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Escritor y reportero, Diego Enrique Osorno (Monterrey, 1980) ha dado voz a quienes representan los contrastes que surcan nuestro país: a los de abajo y a quienes el poder es su condición de vida. Es autor de El cártel de Sinaloa (2009), La guerra de Los Zetas (2012) y Contra Estados Unidos (2014), entre otros libros. El más reciente es Slim. Biografía política del mexicano más rico del mundo.

En cine ha realizado proyectos como El Alcalde y es escritor para la agencia Bengala, dedicada a la creación y desarrollo de historias para cine y televisión. En este rubro, su trabajo más reciente es La muñeca tetona, un documental que realizó con Alexandro Aldrete como una exploración del poder y los intelectuales, a partir de una fotografía de 1987 donde se aprecia a Carlos Salinas de Gortari en compañía de Iván Restrepo, Benjamín Wong Castañeda, Elena Poniatowska, Margo Su, Carlos Monsiváis, Miguel Ángel Granados Chapa, Héctor Aguilar Camín, Gabriel García Márquez y León García Soler.

¿Cómo encontraste la historia de este documental?

Vi la foto en Twitter hace años, creo que en 2012, y era usada principalmente para criticar a Elena Poniatowska. Me llamó la atención la imagen porque está Carlos Salinas de Gortari con los representantes de la cultura, de la literatura o el periodismo de la década de 1980 —aunque faltan Octavio Paz y Gabriel Zaid—. Luego vi la muñeca, que me pareció muy graciosa y grotesca,aunque sólo la registré como una curiosidad. Después me enteré de que la fotografía la había tomado Pedro Valtierra, y me sorprendí aún más, pues a Pedro lo conocemos sobre todo por sus fotos en Centroamérica o por retratar a las mujeres zapatistas enfrentando al ejército, y saber que esa foto era de él me generó una curiosidad cada vez mayor, sobre todo al pensar qué había pasado el día de la foto: si fue una borrachera, una comida o una cena, o si fue una conspiración… Digamos que la fotografía me empezó a hablar o a incentivar la imaginación. En ese momento escribía mi libro de Slim, y  había hecho el documental sobre Mauricio Fernández, un alcalde del norte del país que está muy ligado a los empresarios. El tema del poder lo he trabajado mucho y con la curiosidad que me despertó la fotografía y los hallazgos que encontraba, la idea o las dudas se convirtieron en algo más formal. He trabajado mucho en contar historias de pobreza, en dar voz a víctimas de la violencia o a grupos sociales, pero también he querido abarcar ese otro lado, mirar a las figuras de poder. Y la foto en cuestión es una imagen del poder, primero que nada, por la presencia de Salinas; es interesante el impacto que provoca verlo rodeado de gente muy brillante.

¿Qué legado hay detrás de esa foto?

En esas reuniones se creó el aparato cultural que hoy tenemos: el Fondo Nacional
para la Cultura y las Artes, el Conaculta, Canal 22, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). Ahí se crearon estas instituciones y programas que hoy son una bendición o un lastre, depende cómo se mire; algunos piensan que se ha institucionalizado el proceso creativo, pero yo no me meto a discutir ninguna de estas dos cosas sino a mostrar que en esa comida se creó todo. Carlos Monsiváis logró que se creara Canal 22, Gabriel García Márquez el Instituto Mexicano de la Cinematografía; Octavio Paz y Aguilar Camín crearon el Conaculta; Iván Restrepo y León García Soler la CNDH. Para mí es fascinante entender que estas instituciones tan presentes en nuestra vida actual tuvieron una génesis así, en una reunión en apariencia informal.

¿Cuál es el punto de encuentro entre los intelectuales de ese momento y los de hoy, sobre todo en su relación con el poder?

Ahora es difícil imaginar una fotografía del actual presidente con intelectuales. Para
empezar, este presidente no puede decir los nombres de tres libros que ha leído, ahí hay una dificultad para imaginar una relación similar a la de antaño; en esa época, el PRI no tenía contrapeso electoral y ganaba cada elección. Lo que buscaba un presidente al llegar al poder era legitimidad, y hacía una especie de recorrido por ciertos sectores, con los obreros o en el mundo del petróleo, en el caso de Salinas, con La Quina. El mundo cultural e intelectual era un paso obligado. Ahora la figura del intelectual me parece que está obsoleta o se ha transformado, ahora más bien hay opinólogos. Esto se plantea en el documental: hay gente muy influyente en redes sociales, en Twitter y Facebook, y la figura del intelectual ya no existe. Ya no tenemos a un Octavio Paz ni a esas grandes figuras, a estos tlatoanis de la cultura. Ahora hay más complejidad pero también más horizontalidad.

¿Los usuarios de las redes sociales han tomado o intentan tomar el lugar de los intelectuales?

No toman el lugar de los intelectuales sino que me parece que el poder es más pragmático y menos intelectual. Vemos estos fenómenos que ocurren, por ejemplo, con el gobernador de Nuevo León, El Bronco, un antiintelectual por definición. Ahora tenemos esta naturaleza política, donde lo intelectual es despreciado. Ahora lo que se busca es gente que ayude a construir una opinión pero en el ámbito más fácil y básico, no como lo podría desarrollar un intelectual interesado en la verdad. Ahora, más bien, el poder busca opinólogos para que repitan alguna idea como ecos amaestrados.

Que se convierten en verdad…

En verdad histórica, incluso.

¿Cuál fue la historia detrás de la imagen que más te atrajo?

La historia de la muñeca. El documental está planteado como una invitación al espectador para averiguar qué hace esa muñeca ahí. Es el planteamiento documental que obviamente es un juego para hacer más interesante la discusión entre intelectuales y poder. La muñeca es un pretexto, yo no sabía qué hacía ahí, hasta que grabé el documental y fue muy sorprendente saber la historia de la muñeca que no puedo revelar: sería mi propio spoiler. Otra historia interesante es la relación entre Salinas y García Márquez. Para hablar del autor entrevisté a Jaime Abelló, director de la Fundación García Márquez, y así logré establecer que esa era una relación de amistad profunda. Salinas tiene una primera edición de Cien años de soledad dedicada por García Márquez cuando era un escritor desconocido, y Salinas la presume. La relación avanza cuando Salinas es secretario de Programación y Presupuesto, y luego crece aún más porque Gabo se vuelve el mediador del gobierno mexicano con Estados Unidos y Cuba. Y aún más cuando Salinas es denostado: el Gabo, premio Nobel, mantiene su amistad y apoyo. Y está esa controversia: si García Márquez necesitaba a Salinas o al revés.

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