Cumbre borrascosa

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En estos días se celebra en Madrid la sexta cumbre de la Unión Europea y América Latina y el Caribe. A diferencia de las cinco anteriores, ésta parece producirse en una coyuntura ventajosa para los gobiernos latinoamericanos y caribeños. Paradójicamente, esta pobre y desigual región del mundo ha sorteado mejor la crisis económica internacional que la desarrollada Europa.

La cumbre de Madrid es protagonizada por líderes rebasados por dificultades domésticas. La inseguridad, el narcotráfico, la miseria, en el caso de los latinoamericanos; el déficit, la devaluación y la inestabilidad financiera, en el caso de los europeos. El hecho de que los problemas de una y otra región sean tan diferentes y que la asimetría entre las integraciones de ambos bloques sea tan evidente podrían favorecer la colaboración multilateral.

Bruselas ha avanzado mucho en la última década como espacio aglutinador de los intereses nacionales europeos. América Latina y el Caribe, en cambio, no han logrado una integración equivalente y las alianzas regionales conformadas (Mercosur, Unasur, ALBA, países andinos, Centroamérica, Caribe) poseen diversas prioridades en materia de política exterior.

Itamaraty, la cancillería brasileña encabezada por Celso Amorim, ha priorizado el proyecto de los BRICS, mientras la Venezuela de Hugo Chávez se ha enfocado, sobre todo, en su conexión estratégica con Irán y Rusia. Otros importantes miembros del ALBA, como Bolivia y Ecuador, han vivido tensiones con la Unión Europea por las políticas económicas estatalizadoras que promueve el “socialismo del siglo XXI”.

La Unión Europea no oculta sus diferencias con América Latina en temas como el golpe de Estado en Honduras y la falta de democracia en Cuba. En el primer caso, Europa apuesta por la normalización de relaciones con el gobierno de Porfirio Lobo, mientras que en América Latina predomina la percepción de este último como ilegítimo. Vísperas de la cumbre, cuando Brasil y Unasur condicionaron su asistencia a la exclusión de Lobo, Bruselas mostró desagrado, pero ningún gobierno latinoamericano, ni siquiera el mexicano, se opuso.

En cuanto a Cuba, la Unión Europea y América Latina y el Caribe comparten el rechazo al embargo comercial de Estados Unidos, aunque divergen sobre el lugar que ocupan los derechos humanos en la política exterior de sus naciones. Para los europeos, la crítica a la violación de los derechos humanos en Cuba y la interlocución con los disidentes de la isla no pueden ser eliminadas de las agendas bilaterales.

A pesar de todo, esta cumbre no será inútil. Su principal avance será el protocolo de la firma de un acuerdo de libre comercio entre Mercosur, la zona más ventajosamente integrada de América Latina y el Caribe, y la Unión Europea. Que sea Mercosur, y no otra región latinoamericana, la más favorecida en esta cumbre no es gratuito. Es en Mercosur donde la idea pragmática de la integración se ha impuesto más claramente a los prejuicios ideológicos de la izquierda o la derecha.

rafael.rojas@razon.com.mx

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