Sábado 11.07.2020 - 12:41

Serrat regala una noche de bohemia a la ciudad

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Foto Fernando Aceves

En la cálida noche de un día difícil, una brisa fresca corrió por el Palacio de Bellas Artes. El anunciado, y agotado, concierto de Joan Manuel Serrat iluminó el fin de lunes capitalino.

En punto de las 20:35, comenzó a sonar la música y al reconocer el ritmo de “Hoy puede ser un gran día”, la bienvenida con aplausos por parte del publico recibió a un Serrat sonriente que apareció en el escenario con sus adorados jeans, camisa blanca y saco negro.

Tomó su guitarra y se integró a su banda que interpretaba los acordes perfectos para recibir a su líder.

“Buenas noches, bienvenidos a todos a esta mi casa, su casa. Gracias por haber decidido de una manera tan generosa compartir esta música Gracias, y que disfrutemos todos de estas fiestas que la vida nos proporciona”, dijo Joan Manuel Serrat y dio pie a “De vez en cuando la vida”, que con la delicadeza de los sonidos y la sensibilidad del artista capturó a su público.

De buen humor, el cantante tomó asiento en un banco alto, y con su guitarra, acompañado del saxofón, deleitó con “Muñeca rusa”.

Los aplausos más sonoros al escucharse “Penélope”, con un arreglo conmovedor, adornado por una luz tenue sobre el cantante y su pianista y director musical, Ricardo Miralles, quienes ofrecieron una versión nostálgica, significativa, suave y tranquila, a pesar de la fuerza de la canción y su peso para el público mexicano.

Con un suave andar, Serrat se movía de un lado al otro del escenario, un poco de baile y sin dejar de sonreír cantó “Hoy por ti, mañana por mí”.

A los primeros acordes de “Romance de Curro El Palmo”, los gritos y los aplausos le quitaron poco a poco toda la solemnidad guardada al Palacio de Bellas Artes, aun con la tristeza y el dolor en cada estrofa del tema.

“Ustedes saben que, modestia aparte, soy catalán. Además de tener fama de locos y codos, tenemos costumbres extravagantes: hablamos en catalán (...), sé que los chilangos entienden, pero voy a traducir la canción, no sea que haya un guatemalteco en la sala. Con el piano de fondo dijo la letra de “Padre” y después, en un arreglo con tintes medievales, procedió a cantarla. Lejos quedó esa censura a su propio idioma.

Un concierto en el que bastó sólo la presencia de Serrat y sus músicos, nada de escenografía o parafernalia. La música, las canciones y la simpatía y bromas, así con la excelente ejecución de cada uno de los músicos, fue más que suficiente para una velada íntima, sentida, hermosa.

Ya en confianza, con las corbatas flojas, muchos de pie y cantando, los asistentes decidieron acompañar a Serrat en “Cantares”, donde el cantante, con 70 años y casi 50 en los escenarios, mostró el ímpetu de siempre.

El final se acercaba, pero Joan Manuel no dejó de recordar, “la primera vez que estuve aquí, en este teatro, fue un día de difuntos. Recién se había inaugurado el metro, estaba de presidente Díaz Ordaz, el Necaxa era El Necaxa; la Zona Rosa era Rosa. Recuerdo bien que conocí y cómo le fui tomando cariño a este país, a las canciones de José Alfredo, las de Cri Cri, Lupita”.

Para finalizar, interpretó “Tu nombre me sabe a hierba”, “Esos locos bajitos”, “Para la libertad”. Pero no iba a ser tan fácil que sus seguidores lo dejarán ir y tuvo que regresar tres veces, con “Pueblo blanco”, “No hago otra cosa que pensar en ti”, y “Fiesta”. Pero tuvo que salir una cuarta vez, “ahora sí la del estribo, ¿eh?”, y cerró con “Lucía”, en medio de ovaciones, flores y gente queriendo tocarlos, en el primero de los 5 conciertos que ofrecerá en el Palacio de Bellas Artes.