Miércoles 30.09.2020 - 14:37

Bob Dylan nos hará libres

Bob Dylan nos hará libres
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Desde sus orígenes Bob Dylan ha sido una figura incómoda. Y ahora, a sus 75 años ha vuelto a incordiar al mundo al llevarse el Premio Nobel de Literatura por más de medio cuerpo. De inmediato la intelligentsia ha salido a repudiar la decisión de la Academia. Secundados por un sinnúmero de intelectuales de pacotilla. Erigidos como policías de la alta cultura. Qué ridículos esos escritorcillos de medio pelo.

Y como si no fuera suficiente tanto ardor, ahora Bob le ha echado más sal a la herida al, perdón, ser Dylan. Y mantenerse inaccesible para la Academia. No han podido ponerse en contacto con él. Hace un par de días dio un concierto y no mencionó nada al respecto. La prensa interpretó el gesto de que tocara la guitarra en vivo por primera vez en cuatro años como una celebración.

Pero también cabe la posibilidad de que se aburriera del teclado sobre el escenario. Así como Dylan desunió al folk del rock, ahora ha separado a la música de la literatura. Y a la literatura, oh pecado, del mercado. Con el premio a un músico se le ha escapado al aparato editorial posicionar a una figura y reportar unas jugosas ventas mundiales.

Todo apunta a que no recogerá el premio. Hagan sus apuestas. Con su silencio Dylan está diciendo que ha llegado el momento de dejar de creer en esa rancia institución. Que le negó el premio a Borges. A Ginsberg. El blues no necesita la aprobación de las aulas. El Nobel es el billete de oro de los chocolates Willy Wonka. Que se lo otorguen a Murakami. Por cierto, su obra más famosa, Norgewian Wood, está basada en una canción de los Beatles. Aceptémoslo de una vez por todas. La literatura es un arte inferior a la música. Pero no seamos obtusos, el premio es a la palabra, a la poesía. Y no hagamos ridículas comparaciones. Dylan ha impactado a más generaciones que cualquier poeta en los últimos cuarenta años.

Si Woody Allen deja plantado a los premios Oscar lo más seguro es que Dylan no se asome a los Nobel. O mande a un luchador enmascarado en su representación. O quizá sí lo haga. Así como filmó comerciales para Victoria’s Secret o Cadillac. No pocos pusieron el grito en el cielo, Dylan como instrumento de la publicidad. El mensaje es el siguiente: “No te tomes en serio a ti mismo”. Y al no responder al llamado de la Academia Dylan lo único que está haciendo es mantenerse fiel a sí mismo. Y no tomarse en serio una vez más. El prestigio del Nobel es una mortaja. Que Dylan no necesita. Si la Academia durante su historia ha cometido tantas injusticias por qué nos importa tanto. Qué tiene de respetable haberle negado en el pasado el premio a quienes más lo merecían.

Métanse el premio por el culo, está diciendo el Dylan más punk. No necesito de nadie. Aunque la Academia diga con su acción que el mundo necesita de Dylan. Y aquellos que han renegado de Bob porque es rico ignoran todo. El viaje en tren de mercancías que hizo Dylan para visitar en el hospital a Woody Guthrie. Y los que lo acusan de no ser poeta ignoran que es el hijo legítimo Walt Withman. Y los que embrutecidos afirman que el galardón es para mostrar otra cara de Estados Unidos que no sea la de Trump o Hillary dicen una monstruosidad. Por supuesto que los gringos no son sólo eso. Es tan estúpido como afirmar que México sólo es Peña Nieto.

Acaso los detractores no saben que existen canciones como “Masters of Wars” y “The Lonesome Death of Hattie Carrol”, etc. Por qué quieren trivializar a Dylan. Quien cumplió 75 años de edad en mayo pasado, pero de quien no comentaron absolutamente nada. Ahora todos tienen la autoridad para desacreditarlo. Aquellos que abogan porque debió crearse una nueva categoría de Nobel para Dylan son tan obtusos. ¿Acaso el alma del músico es inferior a la del novelista? Que el premio le sobra a Dylan, que no le hace falta. Pero por supuesto. Tampoco ha dicho que no lo quiera. Está más allá de eso. Creo que es por demás claro que el mundo de los hombres ya no toca a Dylan. Las decisiones de los hombres no le incumben. Ya le cantó a las injusticias del rabioso capitalismo. Y si no lo hace ahora es porque nada ganaría con repetirse. Dejar de ser Dylan. Un hombre que vino a propagar la poesía.

Que no recoja el premio en diciembre nos hará libres. A la mierda el Nobel. Los intelectuales no podrán volcarse sobre el libro de la temporada. Dylan sepultará el snobismo literario. Ardan de coraje escritorzuelos. El artista, el verdadero artista, como Dylan, no necesita de una estrellita en la frente.