Martes 22.09.2020 - 11:06

“Solo cuento historias, no narconovelas”

Celebra SRE la liberación de Leopoldo López
Por:

Foto Carlos Olivares La Razón

Llega a las librerías El reino de las moscas, segunda entrega de una trilogía que comenzó con Corazón de Kaláshnikov, del escritor y periodista Alejandro Páez Varela. Su cronos es perturbador: una puta enlutada puede entregarse sin pudor a un inexperto asesino, un muerto puede ser tierno con su amada, una mujer candorosa puede ensuciar sus manos con dinero mal habido, un ex comandante puede pagar la culpa de sus pecados más allá de la defunción, la desgracia puede acorralar la inocencia, la frontera es la puerta que conduce al infierno…

El autor de No incluye baterías habla sobre su más reciente novela en entrevista con La Razón.

¿Por qué usas un discurso violento en tu narración? Quise escribir una novela que no entrara en la clasificación de “narconovela”. Norteño al fin, no puedo escapar del paisaje, de la violencia de Juárez y sus alrededores, de la belleza impactante de las mujeres. Creo que un escritor tiene que saber oír: por eso la violencia en el habla de mis personajes, por eso ese discurso nervioso del narrador: reproduzco, recreo. Nací en Ciudad Juárez y no puedo alejarme de sus secuelas.

A pesar de la violencia, ¿por qué iniciar el primer capítulo con recursos de la poesía? SÍ, es cierto. Labrada es un hombre duro que en vida no se ha permitido ser cursi, romántico… Macho cabal que es grosero con su mujer y se permite, desde la muerte, la ternura. Quise escribir este inicial apartado con esa tonalidad por razones de enmarcar los espacios y los tiempos a partir de los trances de los personajes.

¿Cómo logras que en tu novela converjan varios narradores? Desde un inicio tenía muy clara la conformación psicológica de cada personaje. Me gusta alejarme del periodismo cuando escribo ficción, pero exploto lo aprendido en ese oficio para que los personajes hablen. Cuando presento a uno, ya sé todo de su físico…

Estamos en presencia de un narrador que ronda entre la crónica, el reportaje y apuntes líricos. ¿Se anulan los géneros en esta historia? No me interesan los géneros, como creo que tampoco les interesan a los lectores de hoy. Soy un obsesivo de la historia y eso lo cuido siempre. Mi único compromiso es contar, relatar, referir, rememorar… El literato inventa; el periodista, expone lo sucedido. Estoy en esas dos visiones. Los géneros son mediadores.

¿Te interesa la “literatura especulativa”? No me gusta involucrarme, aparecer en mis novelas. Por ejemplo, mi amigo Ruy Sánchez participa en sus textos; yo, no. Yo junto vidas, actos, mohines y armo una invención, pero me alejo. El accidente, más que la experiencia personal. En estas dos novelas publicadas de la trilogía, enlazo casualidades, azares recurrentes que poco tienen que ver conmigo.

¿Dónde te sientes mejor en el periodismo o en la ficción? He trabajado muchos años en la transcripción del tiempo real, ese de la nota del día. Pasó mucho tiempo para darme permiso con la primera persona. El periodismo no es amigo de la primera persona. Me di cuenta del placer inmenso que hay cuando se inventa un nombre. En el periodismo el nombre existe, no es una invención. El día que me metí en esos laberintos de la imaginación me sentí en total libertad. Escribir literatura es más fácil que hacer esa nota diaria o el reportaje semanal.