Chivas, favorito al ser el unico equipo grande en semifinales

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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Foto Mexsport

El balón aún no rodaba y partido ya hervía, el silbatazo inicial fue el punto de ebullición y desde el primer minuto el espectáculo no defraudó.

El Rebaño demostró, de inmediato, que el estadio Jalisco nunca dejará de ser su casa, lucía cómodo, confiado, como si nunca se hubiera ido. La actitud de los visitantes sedujo al esférico, se fue con ellos, hicieron química y el idilio fue inevitable.

Cuatro minutos fueron suficientes para que los rojiblancos hicieran patente su dominio. Raúl López, una pesadilla constante por la banda derecha, sacó un centro que fue rechazado por Kannenmann, pero fue al centro, lección básica que olvidó el zaguero atlista; al borde de l área grande, el esférico fue al encuentro de Fabián, quien sacó un escopetazo, más rápido que la vista de Federico Vilar, para abrir el marcador, para bailarle a Tomás Boy y para ganar el pique generado a mitad de semana con el entrenador.

Sin embargo, dos minutos después los Zorros le borraron la sonrisa al rival con la misma dosis: un disparo de larga distancia que atravesó la zaga del chiverío para finalmente dejar parado a Luis Michel. El show apenas comenzaba.

Apenas iban 6 minutos y el boleto pagado ya había desquitado cada peso, pero vendría lo mejor. Marquito se olvidó de diminutivos y asumió con madurez su calidad, aquella que suele dejar muchas veces en el vestidor, pero que ayer deslumbró con goles, cada vez de mayor manufactura.

El reloj marcaba el minuto 16 y el número ‘33’ condujo por la banda derecha una pelota que perdió la Academia en media cancha; el volante avanzó con el consentimiento de una floja marca, miró la posición de Vilar y le pegó, no tan fuerte, pero con una parábola que superó al arquero y se anidó al segundo poste, muy cerca del ángulo.

Atlas estaba irreconocible y parecía que la sangre no corría por sus venas… habían tirado la toalla. El único que intentó reaccionar fue Boy, quien intentó recomponer su frágil banda derecha con la salida de Venegas y la entrada de Castillo.

Nada funcionó, Marco sacó un nuevo recurso y selló su gran actuación. López volvió a ser su aliado, le envío servicio raso, Fabián giró, fintó con tirar, recortó y colocó el balón de zurda, con maestría. La tribuna coreaba su nombre, era el gran héroe.

Llegó el descanso, con la esperanza del orgullo atlista herido, pero sucedió lo contrario, terminó por ser lapidado. Raúl López, el segundo mejor jugador del partido, de nuevo asistió, ahora a Omar Bravo, quien se suspendió en el aire, no sólo para anotar sino también para rozar en la gloria a Chava Reyes… ya sólo está a un gol de empatarlo como el mejor goleador rojiblanco.

El fin del partido llegó al minuto 55 cuando un aficionado atlista se metió al campo, no era un espontáneo más, su intención era agredir a sus propios jugadores. Su actitud provocó que varios elementos de la porra intentaran hacer lo mismo, los ánimos se calentaron, la tragedia rondaba, pero afortunadamente un ridículo número de policías lo evitaron. El duelo se suspendió 20 minutos y polémicamente se reanudó.

El conato apagó el encuentro, ambos equipos sellaron el trámite y Chivas avanzó a semifinales.

Barra expulsada y el Jalisco clausurado

el ayuntamiento de Guadalajara clausuró este domingo el estadio Jalisco, tras la invasión de pseudoaficionados de Atlas a la cancha del inmueble.

Las autoridades tapatías informaron esta medida a través de su cuenta oficial de Twitter.

La entrada de elementos de la barra rojinegra al terreno de juego y su posterior enfrentamiento con los elementos de seguridad provocaron la suspensión del Clásico Tapatío durante 20 minutos.

Debido a estos incidentes, los seguidores de Atlas fueron consignados a las autoridades.

Además, la Barra 51 del Atlas será expulsada y no podrán entrar al estadio Jalisco de manera indefinida, anunció la directiva rojinegra. Incluso, el dueño del equipo, Ricardo Salinas, reprobó el comportamiento de sus aficionados.