Dos fantasías sobre Lula

VIÑETAS LATINOAMERICANAS

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“Lula ya ganó”, escribió hace unos días Juan Arias en El País y tiene razón. Ocho años atrás, cuando Lula da Silva dejó el gobierno, su popularidad rebasaba el 80%. Había logrado reducir la pobreza y la indigencia al 15%, había beneficiado a 12 millones de hogares con el programa Bolsa Familia y había creado 14 millones de nuevos empleos fijos. Por si fuera poco, en el momento del traspaso de poderes a favor de su sucesora, Dilma Rousseff, el crecimiento económico de Brasil estaba por encima del 7%.

Los problemas para el PT, el nuevo gobierno de Dilma y el propio Lula comenzaron al final del primer mandato de Rousseff,
cuando la crisis económica se hizo sentir y la violencia y la inseguridad volvieron a dispararse. La reelección de Dilma, en segunda vuelta, frente a Aécio Neves, del Partido Social Demócrata, por menos de dos puntos porcentuales, en 2014, fue desgastante para la presidenta, el PT, sus amplias alianzas y Lula. Odebrecht y otros escándalos de corrupción no lo implicaron directamente a él, pero sí a su gobierno.

Tras la destitución de Dilma, algunos muestreos estadísticos aseguraban que Lula seguía siendo el político más popular del Brasil, con una aprobación de entre 30% y 40%. A pesar de estas cifras, la popularidad de Lula se mantenía alta porque los demás políticos presidenciables resultaban antipáticos a la mayoría del país. En 2016, cuando se intensifica el acoso judicial contra Lula, Michel Temer tenía una aprobación del 7%, mientras que el 30.5% apoyaba al expresidente.

Hoy, con Lula preso, su popularidad puede haberse duplicado. Frente a una clase política tan hundida en la corrupción y un sistema judicial tan regularmente arbitrario, el encierro de Lula se ve como una vendetta. El anuncio de su candidatura por el PT generalizó la percepción de que la causa contra el expresidente es un cerrojo para impedir una tercera presidencia del viejo líder sindical. El dilema de una candidatura presidencial de Lula preso suscita muchas especulaciones y dos fantasías.

La derecha cree que manteniendo al expresidente en la cárcel de Curitiba acabará con la carrera política de Lula y logrará retener la presidencia en las próximas elecciones de octubre. Pero la campaña a favor de la liberación y la candidatura de Lula no hará más que crecer de aquí a agosto, cuando deberá inscribirse formalmente la candidatura. El PT está decidido a colocar a Lula en la boleta, de manera que, aunque siga preso, el popular líder será el centro de la contienda electoral.

Cierta izquierda, la más cercana al bloque bolivariano, también tiene su fantasía. Piensa que de volver Lula a la presidencia se aliará con Andrés Manuel López Obrador en México y ambos se volcarán a favor de Nicolás Maduro y Daniel Ortega, regresando a los años dorados de la hegemonía chavista sobre la izquierda latinoamericana. Con todo y el brutal revanchismo de la derecha brasileña en su contra, no parece ser ese el proyecto de Lula da Silva ni el de López Obrador.

Rafael Rojas

Rafael Rojas

Historiador, internacionalista.
Rafael Rojas

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