El Cultural No. 143

Laicismo implica separación entre religión y vida pública. Así sucede en el parlamento, en la escuela, incluso en los templos. Con los medios de comunicación deberían tener vigencia los mismos criterios. Pero a menudo la separación entre posiciones y convicciones religiosas y, por otra parte, la comunicación de masas, se dificulta debido a una apreciación parcial de la libertad de expresión. En ocasiones se considera que si todos tenemos derecho a expresar nuestras posiciones, y si el ámbito por excelencia para ejercer la libertad de expresión en las sociedades contemporáneas es el que constituyen los medios de comunicación, entonces podría estimarse que las iglesias deben tener acceso a los medios.

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Laicismo y democracia; discurso público, academia, medios, tolerancia

Tanto en el plano nacional como internacional, es notorio un ascenso de la intolerancia que responde con la condena o la descalificación de quienes no se ajustan a sus convicciones o dictados. Las diferencias de género, raza, nacionalidad, pensamiento, cultura, origen y status social, inflaman las banderas de esa tendencia excluyente y cada vez más acentuada. A esto se agrega, en el caso de México, un sector que favorece el regreso de principios o modelos religiosos en nuestra vida pública y compromete así la condición irrenunciable del laicismo. Ese punto crucial es el tema de estas páginas.

El sutil encanto de la burguesía

La historiadora y filósofa estadunidense Deirdre McCloskey visitó en fechas recientes la Ciudad de México y convocó a un grupo de lectores atentos a su obra, Las virtudes burguesas —todavía inconclusa—.

Jim Goad, el profeta de la basura blanca

En contraste con el entusiasmo por el estilo de vida estadunidense que refleja el ensayo anterior, en estas páginas asoma el lado oscuro del “sueño americano”, la realidad de su exclusión salvaje, incluso, como en este caso particular, contra la población nativa de raza blanca —la llamada “basura blanca”—, segregada a su vez por el origen, la pobreza o la miseria. Rencor, resentimiento y odio conforman y cohesionan su identidad, entre millones de condenados por un “sueño” que no los incluye ni les pertenece.

Planeta Brautigan

De todas las imágenes que me ha obsequiado la literatura, existe una que persiste en mi cabeza.
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