Miércoles 23.09.2020 - 01:34

Una pregunta marca el regreso de Bolaño

Una pregunta marca el regreso de Bolaño
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Con una pregunta corta, apenas cinco palabras, arranca la novela inédita de Roberto Bolaño, esperada largamente y que se convertirá en uno de los acontecimientos editoriales de la temporada. “¿Me permite hacerle una entrevista?”. Una cuestión sencilla con una respuesta que también lo será. Y partir de ahí se despliega todo ese universo que lleva la marca indeleble del escritor.

El título de la novela es El espíritu de la ciencia-ficción (Alfaguara, 2016) e incluso se considera que podría ser un más que probable antecedente de Los detectives salvajes, la obra más emblemática del autor: “Puede leerse como una suerte de previa historia de adolescencia de aquellos salvajes sabuesos literarios”, según la información facilitada por la editorial.

De ella habló en alguna ocasión el escritor en su correspondencia en los 80. Está fechada en Blanes en 1984 y se sabe que es un proyecto que mantuvo con vida incluso después de ese año. Es el tiempo en que dio forma a Monsieur Pain, Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, escrita a cuatro manos con A. G. Porta, el cuento El contorno del ojo y La

universidad desconocida.

La novela gira alrededor de dos jóvenes poetas latinoamericanos, Jan Schrella y Remo Morán, en la Ciudad de México de los sesenta, obsesionados por la poesía y, sobre todo, por la ciencia- ficción, que devoran. Su objetivo, quizá un pecado de la edad temprana que el tiempo tratará de curar (pues tienen entre 17 o 18 años, no más), es ganarse la vida con la literatura.

Pasan las horas amarrados a lo alto de una azotea de la emblemática Avenida de los Insurgentes, inmensa, como una brecha en mitad de la ciudad, una avenida que no se acaba nunca, como el deseo de conocer de estos dos chavales.

¿Quién es ése escritor que habla frente a una grabadora, que acaba de ser distinguido, que presume de ser impertinente? Quien responde a la primera pregunta de cinco líneas: “Sí, pero que sea breve”. Nunca se dice.

Es este retrato que pinta un fresco de aquellos años, al tiempo tan lejanos y tan cercanos, en un país sediento de revoluciones. Y todo lo que a ellos les acontece, las letras, el sexo, las largas conversaciones, transcurren en ese intervalo de tiempo de duermevela que separa la noche del día.

El arranque de este volumen es contundente. La transcripción de una entrevista que pudo ser y no fue realizada por una reportera a un autor premiado. Regada con alcohol, celebrada. Ella, en un momento de ese encuentro cuasi onírica, le espeta: “Los periodistas trabajamos como esclavos”.

La narración, que mezcla ese duermevela tan propio de Bolaño, con realidad y ficción como un mosaico: “Me sentí perdido y feliz en medio de aquella escalera. La escalera misma, que antes no significaba nada especial, se transformó en algo extraordinario, mitad serpiente y mitad despeñadero”.

O la alusión que hace a los servicios públicos distribuidos por la ciudad: “... a medida que avanzábamos se fue abriendo alrededor nuestro el abismo, la gran escenografía negra de los baños públicos. Así como el rostro oculto de otras ciudades son los teatros, los parques, los muelles (...), el rostro oculto del DF se hallaba en la enorme red de baños públicos, legales, semilegales

y clandestinos”.

Alrededor de estos dos personajes pulula José Arco, un joven atado a una moto Honda, inseparable de Remo en sus correrías. Y entre medidas, como enredadas en la trama y los cuerpos de Jan y Remo dos mujeres, Lola y Angélica Torrente. Un universo que está también compuesto por Estrellita, Laura, La Muñeca, Don Ubaldo Sánchez, el Doctor Ireneo Carvajal, El Mofles y la Reportera, esa periodista aficionada al vodka que entrevista a un escritor cuyo nombre no se dice, cuyo nombre no se sabe.