La estrella azulada flotaba en el centro del ventanal casi como si presidiera la mesa, una que estaba en silencio y es que no había mucho por decir, ni tampoco, queríamos hacerlo, lo que había iniciado como la aventura de colonizar Marte había terminado en una serie de encontronazos de ego y celos, los treinta que habíamos dejado la tierra, veinte mujeres y diez hombres, todos con una preparación técnica, las mejores mentes, los mejores elementos pero, no consideraron que todos los ahí reunidos teníamos, además de la vena aventurera, la certeza de ser los mejores en lo que hacíamos y eso, junto con los prejuicios y toda una vida de limitantes sociales nos hundieron en esa fratricida guerra y es que nadie reconocía el liderazgo de nadie por encima del suyo, mientras el ingeniero de sistemas vitales opinaba que si él no vivirían, la botánica hidropónica decía que sin alimentos tampoco, el mecánico opinaba que sin sus máquinas ninguno valía nada y la de sistemas computarizados opinaba que sus máquinas sin su software eran pedazos inservibles de metal.

Nos habíamos formado en una competencia, éramos los mejores y era complicado el dejar de hacerlo pero, lo que terminó de complicar el intercambio social, fueron las relaciones amorosas, los celos se manifestaron y sacaron lo peor de nosotros, la emoción por encima de la razón, la competencia desalmada entre las mujeres, el ego desbordante de los hombres, la equidad dejada de lado y teníamos día a día, el recordatorio en el cielo que nuestro planeta ahí seguía, que no se había muerto, que nuestros barcos no habían ardido. Sólo el dolor de reconocer nuestro fracaso social nos impedía a realizar la llamada pues si bien, regresaríamos a nuestras vidas, lo haríamos en desgracia y eso, para nosotros, era peor que la muerte.

Hoy tomaríamos la decisión y no, nadie estaba dispuesto a hacerlo. El hielo en las miradas era evidente, el odio en las voces que se escuchaban eran palpables, no, no teníamos nada que decirnos, ni a dónde ir, estábamos condenados a estar juntos o regresar en desgracia y ser conocidos en la historia como el gran fracaso de la humanidad.

Ilustración Norberto Carrasco

Nuestra psiquiatra que, en un inicio había intentado moderar nuestros desacuerdos, había perdido toda autoridad después de abofetear a la nueva conquista del teniente en el primer y más visceral arranque de celos. De ahí en adelante, todo se fue por el caño.

-¿Entonces? ¿Colgamos la toalla o nos seguimos destrozando entre nosotros?-

-La tierra sabe que fallamos, no hemos podido ni completar el cronograma de supervivencia básica y nuestros informes, si bien son sobre nuestros temas, en cada uno, hay al menos, una queja de otro departamento, una mención de la lasciva de las mujeres o de la perversidad de los hombres.-

-Las mejores mentes… Si no fuera tan triste, me revolcaría de la risa. Son una bola de niñitos mimados que se creen superiores. Para eso, justamente para eso, estamos nosotros, para controlarlos y hacerlos trabajar. Nuestro país nos…-

-¡Tú país! Recuerda que somos de diferentes naciones imbécil.-

-¡A mí no me hablarás así!- El ruido de la silla al caer, sumado al golpe seco sobre la mesa provocó que todos levantáramos la voz, sólo necesitamos un pequeño pretexto para dejar salir nuestra frustración, nuestros rencores, envidias, celos profesionales, y carnales sin importar que fueran reales o imaginarios. Todo rastro de razón, civilización, mesura o colaboración quedó destrozado y nos tiramos a la garganta, machos y hembras alfa luchando entre sí…

