De Gaza a Jerusalén

VOCES DE LEVANTE Y OCCIDENTE

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Una hora en auto es la distancia que separa Gaza de Jerusalén; sin embargo, lo que se vivió esta semana en ambos lugares son escenarios que no podrían estar más alejados el uno del otro. Mientras en Jerusalén se celebraba el traspaso de la embajada estadounidense de Tel Aviv a la capital, en Gaza decenas de jóvenes morían a manos de francotiradores israelíes.

Como siempre sucede cuando se desata otro capítulo del conflicto palestino-israelí, rápidamente los medios y actores involucrados salen a  defender su narrativa y la opinión internacional toma un lado u otro, sin entender bien lo que sucede, como si esto se tratase de una lucha maniquea.

Por un lado, de acuerdo con la derecha israelí, lo que sucede en Gaza es culpa de Hamas, un grupo terrorista que ahora gobierna la Franja, que busca la destrucción de Israel. Si en Gaza no hay electricidad, agua, empleo y drenaje, nos dicen, es culpa exclusiva de Hamas.

Por otro lado, según la narrativa palestina, Israel tiene el ciento por ciento de culpa de lo que sucede, pues controla el flujo de bienes y personas dentro y fuera de Gaza y continúa ocupando Palestina. Y así sigue la discusión, cada parte adjudicando entera culpabilidad al otro lado, eximiéndose a sí misma de responsabilidad.

Y es que no hay nada más fácil que tirar la bolita, pues de esta manera no hay que en verdad preocuparse por cómo detener la enorme crisis humanitaria y mejorar las terribles condiciones de vida de los habitantes de Gaza. Y es así como escudados en este maniqueísmo, la derecha israelí y Hamas continúan en el poder.

Hamas escapa de esta manera de su incapacidad para mejorar las condiciones de vida en la Franja y para sostener un acuerdo de reconciliación con la Autoridad Palestina, es así como justifica su régimen de terror y el gasto millonario en construir túneles para atacar a civiles israelíes, mientras su población no tiene qué comer. Es por esto que a lo largo de estas semanas, es Hamas el que ha alentado a estos jóvenes a acercarse a la frontera, organizando autobuses que los llevan a manifestarse; y es que para Hamas estos jóvenes sin esperanza son carne de cañón, su muertes le sirven para culpar a Israel de todos los males y así sostener su régimen extremista.

Para Netanyahu, estas manifestaciones no son sino muestra de que los palestinos no están dispuestos a sentarse a negociar y de esta manera continúa justificando su falta de voluntad para  tomar decisiones y la continuación de la expansión en Cisjordania, “si tan sólo no estuviera Hamas del otro lado”, nos dice. Propongo entonces una reacción diferente a los sucesos. Condenar paralelamente al régimen de derecha extrema de Israel y al fanatismo de Hamas. Porque al final, ganar la batalla de quién es más moral podrá hacer a la gente sentirse bien, pero tendrá un efecto nulo, pues mientras la derecha extrema palestina e israelí no se vayan a sus casas, el conflicto continuará; sus víctimas principales, los pobladores de Gaza.

Gabriel Morales Sod

Gabriel Morales Sod

Gabriel Morales Sod es licenciado en Relaciones Internacionales por El Colegio de México y candidato a doctor en Sociología por la Universidad de Nueva York. Escribe sobre Medio Oriente, política estadounidense y política internacional.
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