El atentado y la acusación

VIÑETAS LATINOAMERICANAS

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Pocas horas después de las explosiones en Caracas, el presidente Nicolás Maduro acusó a Juan Manuel Santos de ser el autor intelectual del atentado. La acción, precisó, fue un intento de asesinato y el “nombre de Santos está detrás”. Las declaraciones no respondieron a una investigación, ya que los presuntos implicados fueron arrestados luego de que el presidente lanzara las acusaciones. Maduro incriminó a Santos sin pruebas, decidido a mantener la tensión fronteriza hasta el último día del mandatario colombiano en el poder.

Las acusaciones fueron una respuesta a las críticas de Santos al régimen de Maduro a fines de julio. Entonces el presidente colombiano declaró a AFP que el fin del gobierno de su par venezolano era lo mejor que podía pasar a ese país. Agregaba Santos que dicho fin era inevitable por la crisis extrema de la economía y la sociedad venezolanas, provocada por una inflación estratosférica y un desabastecimiento crónico. Las palabras de Santos fueron especialmente duras y dieron pie a que el madurismo lo acusara de intervención en los asuntos venezolanos.

El conflicto entre Venezuela y Colombia ha llegado a una personalización extrema, en la que las relaciones entre ambos países se dirimen por medio de amenazas e incriminaciones entre sus jefes de Estado. La salida de Santos de la presidencia no contendrá la agresividad retórica, ya que el nuevo presidente, Iván Duque, hizo del rechazo al régimen madurista un punto central de su campaña electoral. El nuevo gobierno colombiano asumirá las acusaciones de Maduro contra Santos como propias.

La comunidad regional exigirá a Caracas pruebas de la implicación personal de Santos en el atentado. Si el tema venezolano vuelve a plantearse en la OEA, veremos al nuevo embajador colombiano pedir explicaciones a Jorge Arreaza. A las preguntas de su homólogo, Arreaza responderá con la habitual mezcla de evasivas y denuncias que caracteriza al lenguaje diplomático bolivariano. No importa que tan arbitrario o torpe sea ese discurso: siempre contará con el apoyo irrestricto de sus aliados en Cuba, Nicaragua y Bolivia.

Cabría preguntarse qué pueden decirle a Santos, Evo Morales, que asiste a la toma de posesión de Duque, o Raúl Castro, que mantiene una buena relación con el líder colombiano. ¿En qué tono comentarán las acusaciones de Maduro? ¿Se reirán? ¿Admitirán que se trata de una exageración comprensible del camarada venezolano? Todo es posible en el teatro político latinoamericano. Y mientras corre la puesta en escena, miles de refugiados cruzan la frontera.

Si Morales u otro intercede, ofrece buenos oficios y logra que el tono de Duque sobre Venezuela se modere, no habría que descartar que pronto haya promesas de diálogo con Maduro. Entonces, la acusación contra Santos, nada menos que de intento de magnicidio, pasará a un olvido conveniente. Si eso ocurre, quienes hoy aseguran que todo fue un montaje o un juego macabro, lamentablemente, habrán tenido razón.

Rafael Rojas

Rafael Rojas

Historiador, internacionalista.
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