El Cuau y Yeidckol

QUEBRADERO

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Los escarceos entre Yeidckol Polevnsky y Cuauhtémoc Blanco es parte de lo mucho de lo que le espera a Morena. La singular alianza, hasta cierto punto evitable, que hizo con el PES, está empezando a cobrarle facturas.

Tiene algo de razón la líder de Morena cuando dice que un futbolista per se tiene grandes posibilidades de ganar una elección, y más si es un caso como el del Cuau.

Lo paradójico es que la queja de Yeidckol es una contradicción. Las razones por las cuales Morena se sumó a la singular candidatura se debió a que con el afamado futbolista las probabilidades de ganar la elección estaban cerca del 100%; la forma en que triunfó lo confirma.

A pesar de que su gestión como presidente municipal de Cuernavaca fue desigual, siendo además señalado por prestarle poca atención a su cargo, en Morena no repararon en nada de ello. Lo que querían era ganar a como diera lugar, fue por ello que optaron por no preguntarse nada.

En Morena también usaron el enfrentamiento que tuvo con el gobernador Graco Ramírez. El mandatario estatal se enfrascó en un interminable conflicto con el presidente municipal. Si a alguien le afectó esto, fue a los ciudadanos. Hoy, ni Morelos ni Cuernavaca son muy diferentes de lo que eran hace seis años.

A esto sumemos que estando tan confrontado el ambiente político y los ánimos sociales en Morelos, en particular en Cuernavaca, nadie ve lo que eventualmente se ha hecho en el estado. La victoria del Cuau no sólo fue la de las urnas, también fue sobre Graco Ramírez.

Los escenarios obligan a Graco a revisar qué no hizo y por qué se vio al final tan lejano de la gente, la cual, con tanta enjundia y esperanza, votó por él hace seis años.

No había manera que todo esto no se viera en Morena, lo que incluye al hoy Presidente electo. La suma de las circunstancias es lo que tiene a Cuauhtémoc en donde está y no necesariamente su capacidad para gobernar Cuernavaca.

La cercanía y el cariño que le tiene la gente al Cuau es impresionante. Un mitin suyo en el mercado de la ciudad o el solo hecho que vaya a almorzar, se convierte en una fiesta que alcanza a todos el mercado. Todos se le abalanzan sobre él, quien responde a todos, además de que lleva un saco con balones de futbol, por lo que se pueda ofrecer. Nadie sabe cómo gobierna, pero entre amplios sectores de Morelos no hay quien no lo quiera.

Es un personaje cercano porque en el imaginario colectivo no se olvida que fue un futbolista de excepción. Nunca se daba por vencido, no se atemorizaba en ambientes adversos, y ante los innumerables golpes que recibía no se intimidaba.

Todo esto pesa mucho más que lo que cualquier político ponga en la mesa en una campaña, y más con el descrédito en que viven. A Cuauhtémoc se le ve como lo que fue, un gran futbolista, ídolo y cercano a la gente, y no bajo lo que es hoy. Se convirtió en una alternativa en medio de la descomposición local y federal.

En Morena alguien debió saber que su triunfo no era un cheque al portador. Cuauhtémoc sabe de su poder real y tangible, porque sabe también que en una de ésas pudo ganar sin la alianza con Morena.

De no ser que intervenga López Obrador, no se ve que la relación entre el Cuau y Morena vaya a ser tersa; al fin y al cabo no es su partido y un contundente triunfo lo respalda.

Las declaraciones de Yeidckol Polevnsky no fueron afortunadas, a pesar de que apele a los acuerdos políticos entre el PES y Morena. Ella sabía, o debió intuir, por dónde podían ir las cosas en Morelos.

Están a tiempo de atemperar ánimos; lo de estos días es quizá sólo el inicio de una relación que ya se vio que será tormentosa.

RESQUICIOS.

No puede la PGJ decir una cosa un día y otra al siguiente en relación con los problemas en la UNAM. Altera aún más los ánimos en la Universidad y provoca una reacción de crítica contra las autoridades, a las que ve también como “sus” enemigos. No alteren más las cosas de lo que ya están.

Javier Solórzano Zinser
Javier Solórzano Zinser

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