^SIMULACIÓN TERMINADA^

Por un instante sentí la desorientación de la crono simulación, ese raro momento en el que tu cerebro trata de ajustarse a entender que no pasaron meses sino minutos, que lo que viviste no fue más que una prueba de la cual creíste salir pero sin hacerlo. Aún tenía fresco el sabor de la sangre, el coraje, el miedo. Luego llegó la decepción, el saber que no había aprobado, que no sería uno de los elegidos para la colonización y sabía, que no era enteramente culpa mía. Volteé hacia mi lado izquierdo y estaba Jaina Barragán, hacía apenas dos horas me hubiera referido a ella como Dra. Barragán, antes, una profesional ligeramente introvertida, ahora, Jaina, simulación o no, habíamos entablado una relación, disfunción al si quieren, pero apasionada al punto de sentir placer a través de los arrebatos de mordidas y rasguños. La vi y se sonrojó, no sé si por el recuerdo conmigo o porque ahora sabía sus secretos, sus perversiones y su facilidad para buscar nuevas parejas.

Al fondo estaba Frederick Müller, famoso genetista de fácil palabra pero ahora, sabía lo nefasto de su persona, lo intrigante, cruel, su poca ética y su cinismo. Si había alguien a quien odiaba era a él y apenas en la mañana, me había emocionado por el honor de conocerlo. Nuestras miradas se cruzaron y el odio nos hizo hervir la sangre. Algún día me vengaría.

-Señores. Gracias por participar en el proceso de selección, en breve se les informará si son aptos para convertirse en los padres fundadores de una nueva civilización mejorada.-

Quizá lo imaginé pero escuché claramente el sarcasmo en las palabras “civilización mejorada”. De la nuestra, lo único que quedaba, era el viciado recuerdo.

-Este es el tercer grupo que probamos, con diferentes variables e indefectiblemente, llegamos al mismo resultado, sus egos les impiden coexistir. Francamente creí que siendo científicos tendríamos mejores resultado pero no me esperé una debacle tan violenta.-

-Menos mal que estamos usando el crono simulador, de no ser así, nuestro capital hubiera sido una pérdida difícil de afrontar.-

-¡Vamos! Todos los aquí presentes sabemos que sólo podemos costear un viaje y si no lo hacemos pronto, tendremos competidores y no estoy dispuesto a que los otros nos ganen.-

Eloise entró en ese momento y todos nos callamos. Ella llevaba al fin y al cabo el programa y dependíamos de su valoración para saber si continuábamos o no.

-¿Y bien?-

-¿Bien qué?-

-¡Carajo Eloise! ¡Llevamos meses retrasados mientras tu te diviertes jugando con nuestros ratones experimentales, recuerda que tenemos grabado todas tus aventuras y encuentros con ellos, ellas y estoy seguro que hasta con eso!-

-Ya tengo los datos.- Lo dijo con un extraño brillo en la mirada como si reviviera sus amoríos en la crono simulación con los tres grupos, los militares, los aventureros y los científicos.

-¿Y?-

-Mezclamos a los tres.-

-¿Disculpa?-

-Sí, los militares mantendrían la cohesión, los aventureros darían la visión a largo plazo y minimizarían el conflicto y los científicos serían minoría y se aislarían como usualmente hacen cuando no los entiende la mayoría de la población.-

-¿Eso es todo?-

-No, hay que hacer tres cápsulas y desperdigarlos en puntos diferentes del globo, el problema entre los tres es la competitividad interna, mezclarlos ayuda pero, eventualmente tendrían el mismo problema a menos, claro, que tuvieran otro elemento externo para sacar su competitividad y sabiendo los odios muy reales que adquirieron, es probable que se esfuercen doblemente con tal de demostrarles a sus nuevos enemigos, su superioridad.-

-Eso es inviable en términos financieros.-

-Lo recuperarías en la primera remesa de minerales así que no te quejes. Además sé por buena fuente que los otros han tenido el mismo problema que nosotros pero les falta la pieza indispensable que nosotros tenemos.-

-¿Cuál?-

-Yo, por supuesto.-

Egos, malditos egos, podríamos ir al otro punto del universo y jamás podríamos huir de nosotros mismos y nuestros demonios pero, Eloise tenía razón, nosotros éramos y siempre, seríamos mejores que ellos… Nuestro éxito era seguro.

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