del lenguaje, sus imágenes. Yo no he podido encontrar una clara explicación que me persuada de cómo ella pudo escribir poemas al estilo del siglo de oro español en pleno siglo xx. Y que sean tan convincentes. Desde hace años estoy trabajando en una biografía sobre ella, para la cual he entrevistado a más de 20 personas que la conocieron. Algo que me llama la atención es que cuando ella escribió esos maravillosos poemas medidos, esos sonetos, todos los que la vieron escribir cuentan que lo hizo de manera espontánea, no se ponía a contar las sílabas de cada verso, ni a agregarles ni quitarles para que rimara.

¿Sobre qué estás trabajando?

-Siempre tengo mucho trabajo. Esto no es para hablar de una gran capacidad de trabajo, sino más bien de un caos y una dispersión que es mi método. Por eso sería inútil darte la lista de todo lo que estoy haciendo. Son muchas cosas, tanto traducciones como obra propia,

* Esta conversación “Seguimos viviendo el tiempo de los asesinos” Entrevista con José Vicente Anaya la realicé en Ciudad de México hace un par de años, y la retomo como proyecto de un nuevo libro de diálogos sobre diversos temas de la cultura y la historia que tengo en preparación