El corazón de México late por sus muertos

Hay tanto vivo que le juega al muerto; rotulan sus rostros con el color de un cráneo animado en maquillaje y brillo

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Desfile de Día de Muertos (Foto: Alejandro Galindo)

El corazón de la Ciudad de México nunca tuvo otra ocasión para latir más que en el día que recuerda a sus muertos. Hoy dejan la nostalgia de su partida y se dan licencia para marchar con pulso constante y festivo a través de Reforma y su paseo, sobre Juárez, frente a la Alameda, donde una multitud les aplaude el desafío a las leyes que los dan por anulados.

El carro alegórico que representa el México Profundo ( Foto: Alejandro Galindo)

Hay tanto vivo que le juega al muerto, rotulan sus rostros con el color de un cráneo animado en maquillaje y brillo, aquí no hace falta fallecer para lucir los huesos más espectaculares del histórico centro.

El Eje Central se abre al cierre patrocinado por el cortejo de esqueletos y calaveras de monumental talla: México profundo, México mestizo, así se lee en los arcos de la carrocería alegórica, arte en movimiento ritual de ancestros, chamanes y difuntos no siempre fieles.

El México vivo recibe al México muerto, jamás ausente, aquí nadie conoce el olvido. La muerte toma la Plaza Mayor abanderada, testigo quieto del tiempo movido. Reclama sus honores que le rinden los que se quedan, los mismos que se irán sin llevarse un sólo gramo del Patrimonio.

Y en algún apartado un tzompantli (alineación de cráneos) da paso a otro parecido de estampa contemporánea, no son cráneos apilados, hay cascos sucios sobre picos y escombros. La muerte quiso venir antes para formar nuevos reclutas que cobró allá en septiembre, cuando el corazón de la vieja capital se puso a latir de más.

Catrinas (Foto: Alejandro Galindo)
Niños asistentes al desfile (Foto: Alejandro Galindo)

dlm