Un artista del piano que sigue vigente

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Ningún homenaje preparó el gobierno cubano para conmemorar los 120 años del natalicio del compositor Ernesto Lecuona. Una gala dedicada a él por parte del Ballet Nacional de ese país, la presentación de una reedición de un libro epistolar y un concierto del pianista Guillermo Tuzzio y otro de Huberal Herrera, fue como algunos artistas rememoraron su legado.

Distanciado del gobierno cubano por sus críticas al régimen, el pianista está en el olvido, al grado que partituras, fotografías y otros documentos de su propiedad, entre ellos cartas, no se conservan: fueron lanzados a la calle por personas que ocuparon la vivienda de Elisa Lecuona, tras su fallecimiento.

A pesar de ello, el compositor nacido en Guanabacoa, La Habana, cuyas obras son reconocidas por expertos como pilares de la producción más relevante de la pianística nacional e iberoamericana, es hoy, el músico cubano más difundido en el mundo, no sólo por la cantidad de sus obras, 406, sino también por su calidad.

Es un arreglista vigente, al grado que compositores e intérpretes contemporáneos como los cubanos Omara Portuondo y Gonzalo Rubalcaba; los españoles Ana Belén y Raimundo Amador, realizan nuevas versiones de piezas como “Siboney” y “Malagueña”.

Desde niño demostró ser un compositor nato, a sus cinco años realizó su primer recital de piano y a los 13 creó su primera pieza: “Cuba y América”.

Lecuona siempre expresó sus diferencias con el castrismo; pero, luchó por llevar parte de la cultura de su país a diversas partes del mundo. Para él era importante “pensar siempre en Cuba” aunque sea a la distancia durante su exilio en Estados Unidos, en 1960.

“Hay que pensar siempre en Cuba, y laborar para Cuba… ¡Este ha sido mi lema! En mis canciones he procurado que siempre lleven poesías de cubanos… Es un dolor, que habiendo tan grandes poetas en nuestra tierra, haya señores que recurren a los poetas extranjeros… ¿no lo crees tú así? Eso no es hacer labor nacionalista… Es el colmo, que hasta en las obras de canto, tengan por sus versos que arroparse con vestidos ajenos para darles más valor a ellas”, decía al músico y fundador de orquestas Gonzalo Roig, en una carta fechada en julio de 1924.

Y agregaba: “Tengo dos canciones, versificadas por extranjeros, accidentalmente, pero el resto, lleva poesías de cubanos. Y con la orquesta, debes hacer lo mismo, y acabar de una vez con ese extranjerismo que nos empequeñece, y nos está aniquilando”.

Y así fue, durante los años 20 y 30 llevó su música a países como Argentina, Colombia y México. Además de Estados Unidos, España y Francia.

Este viernes el compositor de la célebre pieza “Malageña” cumple su 120 aniversario, sin reconocimiento gubernamental pero recordado por quienes nunca le han dado la espalda: seguidores y artistas, quienes lo mantienen más vivo que nunca.

"Quiero que mis restos vayan a Cuba cuando ésta sea libre"

Martha Cotoret/colaboradores@3.80.3.65

Desde el principio lo tuvo claro: Ernesto Lecuona no quiso vivir nunca bajo el yugo del régimen castrista en su país. Tampoco aprobó el traslado de sus restos a su país natal hasta que goce de libertad plena. “Quiero que mis restos reposen en tierra cubana, pero sólo cuando Cuba sea libre”, escribió el creador de María la O, en su testamento.

El triunfo de Fidel Castro lo llevó a escoger el exilio como modo de vida. Lecuona se va para siempre el 6 de enero de 1960 y se domicilia en Tampa, Estados Unidos. En una carta que le escribió el compositor a Guillermo Fernández-Shaw, le explica lo duro que ha sido para él residenciarse en un país ajeno.

“Del exilio nada nuevo puedo decirle. Desgraciadamente, el mundo cristiano y católico —demócrata por más señas— está unido a unas ‘cosas’, a unos ‘enjuagues’, que me hacen sospechar cosas bien negativas. ¡Un desastre! ¡Un fracaso! En fin, querido amigo, lo mejor, es no hablar de ello”, escribió en la misiva, con fecha del 30 de enero de 1953.

En el texto, Lecuona denunciaba la fuga de alimentos y medicinas a Rusia y la falta de actuación por organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos y la Organización de Naciones Unidas.

“Hace 3 años que salí de Cuba... nada me hicieron ni nada me quitaron materialmente, pero sí hicieron y sí me quitaron: me quitaron la libertad de prensa; de ser yo; mi religión y mi fe, y algo más: me dejaron sin patria. ¡Cerca de medio millón de exiliados hoy!”, reclamaba.

Hasta la fecha, el Gobierno cubano y sus medios han borrado el legado de Lecuona: no existe en Cuba ningún concurso o premio con el nombre del maestro, ni tampoco se le otorgaron premios por su trayectoria en su país.

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