Un pedacito de Cuba

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Por:

Notimex

Rubén Cortés se desvela honesto, directo e intimista en "­Cuba, Cuba!", su tercer libro a la cuenta, donde el periodista mexicano, nacido en esa isla, se muestra como el cubano que añora su tierra, porque como afirma "podemos cambiar de papeles, pero de patria nunca".

Con motivo del lanzamiento de "­Cuba, Cuba!", Notimex se sentó a la mesa del desayuno con este periodista, quien se decidió a hacer un homenaje a ese país, el de los cubanos que no se quieren ir.

"Es un homenaje a la Cuba de la que ninguno habla, ni los analistas, ni los turistas, ni los propios cubanos. Esa que sigue siendo ingenua, limpia y honesta", define como tratando de desgranar lo que a todas luces se siente desde la primera hoja.

Es justo esa claridad la que envuelve las 188 páginas de este volumen, que desde la portada, adentra al lector en un país costumbrista, rural, sencillo, íntimo y revelador.

Se trata de nueve historias verídicas de la vida en la isla, como reza el cintillo en la carátula, y de la que hay muchos mitos.

Lo mismo se lee de Silvio Rodríguez, que de las tumbas olvidadas de Pedro Junco y Polo Montañez o de cómo es obligatorio buscar siempre en Cuba toda huella de Ernest Hemingway y de sus imitadores, que año con año compiten en su aniversario en la taberna Sloopy Joe's, en Cayo Hueso, Florida.

Es reveladora porque lejos del discurso recurrente de aquellos que emigran o se exilian y llaman dictador a Fidel Castro, en "­Cuba, Cuba!", uno se entera de las pequeñas cosas que animan la vida cotidiana, de los avatares de los amantes que deciden ir al monte para amarse antes de entregar su carné de identidad en las casas de citas.

El libro es como meterse a una casa, siendo extraño, y descubrir la ternura de las cosas cotidianas, de aquellas que no se ven a simple vista cuando se cierra la puerta.

Y en cierto modo muestra el arrepentimiento de un hombre que tuvo que salir de su país "para sentirme persona cabal, poder publicar libros sin que los tenga que aprobar un gobierno, ganar un salario decoroso que me permita tomarme un café si quiero".

"Pero eso no quiere decir que no añore lo que allá se queda. Por eso no me dejo llevar y la Cuba que planteo es esa que vive ahí, porque le da la gana", comentó.

"A mí no me da la gana volver a quedarme en este momento de mi vida, pero sí quiero regresar a morirme ahí, a ser enterrado en la misma fosa donde está mi madre y donde quedará también mi viejo (mi padre)", confiesa el autor.

El tinte político no puede abstraerse de las historias, pero lo hace de forma natural casi sin percibirse y sólo deja al tiempo la esperanza de que las cosas cambien; mientras que el escritor revela el miedo de que "un capitalismo egoísta y salvaje terminaría por devorar todo aquello".

En la introducción hay una justificación en ese sentido: "Mi generación, la nacida durante la primera década en el poder de la revolución fidelista, intentó 20 años después hacer por el país algo más que obedecer y sacrificarse. Pero en aquel momento fue difícil. O no se pudo".

"Sin embargo, estamos a tiempo. Es una generación que se encuentra en la cúspide de su inteligencia y de sus facultades físicas para coadyuvar a que la isla mantenga sus virtudes actuales de independencia política, patriotismo y seguridad social", expresó.

"De educación y salud gratuitas, de defensa del suelo patrio y también, contribuir a impulsar y fortalecer la libertad de expresión, de reunión, de empresa y de circulación de personas en una sociedad plural", adujo.

Es pues un trabajo que además de poseer una narrativa impecable, se muestra maduro en el sentido de poner sobre la mesa hechos de personas reales, con nombre y apellido, pero que dejan en su paso la añoranza y donde "el narrador no critica a nadie y no tiene ánimos patrioteros, ni contestatarios", confirma Cortés.

"­Cuba, Cuba!", remata el autor, incluye las historias de "cubanos que son dignos por sí mismos, que no los hizo dignos la revolución.

Yo no vine a México atraído por Pancho Villa, sino sencillamente porque es un país generoso. Por eso me encantaría que se lea como un libro sincero".

La sinceridad se lee en párrafos, como el que se refiere al famoso pelotero cubano Rey Vicente Anglada Ferrer, quien fue sancionado junto con 16 peloteros más por conducta antideportiva. Cortés confiesa como su favorito el capítulo titulado "La justicia de la revolución".

"Yo tenía 18 años y la decepción por el fin de su carrera como pelotero me duró hasta los 45, porque jamás volvía disfrutar un juego de pelota hasta que una tarde de domingo, en la Ciudad de México, agarré una banderita cubana que tenía colgada de un palillo de dientes en mi librero y me fui con mi hijo Santino al partido Cuba-Sudáfrica, de una eliminatoria de Clásico Mundial que se jugó en el estadio del Foro Sol", apuntó.

Y que termina con un argumento igualmente sincero: "la revolución no es una cena de gala".

En menos de dos días puede devorarse "­Cuba, Cuba!", y con ello se consigue ver a la primera nación socialista a 90 millas de Estados Unidos, como algo más que dictadores, jineteras, revolución, y redescubrir lo que tiene más allá de lo que se sabe en los medios y las historias de aquellos que no han vuelto.

arf