David Bowie cantó a las arañas de marte y murió “como quiso”

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La legendaria estrella del rock, David Bowie, “siempre hizo lo que quiso hacer. Y lo quiso hacer a su manera y de la mejor forma posible. Su muerte no fue diferente al resto de su vida”, dijo su productor Tony Visconti y así fue: dos días antes de fallecer
—en el que sería su último cumpleaños—el camaleón presentó su disco Blackstar, a manera de despedida.

La noticia de su muerte tras 18 meses de luchar contra el cáncer cayó como balde de agua fría a sus amigos y seguidores, quienes no daban crédito. En la entrada del edificio de Lafayette 285, en Soho, Nueva York, fans le llevaron flores y velas. Mientras que en el barrio londinense que le vio nacer, Brixton, Londres, admiradores de todas las generaciones y de diversos países le daban el último adiós.

Sus seguidores se acercaban al mural pintado en su honor por James Chran, en la pared de un supermercado en Tunstall. Ahí entonaron las canciones del intérprete de “Space oddity”, colocaron flores, veladoras y máscaras, entre otros artículos.

“Bowie lo era todo para mí. Influyó mucho en mi vida desde los 11 años. Si no hubiera tenido a David Bowie como héroe, probablemente jamás me habría hecho artista”, aseguró a la agencia AFP, Nydia, escritora británica de 45 años.

El cantante y compositor que se caracterizó por “adelantarse a su tiempo”, llegó también al mundo del teatro, la moda, la pintura y el cine, participando en cerca de 30 filmes, logrando traspasar las fronteras de edades de sus fans, incluso de músicos en los que influyó como Lady Gaga, U2, Franz Ferdinand, The Cure, Marilyn Manso, Guns N’Roses, Nine Inch Nails, entre otros.

Con su personajes Ziggy Stardust, Aladdin Shane y Lazarus, simbolizó cada etapa de su vida artística, convirtiéndose en un performance: desafiando lo convencional en la moda y la sexualidad. En la música lo mismo experimentaba en el rock, soul, funk y jazz, que en el pop y la electrónica.

Un artista que vendió aproximadamente 136 millones de discos a nivel mundial que no paraba de trabajar tal como lo decía en 1976, en una entrevista con Cameron Crowe para Playboy: “Escribo canciones y guiones y poemas, pinto, hago electrofotografía, me administro, actúo. Produzco, grabo, en ocasiones voy de gira. Podría darte cinco álbumes nuevos e inéditos de David Bowie ahora. Podría entregártelos simplemente. Tengo un increíble trabajo pendiente. Trabajar, trabajar, trabajar…”

Nunca se detuvo: “Bowie no pensaba en lo que estaba de moda sino en lo que iba a suceder en el futuro, cada disco que grababa era diametralmente distinto al anterior, una propuesta totalmente opuesta, él siempre estaba buscando algo nuevo por eso llegó a influenciar a tantos artistas”, destaca en entrevista con La Razón, Arturo J. Flores, crítico de música y editor de Playboy México.

También, “era un artista visual muy productivo: su último video, ‘Lazarus’, es un poema visual, aparece tumbado en una cama aparentemente con mucho miedo. Uno pudiera pensar que estaba todo planeado, a mí me parece sorprendente, siguió haciendo música hasta el final de su vida”, expresa Flores.

Y es que “Lazarus” parece un video premonitorio de su muerte; en éste el intérprete de “Changes” canta “mira aquí arriba estoy en el cielo”, acostado en una camilla con los ojos vendados, aferrándose a las sábanas. Aparece autor del elogiado álbum Heroes, enfermo y asustado, pero, también el artista: a la mitad del video luce una vestimenta oscura; está peinado y maquillado.

Tras su muerte, se interpretaría que este video también formaba parte de su despedida, el adiós de la estrella que le cantó a las arañas de Marte.


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Las caras del “extraterrestre”

Sí, es cierto David Bowie hizo de sí mismo una figura musical trascendente: ambigua, extravagante, desvariada. Dicen los especialistas que suscribió el más carismático personaje de la cultura popular del siglo XX. Piano, voz y guitarra que transitó por los espacios del folk psicodélico, glam rock, electrónico, jazz, hip hop, funk, soul/blue-eyed (los cantantes afroestadounidenses lo calificaron de plastic soul: no le gustó escuchar a un blanco incursionando en un género que encaja el góspel, el R&B y el funk). Pero, el hijo del barrio de Brixton, Londres, supo incorporar una lírica de apuntes intelectuales que indiscutiblemente renovó el concepto rock. Imagen andrógina y bisexualidad declarada que cautivó en los años 70 a Estados Unidos, y violentó los códigos morales de una sociedad marcada por la simulación. Si el tema “Fame” —coescrito con John Lennon— significó su consagración en Estados Unidos desde tentadoras concordias de funk/rock, no hay que olvidar que ya a finales de los 60 la composición “Space Oddity” confirmaba a Bowie como un transformador axiomático del rock. Heredero de Little Richard y Elvis Presley, el autor de “Starman” fue más que todo un provocador: los gestos de su álter ego, Ziggy Stardust, lo confirman. “Retó al núcleo de la música rock de la época”, ha dicho su biógrafo, David Buckley. Bowie actor. Bowie compositor (imaginativo neoclasicismo, y referencias literarias y filosóficas que acuden a textos de Lovecraft, Nietzsche, Jean Genet…). Bowie vocalista (mudanzas de octava en ostinato melódico de singular efecto dramático —amante y conocedor del music hall— en los linderos y recursos de un crooner. Vibrato caprichoso en el uso de escalas sorprendentes). Morir a los 69 años, dos días después de su cumpleaños, una puesta en escena al estilo glam rock.

Carlos Olivares Baró