Desaceleración y desigualdad en América Latina

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La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que encabezan Alicia Bárcena y Antonio Prado, ha presentado su último informe, Horizontes 2030. La igualdad en el centro del desarrollo sustentable, en la Ciudad de México. El diagnóstico de ese importante organismo sobre la economía regional no podría ser más inquietante; sin embargo, concluye con una nota esperanzadora, sobre la posibilidad del alcance del desarrollo sostenible en Latinoamérica

El informe arranca advirtiendo que la desaceleración económica y el aumento de la desigualdad es un fenómeno global que, sobre todo, después de la última crisis de 2008, ha afectado a países desarrollados, como se observa en el incremento del coeficiente Gini en la OCDE. Si esos indicadores han empeorado en Europa, más aún han golpeado a América Latina, a pesar de la dilatación del gasto público a favor de derechos sociales en los países gobernados por la izquierda.

Una de las conclusiones de la CEPAL parecería, a simple vista, paradójica. Aunque millones de latinoamericanos han salido de la extrema pobreza en las dos últimas décadas, la desigualdad ha aumentado. En buena medida, porque la desaceleración de la economía ha disparado el desempleo urbano y la inequidad en la distribución del ingreso no se ha corregido. El crecimiento medio del PIB per cápita bajó de 2,9 % a 1,8 % en 2014, aunque desde 2007 se detuvo alrededor de 2,7 % y luego comenzó a decrecer.

Comparada con la región de Asia Oriental y el Pacífico, donde también se ubican naciones en desarrollo, esa desaceleración de América Latina y el Caribe es más notable. Hasta 1979 ambas regiones llevaban un ritmo ascendente, casi parejo, en la tasa de crecimiento del PIB real per cápita, de cerca del 4 %. A partir de entonces la región asiática continuó creciendo, hasta llegar hoy a más del 6%, mientras América Latina y el Caribe cayó a fines de los 90 al 2 % y ahí se ha mantenido en las dos últimas décadas.

Con la desaceleración ha caído también el comercio, aunque mucho más en América del Sur —con índices negativos desde 2014— que en la zona de México, Centroamérica y el Caribe. El peor efecto de ese estancamiento es que la disminución de la pobreza que llegó a verificarse para fines de la primera década del siglo XXI, se estabilizó por encima de los 150 millones de pobres, mientras que la desigualdad, en países como Brasil, Colombia, Perú y Honduras, se ha colocado, a partir del 2014, por encima de 0.5 del coeficiente de Gini.

¿Qué propone la CEPAL para salir del estancamiento? En esencia, mayor integración regional para que América Latina pueda incidir más directamente en modificaciones favorables del sistema financiero global. Pero también, mayor aprovechamiento de las nuevas tecnologías, protección del medio ambiente en la política industrial y dinamización del mercado interno. No propone la CEPAL la estatalización de las economía, como quisieran algunos, sino una estrategia fiscal la cual beneficie la distribución del ingreso.

rafael.rojas@razon.com.mx

Rafael Rojas

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Historiador, internacionalista.
Rafael Rojas

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