El ciclista no vio el vehículo que se le venía encima, el conductor no vio la bicicleta que apareció de la nada. Yo vi ambas y tenía que tomar una decisión, odiaba que me asignaran a este tipo de situaciones inferiores. Detuve el tiempo, revisé mi dispositivo, cuatro carpetas, la primera de Juan X, ciclista, padre de dos, el mayor terminaría en la cárcel por la falta de su padre en su desarrollo y el menor se quedaría atrapado en las drogas, nada más que fuera relevante. La segunda de Juan X describía la vida de un padre amoroso y deportista que si bien, no fue especialmente exitoso en términos económicos, esa despreocupación le permitió pasar más tiempo con sus críos generando un fuerte vínculo que se traduciría en valores universales hasta enfermar de Alzheimer. El mayor, estudió una carrera con no muy buen promedio pues se dedicaba a observar y escribir una serie de conclusiones sobre la vida que derivaron en lo que sería una novela de gran impacto para la siguiente generación. El menor, por su parte, estudiaba medicina cuando su padre se enfermó de Alzheimer, en la búsqueda desesperada por curarlo, sintetizó una proteína que regeneraba la edad cerebral, lamentablemente para él, no pudo salvar a su anciano padre y no obstante se convirtió en el precursor de la cronoterapia que aumento casi al doble, la vida promedio del ser humano.

Las otras dos carpetas, Fernanda Z, soltera. La primera solo aparecía la palabra “muerta en accidente vial”, la segunda hablaba de la fundación que sería creada por ella, que modificaría la forma de aprendizaje de los niños de 0 a 6 años provocando que las instituciones de educación básica, media superior y superior, tuvieran que adaptarse al nuevo paradigma educativo. En tres generaciones, el nivel de cultura de la raza humana estaría en su cúspide generando el intercambio multifactorial en investigación que llevaría finalmente a la dispersión de la especie por el cosmos.

Ahora entendía la razón de que me enviaran, no era una decisión de ajuste nada más, era una decisión toral, era la definición de un futuro mutuamente excluyente, sería el interno y contemplativo tiempo de reflexión dentro de un solo lugar o, la efímera vida, creativa y en ocasiones violenta competición por la expansión y colonización del entorno.

Era una decisión crucial y no contaba con atenuante alguno para tomarla, solo mi criterio pero, apostar todo el futuro de la especie en mi criterio era una pesada carga, una que de solo pensarlo me hacía estremecer. Cierto, podía generar ajustes en la línea temporal sin una intervención intrusiva que si bien afectaba de vida o muerte a un sector de la población, este era un cambio de proporciones inimaginables. Sí, entendía que fuera yo, sin humildad fingida, el mejor interventor temporal de, literalmente, todos los tiempos quien fuera el designado para este ajuste y no obstante, las escuetas carpetas me daban un esbozo general, uno que modificaba el todo, uno que ninguno de los que habíamos sido extraídos del flujo para mantenerlo, podíamos ni debíamos conocer, generalmente recibíamos indicaciones aunque tampoco era extraño que nos dejaran una elección a criterio nuestro pero, uno de esta magnitud, no sabía nunca que se hubiera llevado a cabo. Era una situación imposible, además de la extraordinaria coincidencia de que dos seres influyeran tanto en el futuro, ambos en la misma época, en el mismo lugar, que se encontraran en el mismo cruce y que tuvieran un accidente en el que uno de ellos, al morir, borraría esa línea futura.

Tuve que regresar unos años y observar los momentos definitorios de integración de personalidad de X y Z, quizá conociéndoles podría facilitarme la elección, esa fue la justificación, sin embargo, dentro de mí, la intención era tan simplista que ni siquiera me atrevía a decirla en voz alta… tendría que basar mi decisión en la mas subjetiva de las apreciaciones, en ver si a través de la empatía, del “me cae bien” podría elegir.

El nacimiento de su hijo llenó de alegría a Juan, estaba especialmente contento porque había salido igualito a su mamá, no es que él fuera feo pero ella, ella era la mujer más hermosa que nunca hubiera visto y cada día, daba gracias de que lo amara con todos sus defectos. De vez en cuando le reclamaba la falta de liquidez pero, tampoco era tan frecuente, solían pasar largas temporadas disfrutando su compañía mutua y la del mayor de sus hijos, ahora, con este segundo bebé, sería más complicado pero, mucho más divertido. Sí, estaba feliz de que su bebé tuviera el rostro de su amada.

– Señor X.- El Dr. inhaló profundamente y soltó la mala noticia. Juan no supo como reaccionar, apenas hacía unos segundos pensaba en el maravilloso futuro y ahora la vida le pegaba de bofetadas. Vio a su hijo recién nacido, el enorme parecido con su mujer y lloró desconsoladamente, él sería su recuerdo.

