#8M2020 ellas en clave colectiva

#8M2020 ellas en clave colectiva
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Nayeli vino con su tía pese a las burlas de su entorno. Frida lo hizo con su novia, no le importaron los mensajes que circularon en redes sociales sobre posibles ataques con ácido. Brenda llegó sola pero ya no lo está, porque somos miles. Las palabras tampoco salen solas. Una a una describen con temblor en la mano lo que el recuerdo todavía tramita en la piel. La fuerza de esos cuerpos feminizados reunidos en la calle no cesa y seguro continuará por unos días. El Día Internacional de la Mujer marcó un antes y un después en la Ciudad de México.

Se trató de una movilización que no se veía, según muchos, desde las manifestaciones del movimiento estudiantil del 68: la irrupción de más de 200 mil mujeres —de acuerdo con algunos cálculos— desbordó las representaciones establecidas sobre lo que somos las mujeres y habilitó otras al grito desesperado de ¡Paren de matarnos! Pusimos el cuerpo contra la violencia machista en todas sus formas. Estuvo lejos de tratarse de una denuncia despersonalizada o una violencia exculpatoria y cargada de eufemismos, donde todos y nadie tienen la responsabilidad. El mensaje retumbó fuerte y claro: basta de violencia contra mujeres por el solo hecho de serlo.

[caption id="attachment_1121557" align="alignnone" width="696"] Foto: Mailen Fox[/caption]

LA PAZ DE TODAS

Aún rebotan por el Zócalo los miles de mensajes vertidos en pancartas, algunas más improvisadas que otras: Tranquila, mamá, hoy ya no camino sola; No quiero ser valiente, quiero ser libre; México lindo y querido y feminicida; Nos sembraron miedo y nos salieron alas. Hacen eco las imágenes de paliacates morados, diademas rojas, pañuelos verdes y pasamontañas negros. Las diferentes narrativas políticas coincidieron cuando el hartazgo  se apoderó del espacio. La potencia política de este movimiento que ha sabido articular sus matices y trastocar lo establecido generó una urdimbre cuyos alcances son difíciles de prever.

Rosa María tiene sesenta años, es una de las tantas trabajadoras que hace limpieza en casas. Vino con sus hijas y mientras una de ellas la mira, Rosa María asegura: “Vinimos a apoyar a todas las mujeres. Yo tengo hijas, nietas, en mi familia hay muchas mujeres. Pero pienso también en la paz de todas, fue entre todas que tomamos la decisión de venir hasta aquí”.

"Familiares de víctimas de feminicidios y desapariciones forzadas dejaron el silencio. Aunque no fue la primera vez, alcanzaron una amplificación inédita e interpelaron a la sociedad en su conjunto".

TÁCTICA Y ESTRATEGIA

Apuntar que el significado del #8M se dirime en un terreno de disputa no es novedad. Éste podría reducirse, según miradas obtusas, a los anuncios de cadenas de tiendas que celebraron con descuentos en artículos de cocina, pero en realidad este 8 de marzo estuvo muy presente el diálogo con los antecedentes. Varias recordamos a las luchadoras que a principios del siglo pasado pelearon por el derecho al sufragio. La puesta en escena resignificó la voz de las militantes políticas que impusieron la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora: fue un reclamo de justicia por las 129 obreras de Nueva York que el 8 de marzo de 1908 fueron quemadas vivas en un incendio tras una huelga y ocupación de una fábrica textil.

Ingrid y Araceli tienen 17 años, vinieron a la marcha con sus compañeras de la prepa, se enteraron por colectivas feministas. La convocatoria fue bien planificada, nada azarosa, durante semanas se prepararon para el #8M.

Comentan a su paso:

Esto es un movimiento de conciencia, es momento de actuar contra los feminicidios y la impunidad. Todas deberíamos poder salir sin miedo, tener confianza en las calles, y mucho más las generaciones próximas —aseguran conforme observan la marea que no cesa.

La protesta se dio en muchos frentes: previamente se lanzaron campañas a través de algunos medios de comunicación y sobre todo en las redes sociales. Sin embargo, el lugar privilegiado fue la calle. Familiares de víctimas de feminicidios y desapariciones forzadas dejaron el silencio. Aunque no fue la primera vez, alcanzaron una amplificación inédita e interpelaron a la sociedad en su conjunto.

[caption id="attachment_1121556" align="alignnone" width="908"] Foto: Mailen Fox[/caption]

REACCIONES

Algunos se rasgan las vestiduras aun cuando dicen tener sensibilidad hacia la justicia social. Los feminismos reclaman para sí que se complete la ciudadanía a medias que poseen las mujeres y exigen el reconocimiento de las diferencias. Allí radica buena parte de su potencia: conviven feminismos estudiantiles, lésbicos, comunitarios, separatistas, reivindicativos de nuevas maternidades, transfeministas. Pensar que existe la mujer supone también borrar las diferencias y dejar de lado una falsa esencia, en general vinculada a la genitalidad. Es mejor pensar en clave colectiva, porque en realidad nos une mucho más que el espanto: estamos juntas en la voluntad de resignificarlo todo.

El feminicidio es el último eslabón de una cadena de violencias que sufrimos todos los días. A propósito de los feminicidios de Ciudad Juárez, cuyas imágenes recorrieron el mundo hace décadas, la antropóloga Mariana Berlanga plantea que se trata de un término fronterizo:

Son mujeres que viven al límite del estereotipo propuesto por la sociedad, mujeres atravesadas por una vulneración sistémica de derechos que, a su modo, sortean los mandatos del género y son asesinadas con objetivos disciplinadores.

La primera vez que leí la palabra feminicidio fue en referencia, precisamente, a las víctimas de Ciudad Juárez. Recuerdo una entrevista de la periodista argentina Mariana Carabajal a la antropóloga y exdiputada Marcela Lagarde. La también investigadora mexicana insistía en que la violencia padecida por las mujeres del norte de Chihuahua no era mayor a la que ocurría en otras partes del país. Sin embargo, la razón por la cual la denuncia contra esos crímenes en particular había recorrido el mundo era justamente la magnitud y la organización del reclamo por parte de sus familiares, el movimiento de mujeres y los organismos de derechos humanos.

Como argentina, eso vine a buscar a México y eso me llevo: memoria y futuro de organización feminista. Queda mucha historia por escribir.

[caption id="attachment_1121555" align="alignnone" width="696"] Foto: Mailen Fox[/caption]