Viernes 23.10.2020 - 06:02

Traducen al español joya literaria sobre la Edad Media

Traducen al español joya  literaria sobre la Edad Media
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Se publica por primera vez en español la obra maestra de uno de los medievalistas más prestigiosos del siglo XX. Henry Adams (1838-1918), nieto y bisnieto de presidentes de Estados Unidos, periodista y profesor de Historia Medieval en Harvard, decidió en 1902 escribir un libro en un castillo de las Highlands escocesas y terminarlo en un hotel de París.

Mont Saint Michel y Chartres nos llega con más de un siglo de retraso y produce el asombro del descubrimiento

inesperado de una joya.

El propósito de Adams es investigar sobre el origen y el significado del gótico para entender las raíces de la cultura europea: “Quise mostrar la intensidad de la energía vital de una época concreta y supe que debía expresarla a través de sus máximos exponentes, la

religión y el arte”.

El recorrido del analista por la historia de los siglos XI y XII es un dechado de erudición, pero lo que convierte a este libro en único es esa ‘energía vital’ que se expresa a través de una prosa literaria y evocadora, porque, como él mismo afirma: “a los turistas no les gustan las fechas,

sino la poesía”.

Adams concibió su obra como un viaje didáctico realizado con una imaginaria sobrina que le sirve de interlocutor. Un recurso literario para acercar al lector que se siente aludido con frecuencia y acaba olvidando a la tal sobrina, aunque alguna vez imagine el placer de viajar con un guía tan ameno, sensible e instruido.

El comienzo del libro, a los pies de la Abadía del Mont Saint Michel, preludia: “El arcángel amaba las alturas. Situado de pie sobre lo alto de la torre que coronaba su iglesia, con las alas desplegadas, la espada alzada, el demonio arrastrándose a sus pies, y el gallo, símbolo de la eterna vigilancia, posado en su pie protegido con malla, San Miguel ocupaba un lugar propio en el cielo y en la tierra...”.

La vida de los antiguos normandos y su participación colectiva en la construcción de la Abadía se detallan a la vez que describe el estilo normando, sus grandes arcos, sólidos y austeros, que inspiran “sosiego y autodominio” a los hombres y mujeres que han vivido mucho

y están cansados.

Pero para entender los sentimientos que llevaron a construir esta iglesia es preciso acudir a su paralelo literario, la Chanson de Roland, a la que dedica el siguiente capítulo, antes de introducirse en la construcción de Nuestra Señora de Chartres, porque “todo lo que los cantares no podían expresar floreció con el gótico” y lo que la mente masculina no pudo idealizar en el guerrero, se hizo posible en la mujer y en su máxima representación, la

Virgen María.

En las famosas espléndidas vidrieras de la Catedral de Chartres es posible reconstruir la sociedad francesa y a través de ellas explicar el espíritu de la época. En Chartres todo es “emoción”: el chapitel “es un poco de sentimiento casi puro de un propósito práctico”, la torre nueva es “en sentimiento cuatrocientos

años más vieja”.

Si el gótico nació para expresar el sentimiento de los hombres, sus manifestaciones arquitectónicas revelan “humanidad” en las formas de sus

piedras. Mientras describe con detalle

Chartres va surgiendo la semblanza de los grandes personajes medievales.

Nombres tan evocadores y legendarios como Eloísa y Abelardo, Ricardo Corazón de León, Robin Hood y, de modo especial, una de las mujeres más importantes y atractivas de la historia, la magnífica Leonor de Aquitania.

Como los arquitectos de las catedrales góticas, que incrementaron sus proporciones hasta el límite de la resistencia del material, aligerando el peso y distribuyendo la carga de modo que todo trabajara para su función y conseguir así a la vez unidad y belleza, Adams habla del gótico, de las cruzadas, de la poesía de los trovadores y el amor cortés o de Santo Tomás de Aquino, y construye con todo ello una gran obra en torno al hombre y sus aspiraciones. “A veces uno pierde la compostura razonando sobre lo que solo se puede sentir”, dice Henry Adams en algún momento de este libro indispensable y hermoso que nunca pierde el equilibrio entre

razón y sentimiento.

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