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Foto: Especial

El don de la música y las bicicletas sabe muy bien que un concierto tiene que ser un suceso inolvidable en la vida de los sobrevivientes. Salir y decir: ha sido el mejor concierto al que he ido. Nuevamente tuvimos la oportunidad de ver y escuchar a David Byrne, el tres de abril en el Teatro Metropólitan (en los noventa tocó su disco Rey Momo en el Teatro Ángela Peralta), pero esta vez logró darle una vuelta por completo al formato y a la idea que tenemos de un concierto de pop, rock o jazz. Una especie de Fantasía africana, orquestada por un brujo de pelo blanco e instrumentos musicales que cobraron vida.

Byrne es un artista multitask, reconocido por liderar a uno de los grupos de rock más innovadores en los setenta y los ochenta, y por ser un experimental que fusiona ritmos y géneros sin fronteras. También es autor de una decena de libros, el último es How Music Works, y colaborador en diversas locuras de cine y teatro. Así montó la puesta en escena que presenciamos sobre el drama del hombre actual, American Utopia, también forma parte de algo más grande con el Ensamble Vocal de Jazz de la Escuela de Artes de Detroit, una ciudad abandonada que le interesa al Byrne urbanista. La casa, la colonia, la ciudad también son materia musical, tocó tres canciones dedicadas a la casa: “Everybody´s Coming To My House”, “Once In A Life Time” y “Burning Down The House”.

La casa, la colonia, la ciudad también son materia musical para Byrne.

En medio de un escenario vacío, iluminado con arte y ciencia, su cerebro reposaba sobre una mesa. Minutos después, Mr. Cabeza Parlante apareció descalzo, con un micrófono de diadema y traje gris para encabezar un ensamble musical caleidoscópico. Un espectáculo
finísimo, creado con doce músicos-bailarines que ejecutaban coreografías mientras tocaban cada una de las veintiún canciones. La sincronía con la iluminación era un prodigio porque los músicos y sus instrumentos se convertían en fuentes rítmicas de sonidos, en escenografía viva para las interpretaciones de Byrne. Tocaron varias canciones de
American Utopia, “Here”, “Dog’s Mind”, “Doing The Right Thing”, “I Dance Like This” y “Everyday Is A Miracle”.

Pero David Byrne tiró la casa con las piezas clave de Talking Heads. Cuando visitó México para presentar el libro Bicycle Diaries en 2010, en una conversación confesó sentirse cansado de que los fans lo encasillaran con su grupo de rock porque su obra era más grande. Afortunadamente eso ya no es así, porque tocó no una ni dos, sino ocho canciones de su época con Las Cabezas Parlanchinas, entre ellas: “I Zimbra”, “Slippery People”, “This Must Be The Place”, “Born Under Punches”, “Blind” y “The Great Curve”. Más que un concierto inolvidable, David Byrne y su grupo establecieron una marca. 

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