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Foto: Iñaki Bonillas
Foto: Iñaki Bonillas

Dejar de concebir el teatro infantil como una actividad escolar o educativa es uno de
los prejuicios a los que se han enfrentado los creadores para públicos jóvenes. Aunque podemos recordar las piezas teatrales para niños de Rodolfo Usigli, Manuel Gutiérrez Nájera, Juan de Dios Peza, Salvador Novo, los esfuerzos en los dos siglos pasados han sido más expresiones aisladas que una constante de la escena mexicana. Hoy, la dramaturgia contemporánea infantil está cambiando y Berta Hiriart habla al respecto, a propósito del estreno de su más reciente pieza, Belisa, ¿dónde estás?, una historia sobre la desaparición de personas en nuestro país, que se presenta en el Centro Cultural Helénico. Hiriart es narradora, dramaturga y actriz. Realizó estudios de teatro y dramaturgia con José Luis Ibáñez, Luisa Josefina Hernández, María Inés Falconi y Suzanne Lebeau. Fundó la Compañía de Teatro Infantil de la Universidad Veracruzana y fue codirectora artística del Festival Internacional de Teatro para Niños y Jóvenes “Telón Abierto”. Entre los reconocimientos y honores que ha recibido se encuentran el Premio Nacional de Narrativa Colima para Obra Publicada por Feliz año nuevo; es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte y autora de De otras realidades, Lejos de casa, En días de muertos y Salir al mundo, entre otros títulos.

¿Por qué presentar temas como la desaparición de personas a los niños?

Pensamos que hablar con los niños de los temas que nos están afectando a todos (y a ellos también) no es correcto. Muchos niños conocen a alguien que ha sufrido violencia o está desaparecido, y si no es cercano, el tema está en el aire, en las advertencias de la familia, en frases como: “No vayas, es peligroso”. Cuando yo era chica podíamos salir a la calle y andar en bicicleta y no pasaba nada, pero estas prácticas de vida colectiva en los espacios de la ciudad se han acabado. Los niños saben que algo está pasando, como dice uno de los personajes, Cristina, en la obra: “Tengo siete años, pero no vivo en Júpiter, me doy cuenta de lo que está sucediendo, oigo lo que platica la gente en el mercado y lo que cuchichean mis papás cuando creen que estoy dormida”. Los niños saben que eso está en el aire, pero nadie acaba de hablarles de manera seria, para que ellos puedan ordenar su mundo en el mundo al que han llegado. Ésa es la razón de hacer una obra sobre este tema.

¿Cómo abordar el tema frontalmente, sin provocar miedo?

La obra trata de las desapariciones pero tampoco queremos llenar a los niños de angustia, sino darles elementos para la reflexión y el ordenamiento de la realidad. La obra lo hace con delicadeza a través de tres comediantes que intervienen en esta historia: se ganan la vida entreteniendo a la gente, son un poco juglares ambulantes, y esto da pie a que haya música y canciones, títeres, teatro de sombras; entonces, de alguna manera, se cuenta esta trama pero sin rozar los niveles de angustia a los que se podría llegar en otro tono.

“Llevar un mensaje de paz y equidad”, se lee en la invitación a la obra. ¿Cómo se logra esto en la dramaturgia y la dirección?

No es un trabajo que se haga desde la dramaturgia o la dirección en solitario. Se da a través del elenco, el equipo creativo. Mucha gente interviene para que una obra de teatro pueda llegar a la escena y al público, que tiene mucho que aportar. Sin público no hay obra. En las puestas en escena nos damos cuenta en qué momento responde el público, cuándo reaccionan los niños y de qué manera intervienen. Cada espectador se lleva lo suyo. Creo que estamos abriendo una comunicación con ellos que de ninguna manera es uniforme. No es que la obra Belisa, ¿dónde estás? plantee respuestas: no, es teatro, plantea la situación, abre preguntas y deja, al final, una esperanza basada en la organización, en la búsqueda de la paz y en otra forma de la paz.

¿Qué lugar tiene el teatro infantil en la oferta en general?

El teatro para niños en México es muy bueno en el momento actual. Se están haciendo obras estupendas, se escriben buenas piezas y hay directores entregados a este tipo de teatro.

Hoy se hace muy buen teatro infantil, aunque todavía falta apoyo suficiente o enlaces para que pueda llegar a más niños, a todos los niños”.

¿Se ha logrado superar la barrera de ser un tipo de teatro que debe luchar por su lugar entre los creadores?

Los trabajos escénicos para jóvenes espectadores se están tomando en serio por parte de los artistas. El teatro para niños se ha ganado un lugar en el teatro en general, es decir, ya no se concibe como si fuera algo menor. Antes se decía: “Como no puedo hacer teatro para adultos, me dedico a algo menor, cositas para niños”, lo que expresa un enorme desconocimiento sobre la importancia de los niños para el desarrollo de la sociedad. Hoy se hace muy buen teatro, aunque todavía falta apoyo suficiente o enlaces para que pueda llegar a más niños, a todos los niños.

¿Cuál es la función del teatro para públicos jóvenes?

Cumple una función social, educativa, pedagógica, no en el sentido que lo hace la escuela, sino de una forma más amplia. El teatro permite a los niños ponerse en los zapatos de otras personas, plantearse preguntas, reflexionar. Es un ejercicio para la inteligencia emocional y ética que otras experiencias no permiten. El teatro está hecho para eso.

¿Qué falta en México?

Reconocimiento y apoyos por parte de las autoridades culturales más allá de la Ciudad de México porque, como sabemos, la cultura está centralizada, pero hay buena oferta para niños en buena parte de la República. El teatro infantil aún enfrenta desigualdad, como se puede ver en los foros, en los festivales. Quizá hay una pequeña cuota pero no se compara con los recursos ni el presupuesto que hay en la cultura para adultos, aunque los niños y adolescentes son una población vital que está formando su juicio ético y su pensamiento.

¿En qué momento surge el interés por el teatro infantil?

El concepto de teatro infantil nace a la par de ese concepto de la infancia separada de los adultos. Durante mucho tiempo los niños fueron apéndice de sus papás, de los maestros, de los aprendices. Los adultos en general podían hacer lo que quisieran. Junto con la evolución de los derechos humanos surgen la literatura, las expresiones artísticas y el teatro para niños. En México, desde los títeres de Rosete Aranda [entre 1835 y 1958] comienzan a existir expresiones aisladas aunque de gran calidad. El boom del nuevo teatro para niños ocurre a finales de siglo XX y en lo que va del milenio.

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