Gitano truena serenidad y variedad de un Zapata; siempre, muy impuesto

Gitano truena serenidad y variedad de un Zapata; siempre, muy impuesto
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Torera la luna del lobo, torera la tarde duodécima, clave entre los carteles, caía a tiempo la orquesta con los tendidos, ya no esperando ningún otro toro vivo. Casi deshabitados los tendidos, asomaron por el callejón El Zapata, oro sobre oro; Jerónimo Ramírez Arellano, tabaco y oro; Antonio Mendoza, marino y oro blanco; todos queriendo cortar orejas de una ganadería, Pozohondo, que homenajeaba a su sangre ancestral, Torrecilla.

Señorito, alto zaino paliaperto vuelto astifino de un poco más de media tonelada, salió avante y reservón, casi no se vio en su palazo, mínimo y discreto, pero hizo lucir mucho en banderillas a Uriel Moreno El Zapata, quien por quites desdibuja una media caleserina combinada con media chicuelina.

Sin celo fue creciendo el tercer tercio, y el coleta tlaxcalteca tuvo que ir suavizando la muleta en ninguna embestida. Aún adornándose en lo posible, El Zapata gozó mucho por naturales, molinete invertido, este primer pozohondo de la tarde que desarmó en una caída de ojos. De detalles también estuvo plena la tanda de aliño, desaliño de un burel que no dejó de escarbar y recibió la espada oficiosa del serio Zapata quien se cortaba así el primer triunfo de la cita.

Para Jerónimo, Barba azul, bicho bragado de 531 kilos de fuerza muy justa, veleto de armas, corto de hechuras, al que César Morales casi no le inyectó la puya y al que los palitroqueros despacharon con poca soltura. Luego de un quite por chicuelinas y rebolera sin eco, el tercio de muleta fue asilenciándose poco a poco al deletreo del matador capitalino, mejor por naturales, entusiasta, pero desatendiendo a su animal, exagerando su lucimiento antes de finiquitarlo erróneamente, pero cortando la segunda peluda.

El dato. Los toros llevaron nombres históricos de la dehesa antigua Torrecilla, que padrearon a la ganadería de este domingo, Pozohondo, y que conforman la estampa del toro mexicano.

Caribello, Traguito, berrendo en claro, botinero rabicano, bajito enmorrillado alunarado casi sin rabo de 534 kilogramos y un par de pitones de compás muy abierto. Alfredo Ruiz lo cuida en la vara, Rafael Romero y Jorge Rivera lo descuidan por rehiletes. Estoico, Mendoza arrancó emociones desde los pases de pecho iniciales y fue avivando bien por derechas, en dosantinas con bicho a medio gas y una tanda de manoletinas estatutarias de mucho poder. Lamentando el propio espada michoacano su ejecución con la toledana, corrió la mano tres veces antes de concluir con aplauso general del respetable.

Con una variante lucidora de recibo, de nombre tacita, el Zapata se imponía en las mismas tablas donde ya iba a trascender con sus tres pares de banderillas, puestos al quiebre y al hilo, ganándose una vuelta al ruedo por ese segundo tercio de mucha energía eléctrica. El varilarguero López pasó sin gloria, casi como sencillo prólogo de los quites variopintos, el ojalá, la vizcaína y una rebolera del matador de Tlaxcala. Por la muleta, Gitano y sus 510 kilos de peso, sus ojitos de perdiz y su aplomo siguieron alborotando a un público que aisladamente reclamó lo pasado de tandas; pero una dozantina recia y espadazo con maroma espectacular de Uriel calló bocas con dos orejas. La noche alzaba la noche.

Porrista, berrendito calcetero rabicano, facado de 479 kilos, fue un duro deslucido que no dejó estar más que a Cristián Sánchez más que con su par de banderillas, consiguió la marca única en la historia de la Plaza México, 90 asomadas al tercio, pues ni Daniel Morales ni Jerónimo pudieron hormarle la cabeza al peor ejemplar del fierro bravo sainero, que acabó con un aviso y atorando chuscamente al puntillero contra las tablas.

El cierraplaza para Mendoza, Canta claro, fue otro ejemplar no bien empleado, rebrincón meano bragado de 482 de fuerza muy medida, que acabó en la vara de Juan Carlos Paz, y desde ahí se supo que no sería fácil meterlo en redil. Con mucho ánimo, montera coronando las zapatillas, a modo de advertencia de sus estatutarios de muletas, celebrados tanto como los pases por redondo por derechas, pero sin dar cuenta de los frenazos y la inteligencia con que fue construyendo su tercio. Coronando la tarde con una gran estocada en segundo viaje acabó el michoacano Antonio su actuación de aplausos, llamando la atención; discreto.

Carteles conclusivos de la Temporada Grande 2020

Se anuncia la contraparte de la temporada: seis carteles más para los tendidos, ávidos de ramillete de dibujos importantes y otros sobreactuados que han acontecido en estas semanas pasadas.

Para comenzar por todo lo alto, el próximo 19 de enero se presentan en un mano a mano inédito los únicos dos rejoneadores que han indultado toros en la historia del Coso de Insurgentes, Ventura y Gamero con ganadería de los Encinos se debaten el triunfo.

Luego siguen, la corrida de tres triunfadores de otros tiempos, todos heridos en distintos panderos, Antonio Ferrera, Arturo Macías y Luis David torean villacarmelos y preparan a la audiencia para las dos corridas de aniversario; el lunes 3 y el miércoles 5 de febrero se anuncia a Ponce, José Mauricio y Joselito Adame frente a Fernanditos de la Mora para la primera fecha y frente a jarales Morante, Payo, Roca Rey y un triunfador para la segunda.

El 9 de febrero se juega el estoque de oro entre triunfadores de toda la temporada y toros de diversas ganaderías, y se da el aldabonazo el 16 de febrero con Pablo Hermoso, la confirmación de su hijo Guillermo y dos nacionales, con toros de los Encinos y Santa Fe del Campo.

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