Cuando descubrió la infidelidad, Fernanda estuvo a punto de terminar con su vida, apenas hacía una semana que les habían dado la mala noticia de que era estéril, sus sueños, sus planes, sus ilusiones habían quedado destrozados y no obstante, él le había prometido que seguiría a su lado, que adoptarían y que la boda que estaban planeando, se llevaría a cabo con toda la majestuosidad que “ella merecía”. Una semana, a los siete días, todavía con depresión, decidió darle una sorpresa para agradecerle que estuviera a su lado. Pidió el día en la escuela, cocinó su comida favorita y con lo que había ahorrado para el bebé, le compró el reloj que sabía le encantaba pero que se le hacía demasiado caro. Le pidió a su cuñada la llave del departamento y entró para darle la sorpresa y decirle lo mucho que lo amaba… A la vida le gusta dar sorpresas más que recibirlas y el amor… el amor es química nada más. Fernanda se quebró.

Decidió seguir viviendo pero ahora, sería ella sola y si no podía tener hijos, le dedicaría su vida a los de otros. Si algo había aprendido es que… los niños nunca mienten en lo que sienten.

No me era posible decidir, ambos eran buenos seres humanos que en lugar de revolcarse en el dolor, habían decidido seguir, uno siendo el mejor padre, otra, supliendo la maternidad y entregándose a la niñez; por el tiempo de amor paterno se modificaría la vida de un hijo; la ausencia de un hijo le daría tiempo de entregarse a un trabajo que modificaría la forma de aprendizaje de los hijos de los demás.

Regresé al momento, podía hacer tropezar la bicicleta para que Juan X cayera, esto haría que Fernanda Z girara violentamente el volante y se estrellara contra el poste de concreto muriendo instantáneamente o, podía dejar que el rumbo siguiera, que la SUV arrollara la bicicleta matando a Juan pero conservando la vida de Fernanda. Ninguna opción me parecía correcta, ambos merecían más… quizá… no, eso estaba prohibido… pero…

Tomé una decisión, una que probablemente generaría enormes ondas en el estanque del tiempo y no obstante, decidir me dio una paz que nunca había sentido. Giré el volante de Fernanda apenas unos centímetros al lado derecho.

Escuchó el impacto y vio el mundo ponerse boca abajo antes de sentir el intenso dolor de la pierna izquierda y el pavimento lo recibía violentamente.

El golpe sordo la sacó de sus ensoñaciones, pero ver el cuerpo volando la sumió en un estado de terror incomparable. Pegó un frenó y bajó de la camioneta mientras marcaba el 911. El hombre estaba tirado en el suelo con una fractura expuesta y un reguero de sangre. Sintió frío al verlo hasta que se movió y el color regresó a su tez.

-Mis hijos.-

-¡No se mueva! Ya llamé a la ambulancia.-

-Mis hijos, están solos.-

Fernanda sufrió una eternidad de angustia mientras llegaba la ambulancia y solo se permitió respirar cuando el paramédico le dijo que el señor estaba grave pero, no en peligro mortal.

Su seguro se haría cargo de todo pero, no podía quitarse las palabras del desconocido que acababa de atropellar, así que fue con él al hospital mientras dejaba a cargo al ajustador. En el hospital le pidió a la única enfermera con rostro amable que si le podía dar la cartera de su amigo, la mentira le supo amarga pero, necesitaba averiguar su dirección. Apenas la tuvo, dejó su número de celular y pidió un taxi para que la llevara al domicilio de Juan Xi. Tocó la puerta nerviosa, un joven de unos diez años se asomó.

-Lo siento, no puedo abrir, se supone que no hable con desconocidos pero no deja de tocar y ya despertó a mi hermanito.-

-Hola, soy amiga de tu papá, me pidió que viniera por ustedes para llevarlos con él.-

-¡Ah! Ok.- Abrió la puerta y corrió a ver a un niño de unos cuatro años que estaba destruyendo concienzudamente la construcción de bloques de colores que estaba sobre la mesa. La casa estaba ordenada pero, desde la perspectiva de un hombre.

Tomó a los niños y fueron al hospital. Ahí pasó toda la noche con ellos mientras su papá estaba en cirugía, los llevó a cenar, les compró comics, chucherías y jugó con ellos para distraerlos. Los niños estaban increíblemente pegados a su papá, se distraían pero veían de reojo a la puerta esperando noticias, el pequeño preguntaba constantemente y el mayor lo abrazaba tranquilizándolo. No pudo evitar enamorarse de ese par de niños que mostraban una madurez cariñosa y por un instante sintió el anhelo casi olvidado, de ser madre.

-Todo está bien.-

El alivio que sintieron los tres fue palpable pero el beso que el más pequeño de los niños le había dado, palpitaba en su mejilla. En ese momento decidió que no saldría de sus vidas, quizá su papá pudiera perdonarla por el accidente y ella podría ir de vez en vez, a darle tutorías a los niños, en especial al pequeño con el que se había encariñado enormemente… solo el tiempo diría.

No sé si mi decisión fue correcta, no sé si arruiné ambas líneas temporales, desde que tomé la decisión mi dispositivo está en blanco, no puedo salir del “tempore obstruxerunt” pero, en estos momentos no me interesa lo que suceda en el futuro, el día de hoy, extrañamente, es lo único que importa.

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