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El 22 de junio de 2015 la vecina de la colonia Acacias, Martha Carrillo, llamaba a un noticiario radiofónico, un tanto alarmada con la idea de que empezara la construcción del desnivel Mixcoac.

“Escuché que hoy empiezan a derribar árboles en río Mixcoac, lo que se necesita es quitar el semáforo, poner un paso por abajo, en desnivel, ¡no es necesario tirar árboles!”

Era el preludio de los obstáculos que habría que enfrentar la obra que, justamente por eso, se convirtió en una de las  más democratizadas de la Ciudad de México, por realmente atender las quejas, voces y señalamientos que se fueron sumando hasta llegar a un consenso sobre cómo debería de construirse.

Aquella mañana el locutor hizo un esfuerzo por quitar lo que parecían certezas en la mente de la mujer.

—Sí —le dijo— se necesita tirarlos, doña Martha, porque ese paso a desnivel no se puede hacer con los árboles ahí, se van a replantar y va a haber un diseño de una vía peatonal que va a quedar arriba con árboles. Pero sí —reiteró el conductor para tranquilizar a su interlocutora— es necesario quitarlos.

El problema no es quitar los árboles —agregó—, el problema sería no replantarlos. Yo he visto el proyecto, a mí me parece adecuado y sí creo que ese paso a desnivel por abajo de Insurgentes, a la altura de río Mixcoac, es absolutamente indispensable.

Pero Martha no era la única vecina que había encendido los focos rojos ante la polémica que causó esa adecuación vial, —del Programa de Rehabilitación y Mantenimiento Integral en la administración de Miguel Ángel Mancera— que sería una de las obras viales más ambiciosas de la ciudad.

También fue uno de los proyectos que más cuidado obligó a tener a las autoridades: apenas tres meses atrás, en marzo, vecinos de la colonia Florida se manifestaron contra la construcción, preocupados por el impacto ambiental.

Rechazaban fervorosamente “la tala de árboles”. Ante las protestas, se tuvieron que suspender los trabajos.

El día de su inauguración, el 29 de agosto de 2017, tras dos años de construcción, se pudo cuantificar que los hacedores del proyecto original del Doble Túnel de Mixcoac habían hecho 18 ajustes para satisfacer las inquietudes de los colonos.

En un boletín informativo del 23 de junio de 2015, un día después de la llamada de doña Martha al matutino radiofónico, el gobierno capitalino explicó los beneficios de la obra en principio conocida como deprimido Mixcoac-Insurgentes:

Reduciría en 44 por ciento la emisión de dióxido de carbono que expiden a diario a la atmósfera los vehículos particulares y el transporte público y/o de carga que pasa por ese cruce. Incluiría la recuperación del espacio público y permitiría el paso continuo sobre Circuito Interior. Además, al incrementar la velocidad de los autos y evitar embotellamientos, se bajaría el consumo de combustible.

Con la nueva vialidad subterránea reduciría el ruido que generaban miles de autos y se plantarían más de mil árboles de más de seis metros de altura y con vida mayor a los cinco años, lo que garantizaba su supervivencia en un 100 por ciento.

También refería la creación de un nuevo parque lineal de 900 metros en el camellón central con nuevas áreas verdes, cruces seguros y un andador peatonal con zonas de descanso, fuentes y espejos de agua.

“Una vez que el desnivel Mixcoac-Insurgentes entre en operación, el Circuito Interior tendrá 34 kilómetros de tránsito sin semáforos, y con ello mejorarán los tiempos de traslado”, y citó un ejemplo, “si partes de avenida Revolución harás cinco minutos a la avenida Universidad; 10 minutos a Tlalpan y 20 minutos al Aeropuerto”.

Al 31 de marzo de 2016, el Gobierno local reportó 31 reuniones y tres recorridos con inconformes. Ya destrabados los conflictos en mesas de diálogo y brigadas informativas en la calle, en agosto de 2015, reinició la construcción del desnivel con todo y el descontento de otro sector igual de sensible, los automovilistas, a quienes no cayó nada bien el anuncio de los cierres parciales.

El 30 de noviembre de 2015, el secretario de Obras y Servicios (Sobse), Édgar Tungüí, durante su tercer informe de labores ante la Asamblea Legislativa (ALDF), señaló que “tras casi un centenar de reuniones (que al final se duplicarían), se pudo formar un grupo de trabajo con vecinos, especialistas en urbanismo, en movilidad ciclista y funcionarios de Gobierno, con el fin de analizar posibles modificaciones al proyecto de Mixcoac”.

Hasta esa fecha, el funcionario contó 16 mejoras: “Hoy gratamente les puedo anunciar una más: la incorporación de una ciclovía”.

Cinco meses después, el 5 de abril de 2016, el proyecto del Desnivel Mixcoac-Insurgentes incorporaba un nuevo cambio derivado de las sugerencias y peticiones ciudadanas. Así lo explicó el mismo Tingüí cuando recorría el avance global de la obra que entonces registraba un 28 por ciento.

“Una vez que hemos detectado las obras inducidas, hemos logrado adecuar el proyecto de tal forma que el desnivel salga al centro del Eje 8 Sur, sin cerrar el paso de ninguna de las vialidades de forma definitiva. Es una petición que nos hicieron los vecinos y que hemos logrado cumplir, igual que las otras 17 modificaciones”, dijo.

Agosto se asomó de nuevo y el doble túnel vehicular en Circuito Interior, río Mixcoac e Insurgentes comenzó a operar desde el primer minuto del día 29.

En la actualidad, el desnivel de Mixcoac es una realidad que ya revirtió el problema del crucero más congestionado de todo el Circuito Interior y que cambió el panorama urbano para hacerse más amable con el entorno, el medio ambiente, el transporte alternativo y la convivencia familiar.

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