Descarrilados

NOSOTROS LOS PROGRES

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Escribo estas líneas sin conocer lo que va a ocurrir esta noche en el último debate entre los candidatos a la Jefatura de Gobierno. Aunque en vista del desastroso formato, en el que tenemos que perder el tiempo escuchando a cuando menos tres de ellos que no tienen oportunidad alguna, tengo mis grandes reservas sobre los alcances de dicho ejercicio.

El instituto electoral local y los partidos políticos ahí representados han limitado de forma grosera el intercambio de ideas, quitándole al ciudadano la oportunidad de valorar a los contendientes y de ponderar sus propuestas. ¡Qué interesante sería ver sentados en una mesa nada más a Claudia Sheinbaum, Alejandra Barrales y Mikel Arriola! Ahí sí presenciaríamos un verdadero debate, sin tanto cronómetro ni tanta intervención de los moderadores.

¡Pero son siete candidatos! Así de absurda es nuestra artrítica democracia, una en la que a algunos se les llena la boca presumiendo tanta diversidad de partidos, sin recato alguno por el costo que eso implica y lo disfuncional que es. Los estándares deberían subirse, la votación mínima requerida para mantener el registro debiera establecerse en diez por ciento y no en tres por ciento que aplica actualmente.

Si los partidos se hubieran visto obligados a obtener una mayor votación válida para mantenerse en el juego, hoy seguramente veríamos nada más a las candidatas de izquierda y al del PRI. Además, insisto en que los debates sean divididos en grupos: uno para los punteros y otro para los rezagados.

Aunque ya en el presente escenario, el tricolor enfrenta cada día más problemas internos que lo ponen en un límite muy peligroso para su supervivencia. Mientras escribo esto, me dicen que el dirigente del tricolor en Coyoacán, Pedro Adrián Chino, anunciará su salida del partido. Espero que no sea cierto, porque ya rayaría en lo ridículo: primero Álvaro Obregón, después Magdalena Contreras, y ahora esto. 

Sin lugar a dudas, después de las elecciones tendrá que venir una recomposición de las fuerzas políticas, sobre todo porque muchos ciudadanos se encontrarán en una total y absoluta orfandad. De concretarse el tan cacareado triunfo de Morena, habría una gran desilusión respecto a los liderazgos en el PAN y en el PRI. Ellos serían señalados como los responsables de la entrega del poder al proyecto social-populista, y alguien tendrá que arropar a los descontentos.

Si lograran hacer el uno-dos, es decir, ganar también el gobierno de la capital, volveríamos a los tiempos de la regencia, con Claudia Sheinbaum dependiente de la Presidencia hasta para decretar una contingencia ambiental. Por eso, rememoro lo que señalé al inicio de las contiendas, cuando sugerí una alianza de facto entre el PRI y el Frente. 

Pero ya se les adelantaron y todo parece indicar que la mitad del tricolor capitalino se fue con Morena. El futuro de la ciudad y el balance del poder a nivel nacional dependen por mucho, de lo que aquí ocurra. Lo peor es que ya no sé, a estas alturas, qué tanto pudiera lograrse con alianzas cocinadas en microondas.

Rodolfo Higareda

Rodolfo Higareda

Cursó sus estudios en la Universidad Iberoamericana, y alcanzó el grado de maestro en Economía Internacional en la Johns Hopkins School of International Studies. Ha sido funcionario público, diputado constituyente electo, empresario y escritor.
Rodolfo Higareda

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