El arte y los muertos indóciles

El alacrán vuelve a la crítica de arte luego de haber lamentado en su columna anterior la muerte de varios de nuestros críticos principales (Debroise, Tibol, Manrique, Del Conde, Rodríguez Prampolini) y acusar, acaso de forma parcial, un empobrecimiento de los estudios históricos y críticos en materia de arte mexicano.

De manera injusta, el arácnido no mencionó otras novedosas aproximaciones a la crítica de estudiosos, curadores y galeristas, quienes aportan opiniones documentadas sobre nuestro arte contemporáneo.

Destaca, por ejemplo, la serie de conversaciones en la revista
La Tempestad (http://www.latempestad.mx/) donde se indaga en la aparente “muerte de la crítica de arte en México” a través de las voces de Cuauhtémoc Medina, Brett W. Schultz, Melanie Smith, Itala
Schmelz y demás estudiosos, quienes recorren el desarrollo de la expresión artística mexicana e indagan en los procesos de comunidades artísticas de los años setenta, como el No Grupo, Proceso Pentágono, Suma, Peyote y la Compañía, o de los noventa, como el Taller de los Viernes, semefo, Temístocles 44 o La Panadería, y aun en las “búsquedas posmodernas mexicanas” de la galería Kurimanzutto y las ferias Zona Maco, Salón Acme y Material Art Fair.

Registrada esta aclaración, el artrópodo lamenta hablar de nuevo de las noticias necrológicas de artistas, escritores, periodistas e incluso (ex) amigos del venenoso. Casi al iniciar la semana falleció Rius, un maestro de generaciones de “moneros” a quienes la falta del enorme artista deja en confesa orfandad, tal como lo expresó Rapé: “Todos los moneros somos hijos de Rius”.

Asimismo, falleció el peleonero, combativo e irreductible Jaime Avilés, con quien en los años ochenta el alacrán compartió amistad, vinos y aventuras. El Avilés admirador de Lenny Bruce, el de los sketches cómicos, la ironía risueña y cáustica, el cronista, cancionero y trasnochador a quien el tiempo y las cuestiones políticas alejaron injustamente de sus amigos de antes.

Periodista bravo, Avilés llegó a denostar por escrito al escorpión y a varios de sus amigos escritores y periodistas por no coincidir con su extrema visión de la política mexicana.

Con todo, si hay quienes reivindican a Marcelino Perelló —también fallecido esta semana—, el alacrán insiste en recordar a Jaime en sus mejores momentos de amistad, porque está seguro, como quería Roque Dalton, de su calidad de “muerto indócil”.

Latest posts by Alejandro de la Garza (see all)