Desentrañan secretos de la puerta del infierno, de Rodin

La pieza, precursora de creaciones como El pensador o El beso, es una alegoría a la Divina Comedia y a Las flores del mal; por primera vez exhiben bocetos y las maquetas de la obra

El pensador ubicado en el dintel central de la puerta, la figura es una alusión al dios griego Minos, pero también una representación de Dante que observa la entrada al inframundo. Foto: Especial

casi cien años de la muerte de Auguste Rodin, una de sus piezas más emblemáticas aún causa duda y fascinación. La puerta del infierno se convirtió en un ícono de la historia del arte debido a la influencia en la evolución de las esculturas del siglo XX.

La obra, cuya última maqueta quedó lista en 1917 y que, Rodin nunca pudo ver fundida en el bronce, es el reflejo de una amplia exploración que el artista hizo sobre el cuerpo y el infierno de Dante y el erotismo de Baudelaire.

En 1880, cuando todavía era un artista poco conocido, Rodin recibió el encargo que le cambiará la vida: realizar la puerta. Al escultor le fascinaba el texto del poeta florentino, pero su objetivo no era realizar en mármol una transcripción del texto. Tampoco quería que su trabajo fuera una reinterpretación de La puerta del paraíso, de Ghiberti. No. Para él se trataba de ir más allá fusionando escultura con arquitectura.

Beso y pensador. La Fundación Mapfre expone en Barcelona una de las historias más completas sobre la creación de dicha pieza, pueden verse los bocetos en barro y los dibujos con los que el artista empezaba a soñar su infernal puerta, una representación libre de las escenas que más le interesaban de lo plasmado en tinta por Dante. Es aquí donde empieza a modelar algunas de las obras que desarrollaría más tarde y servirían para afianzar su mito: El beso y El pensador.

Se cree que esta última escultura podría haber sido la manera que tenía de soñar en piedra a Minos, el juez que en la obra de Dante asigna a los condenados a uno de los círculos del infierno. Otros observadores opinan que es una alegoría a Dante o un autorretrato de Rodin. En 1903, el escultor le dio autonomía propia a El pensador, convirtiéndola en una representación universal del hombre, uno de los íconos artísticos más importantes de todos los tiempos.

El beso es otro de los grandes símbolos de su creatividad. El escultor se inspira en uno de los pasajes de la Divina comedia, aquel en el que se habla de los amores prohibidos entre Paolo Malatesta y Francesca da Rimini. Pero Rodin finalmente convirtió ese beso en una obra maestra en mármol en 1888.

Sin embargo la modernidad de Las flores del mal de su contemporáneo Charles Baudelaire representan uno de los pilares a partir del cual Rodin comienza una evolución en su hecho artístico, un hecho que curiosamente también coincide con su tormentosa relación con la escultora Camille Claudel.

Rodin tardó en dar a conocer aquel encargo de 1880 al gran público. Si bien es cierto que expuso de manera individual algunas de las esculturas que formarían parte del conjunto, no fue hasta febrero de 1885 cuando la opinión pública pudo tener una primera descripción global del proyecto, gracias a los textos del crítico de arte Octave Mirbeau. Rodin falleció en 1917 y jamás pudo ver su obra en bronce.