El Cultural No. 146

Por Alberto Ruy Sánchez Recuerdo un día que estábamos en un café de Saint Germain y entró Julio Cortázar. Sergio se puso nerviosísimo. Cuando le pregunté qué le pasaba me dijo que lo admiraba tanto que no podía controlarse. Cortázar nos vio y se acercó a saludarlo con una enorme familiaridad. “Hola, Sergio, ¿cómo estás?”. Él nos lo presentó y nos dio la enorme mano mitológica, que, sabíamos, mientras estrechaba la nuestra no dejaba de crecer. Nada más. Pero Sergio sudaba. Por Margo Glantz Ver al pasado significa revisar esos maravillosos tiempos en que Sergio y yo paseábamos por el mundo, por el centro de Praga en las noches, a las que nos trasladábamos en metro, o cuando visitábamos el cementerio de lápidas encaramadas unas sobre otras y el reloj que Borges describiera en su poema El Golem, o las cervecerías que visitaba e hizo famosas Bohumil Hrabal (el gran escritor checo que leí gracias a Sergio).

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Una vieja postal por Sergio

La sentida desaparición del escritor mexicano Sergio Pitol, el 12 de abril pasado, convocó de nueva cuenta el reconocimiento internacional a un trayecto literario que avanzó a través de años y títulos hasta alcanzar su plenitud, señalada por la erudición, la ironía, el sentido del humor y la gracia. En estas páginas, dos colegas, Margo Glantz y Alberto Ruy Sánchez —autores distinguidos, a su vez, de las letras contemporáneas— nos comparten su testimonio privilegiado del amigo —en persona y en obra—, con la calidez del afecto y la sonrisa.

La novela resplandece

Hace cerca de dos años fui a Jalapa con Mario Bellatin a visitar a Sergio Pitol. Fue la última vez que lo vimos. Escribo este texto mientras oigo un magnífico Magnificat de Vivaldi, cantado por una extraordinaria soprano y lo dedico con gran emoción y tristeza a mi queridísimo amigo.

El ritual de lo carnavalesco

Luego de concluir el Tríptico del Carnaval, cumbre de su vertiente novelística, Sergio Pitol abunda con generosidad sobre la trama, la estructura, los recursos, las rutas, lecturas y experiencias que alimentan esa formidable serie donde el equívoco, el desfiguro, el absurdo y la parodia consuman su hilarante vida conyugal. Una entrevista y revisión de viva voz de su trabajo narrativo que incluye la etapa inicial como cuentista y culmina en ese momento emblemático de su obra.

Universo carcelario y rostros del exilio

Este prólogo a la novela de Bruno H, Piché, La mala costumbre de la esperanza, es uno de los últimos textos que escribió Sergio González Rodríguez: lo entregó sólo dos días antes de su inesperado y sensible fallecimiento, el 3 de abril de 2017. Demuestra sin duda el gran momento en que se encontraba, su filo como lector y su agudeza para situar las claves, los recursos, la “estrategia narrativa” de esta novela y su “combinatoria que abre dimensiones críticas”.

La mala costumbre de la esperanza

El día veintiuno de mayo de 1972, Edward Guerrero se declaró culpable de tres delitos de violación sexual. Los cargos originales que se le imputaban ante la Corte de Circuito del Condado de Saginaw, estado de Michigan, incluían asimismo la comisión de otros crímenes: tres cargos por robo a mano armada y tres cargos más por secuestro en incidentes ocurridos el 20, el 21 y el 30 de octubre de 1971.

“Ecos de esa luz sin máscaras”

El autor del libro de ensayos Menos constante que el viento trabaja desde hace años en el poemario Resistencia superficial, del cual presentamos una muestra.

Días de guardar y luego olvidar

La nota negra

Carta abierta a Fernando Vallejo

El corrido del eterno retorno

Fábula del muro

El sino del escorpión
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